CRÍTICAS
NACIONAL
Una fantástica e inefable 'Turandot' en el Principal
Palma
Teatre Principal
Puccini: TURANDOT
Nueva producción. Inauguración de la temporada
Catherine Foster, Alejandro Roy, Marta Bauzà, Byung Gil Kim, Tomeu Bibiloni, Joan Laínez, José Manuel Sánchez. Orquestra Simfònica de les Illes Balears. Dirección musical: Giuseppe Finzi. Dirección de escena: Alessandra Premoli. 21 de octubre de 2024.
Es difícil explicar con palabras la dimensión artística de una ópera como Turandot. No es una obra cómoda para sus intérpretes ni fácil de montar, pero sí fascinante por muchos motivos. Esta producción del Teatre Principal de Palma (ver previa en este enlace) contaba, de entrada, con un plus estimulante: la directora de escena, Alessandra Premoli, había localizado en Turín la caja de música con melodías chinas que habría inspirado directamente a Puccini para componer la partitura de su Turandot. Lo cierto es que la oscilación entre secciones tonales y secciones pentatónicas producto de esta inspiración está muy bien resuelta por el músico italiano, añadiendo un factor exótico en la percepción de la obra.
La dulce Liù con la que se contó se ganó al público ya en el primer acto, y su posterior tortura y muerte mostraron la capacidad lírica y expresiva de la soprano Marta Bauzà, que demostró conocer muy bien su voz. Y tremendas las cualidades vocales de los dos protagonistas: Alejandro Roy cantó un Calaf implacable, valiente y seguro, con un «Nessun dorma» con la leve sombra (siempre en el recuerdo) del gran Pavarotti, mientras que la labor de Catherine Foster merece un aparte: su fuerza y control hicieron brillar a su malvada Turandot en un electrizante segundo acto; las posibilidades interpretativas de la soprano británica, en todo caso, se manifestaron en un tono todavía más expresivo en el tercero, dibujando con credibilidad a esta princesa que siente amor por primera vez. Foster imprimió un carácter casi wagneriano a esta princesa china, y cabe preguntarse, ¿no pensó Puccini para esta protagonista, quizás, en un personaje imbuido de la espectacular teatralidad de Wagner?
Tomeu Bibiloni (Ping), Joan Laínez (Pang) y José Manuel Sánchez (Pong) mostraron una complicidad musical que derivó en una excelente interpretación, especialmente en el inicio del segundo acto; no en vano los tres cantantes han trabajado juntos en diversos títulos, hecho que les ha permitido conocerse bien y disfrutar de ello, un barítono y dos tenores poseedores de voces de diferente color que empastan muy bien en este debut conjunto en el trío fundamental de los Ministros que sostiene buena parte del entramado musical de la obra ajeno a las intervenciones de los protagonistas. El bajo-barítono Byung Gil Kim, elegante y expresivo, conquistó también al público con su visión de Timur, mientras que la intervención de Jorge Tello, de dicción clara y atenta, demostró equilibrio; en la aparición del Emperador, a cargo de Albert Casals, quizás se necesitó de una mayor proyección vocal en las notas más graves, pero ciertamente la brevedad del papel no admite el lucimiento de todas las posibilidades vocales del cantante.
El Coro del Teatre Principal demostró su capacidad de trabajo, equilibrando las dinámicas a lo largo de toda la obra, destacando especialmente su expresividad en los fragmentos cantados por cuerdas concretas; y cabe subrayar la entrada del conjunto de voces blancas, de un timbre natural precioso, arropado por una Simfònica de Balears excelentemente dirigida por un enérgico y atento Giuseppe Finzi.
Esta producción de Turandot es el fruto de un trabajo extremadamente cuidado y pensado hasta los mínimos detalles, desde la bella escenografía con gongs colgantes hasta el momento en el que una cascada de octavillas con la última página autógrafa del maestro cayó volando sobre el público del Principal, sustituyendo físicamente la conocida frase que interrumpió el estreno absoluto de la obra en La Scala cuando Toscanini anunció «Qui finisce l’opera, perché a questo punto il maestro è morto». Por eso el coro apareció en la escena final con ropas actuales, subrayando el mensaje que deja esta excelente producción: si la música es grande, maestro, se puede cantar vestido como se quiera. La música es, sencillamente, lo único que perdurará. * Bàrbara DURAN, corresponsal en Palma de ÓPERA ACTUAL
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