Una 'Tosca' formidable inaugura la temporada

Milán

16 / 12 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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Anna Netrebko fue la gran estrella de la noche © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
Un momento del 'Te Deum' de esta espectacular 'Tosca' de Davide Livermore © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
El Scarpia de Luca Salsi (derecha) no acabó de convencer © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO

Teatro alla Scala

Puccini: TOSCA

Inauguración de la temporada

Anna Netrebko, Francesco Meli, Luca Salsi, Carlo Cigni, Carlo Bosi. Dirección: Riccardo Chailly. Dirección de escena: Davide Livermore. 13 de diciembre de 2019.

La Tosca con la que se inauguró la temporada en La Scala parecía seguir los pasos de un anuncio de televisores que pregonaban los efectos especiales de su producto en los años 80 del pasado siglo. Todo el posible artificio que puede proporcionar el renovado escenario milanés en los aspectos técnico y vídeo-digital ha sido puesto a dura prueba para la realización de este “Kolossal immersivo” como lo califica la coordinadora del grupo Giò Forma, Cristina Picco, que durante meses ha preparado un espectáculo para seducir a los espectadores, en una operación culminada por el éxito y con dirección de escena de Davide Livermore.

A un frenético primer acto con movimiento escenográfico continuo y escenario giratorio, con carritos con velas empujados por monjas y un Te Deum en el que se contaban un mínimo de tres papas –cuando el único verdaderamente histórico de la época se hallaba refugiado en Creta– y unos improbables guardias suizos, seguía un segundo acto dividido en varios niveles, invadidos todos ellos por las serviciales monjitas, con cámara de tortura y torturadores a la vista presididos por un Barón Scarpia que viste el orbace fascista –aquí en Italia los malos han de ser forzosamente “camisas negras”–, y un tercero con un Castel Sant’ Angelo muy concurrido y una caída de Tosca al ralentí –muchos lo interpretaron como una ascensión a los cielos– a cargo, obviamente, de una figurante mientras la titular se escondía detrás de la escultura del halcón que había aportado Achille Picco, padre de la citada Cristina.

Se pasó así del minimalismo y el ya habitual cambio de época a un gigantismo hipertrófico y paquidérmico en el cual se tendía más a acumular los objetos –no siempre de época– que a la actuación de los personajes. Como originalidad puede entenderse una llegada de Tosca sin flores –las tomará de otro altar para ofrecérselas a la Virgen– y cuyos movimientos parecieron dejados a su libre arbitrio. muy poco atractivos los trajes diseñados por Gianluca Falaschi, ya feos de por sí y más todavía por la combinación de colores, a los que se unieron las proyecciones animadas de F-Work, una especie de cuadros vivos inspirados en Carracci pero que acababan recordando los del colegio de Harry Potter.

Una eficaz propuesta musical

"El énfasis y la opulencia del sonido fueron compensados por los amplios oasis líricos, algunos de ellos especialmente extenuantes para los cantantes, pero siempre de efecto seguro"

Musicalmente la tan esperada y discutida primera versión dela ópera de Puccini, que era la que se anunciaba, reservó pocas sorpresas que para el espectador distraído (por la escena, entre otras cosas) pasaron inobservadas. Riccardo Chailly dirigió con extrema eficacia a las espléndidas masas estables de La Scala, la orquesta y el coro preparado por Bruno Casoni, comprendido el coro infantil. El énfasis y la opulencia del sonido fueron compensados por los amplios oasis líricos, algunos de ellos especialmente extenuantes para los cantantes, pero siempre de efecto seguro.

Como subrayaba Raina Kabaivanska, entrevistada el día del estreno en el foyer, “Anna Netrebko es una diva, y como a tal se la adora o se la odia”. En todo caso, su presencia en escena siempre resulta catalizadora. Su interpretación, que despertó el entusiasmo de la sala después de un emocionante Vissi d’arte”, no daba la impresión de estar definitivamente resuelta, aun siendo ella en todo momento, “una diva que se comporta como una diva” por decirlo con las palabras de la Kabaivanska. Luca Salsi canta muy bien, pero no llegó a dar la impresión del terrorífico Scarpia cuyo solo nombre debería hacer temblar. La relativa sorpresa vino de Franesco Meli, un Cavaradossi demasiado lírico al principio, pero más que suficiente en los puntos neurálgicos de “La vita mi costasse” o “Vittoria!” ya en el segundo acto, bien resueltos y con agudos bien sostenidos. Donde explotó, literalmente, fue en el tercero, con un “E lucevan le stelle” emocionante y cantado con gran arrebato, y fingiendo luego creer a Tosca aun sabiendo que las armas no estarán descargadas, única idea válida –aunque no inédita– de toda la producción. Muy bien en el fraseo y en el dar color no solo a la Maddalena (de Guido Reni, por cierto) sino a todo el contenido musical. Hizo bien Chailly haciendo parar a la orquesta para que se produjera el fervoroso aplauso a scena aperta.

Convincentes los papeles de compromiso menor, como el Angelotti de Carlo Cigni, el Sacristán de Alfonso Antoniozzi, el serpenteante Spoletta de Carlo Bosi (acosado por sus propios sicarios), el Sciarrone de Giulio Mastrototaro y el veterano y siempre fiable Ernesto Panariello, con el Pastorcillo de la voz infantil de Gianluigi Sartori. Teatro, como siempre, concurridísimo.