Una segunda 'Aida' más relajada y de nivel

Barcelona

15 / 01 / 2020 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
Aida Liceu Escena de la marcha triunfal de 'Aida' © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL
Aida Liceu La producción contó con la escenografía de Mestres Cabanes © Gran Teatre del Liceu / A. BOFILL

Gran Teatre del Liceu

Verdi: AIDA

Reparto alternativo

Jennifer Rowley, Judit Kutasi, Luciano Ganci, Àngel Òdena, Marko Mimica. Dirección: Gustavo Gimeno. Dirección de escena: Thomas Guthrie. 14 de enero de 2020.

Para no dejar en mal lugar a quienes sostienen que a veces los segundos repartos en el Liceu nada tienen que envidiar a los de la función del estreno, esta Aida, aun con un elenco de voces menos conocidas, ofreció un nivel dignísimo y con algunas peculiaridades que le hacían superar en algunos puntos lo ofrecido el día anterior. Por de pronto, donde Gustavo Gimeno solo había apuntado hasta entonces algunos destellos personales –unas salieron, otros no– una representación más relajada como esta aseguró el pulso a su batuta y, por ejemplo, le permitió resolver un tercer acto, fundamental siempre en esta ópera, con una mejor grinta dramática y una mejor intercomunicación de los solistas entre sí y con la plataforma orquestal que en la representación inaugural.

"Jennifer Rowley aportó, además de una gallardía física envidiable y de un sentido de la declamación dramática muy relevante, una voz que, aun sin poder equipararse a la belleza en el esmalte de la de su predecesora, sí mostraba firmeza, seguridad en todos los registros y uniformidad en la emisión"

Jennifer Rowley, que debutaba sustituyendo a una previamente anunciada Anna Pirozzi cuya defección nunca fue satisfactoriamente explicada, aportó, además de una gallardía física envidiable y de un sentido de la declamación dramática muy relevante, una voz que, aun sin poder equipararse a la belleza en el esmalte de la de su predecesora, sí mostraba firmeza, seguridad en todos los registros y uniformidad en la emisión. El tenor Luciano Ganci pareció reservarse un tanto en sus primeras intervenciones, aun mostrando siempre un registro agudo sano y potente, para descollar en el acto del Nilo, en el cual aun llegando un tanto fatigado al final se lució en un dúo con Aida de muchos quilates. En el acto final, aleccionado por lo ocurrido en el anterior, cantó con precaución pero sin que ello influyera en la delicadeza del fraseo, siempre notable. Judit Kutasi, una auténtica “voz de Amneris” utilizó el primer acto para encontrar su voz, pero a partir del dúo del segundo con la soprano estuvo exuberante y sonora para firmar un acto del juicio que inflamó a un público hasta entonces un tanto remiso en el aplauso.

No podía hallar esta función un mejor Amonasro que Àngel Òdena, nada descomedido en esta ocasión en el canto estentóreo, musical siempre y eficacísimo en el efecto dramático. Su dúo con Aida en el tercer acto marcó el que posiblemente fuese el momento cumbre de la representación. Marko Mimica hizo esfuerzos visibles para dotar de autoridad a su Ramfis pero quedó corto en comparación con quien le había precedido en el papel.