El nuevo ciclo de verano del Arriaga

Bilbao

10 / 07 / 2020 - José Miguel BALZOLA - Tiempo de lectura: 3 min

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Una imagen del singular montaje de Calixto Bieito de las canciones de Vivaldi © Teatro Arriaga / E. MORENO ESQUIBEL
Vanessa Goikoetxea y Mikeldi Atxalandabaso ofrecieron una selección de Romanzas © Teatro Arriaga / E. MORENO ESQUIBEL
Alicia Amo brilló interpretando 'Lieder' © Teatro Arriaga / E. MORENO ESQUIBEL

Teatro Arriaga

Conciertos de verano

Obras de Usandizaga, Guridi, Sorozábal y otros. Vanessa Goikoechea, soprano, y Mikeldi Atxalandabaso, tenor. Rubén Fernández Aguirre, piano. Obras de Beethoven, Schubert, Mendelssohn, Rodrigo, Halffter, garcía Morante, Ravel y otros. Alicia Amo, soprano. Rubén Fernández Aguirre, piano. Obras de Vivaldi. Jone Martínez, soprano, y Maite Maruri, mezzosoprano. Passamezzo Antico. Dirección de escena: Calixto Bieito. 23 de junio, 1 y 8 de julio.

Con valentía, a pesar de las limitaciones de aforo y las dificultades de reunión para artistas y público, pero con ejemplares ganas de relanzar música desde su escenario, el Teatro Arriaga está ofreciendo una tanda de recitales y conciertos líricos bien pensada y estructurada, con una programación de gran clase y ajustada a una fácil escucha contando con las voces y el arte instrumental más escogido de la oferta musical del país. El ciclo lo empezó el pianista Joaquin Achúcarro, al que siguieron dos cuartetos y otros solistas, danza y conjuntos vocales populares.

En el grupo lírico se escuchó en primer lugar una velada con romanzas y dúos de zarzuelas de compositores vascos (23 de junio) en las voces de Vanessa Goikoetxea y Mikeldi Atxalandabaso; música de todos conocida, muy unida a la cultura, memoria y sensibilidad musical locales, pero que desnudada de su soporte orquestal y acompañamiento teatral se prestaba poco al que podría haber sido un extraordinario lucimiento de estos dos excelentes cantantes. Atxalandabaso, proyectando siempre bien una voz fácil y bien timbrada, supo apaciguar su general tendencia a cantar en forma franca y directa y mostró empeño en sacar expresión en las romanzas de El Caserío y de Mirentxu, de Guridi. Pero logró realmente esa expresión –quizá porque la romanza tiene otra calidad– en el “Alaré” de Usandizaga, deliciosamente dicho, que ofreció como bis.

En un programa con las limitaciones comentadas, era inevitable no poder disfrutar de la soberana voz, innata musicalidad y fino estilo de Vanessa Goikoetxea. Con la voz aún fría, estuvo justa en la romanza de Lina de Las Golondrinas, pero fue a mejor en el curso del concierto, hasta llegar a una preciosa interpretación de la romanza de La del manojo de rosas; y quizá, otra vez, lo mejor en la pieza de Mirentxu, también ofrecida como bis y bellísimamente cantada. A falta de orquesta, hubo un impecable apoyo pianístico de Rubén Fernández Aguirre.

"Alicia Amo luce una voz ligera y dulce que muestra también potencia y brío, y que no acusa cambios de color; técnica sin resquicios, línea musical envidiable y vocalización segura"

También se contó con Rubén Fernández Aguirre en el segundo de los recitales líricos, el 1 de julio, a cargo de la soprano Alicia Amo; pero esto fue otro cantar, con una primera parte de Lieder especialmente bien elegidos de Beethoven, Schubert y Mendelssohn. La joven soprano aportó todo lo bueno que se espera de una artista en un recital del género: una voz ligera y dulce que muestra también potencia y brío, que no acusa cambios de color; técnica sin resquicios, línea musical envidiable, vocalización segura e intuición para graduar tanto sus dinámicas como los cambios en la expresión –de la sencillez, la alegría, o la emoción al drama– como demostró ejemplarmente en la schubertiana «Margarita en la rueca», en este caso mostrando la creciente urgencia del anhelo de la joven. La segunda parte fue un mundo distinto; una original colección de canciones sefardíes, recuperadas y/o armonizadas por Aita Donostia, Ernesto Halffter, Joaquín Rodrigo y Manuel García Morante, que fueron rematadas por Kaddish, la preciosa oración de alabanza hebraica a la que Ravel puso un magistral fondo musical. Fernández Aguirre volvió a mostrarse sabio duetista, que no acompañante, dando en cada canción el toque justo que hace que el Lied, cuando ha salido de la mano de un Schubert o un Mendelssohn, sea una cosa distinta de una mera canción, se convierta en una obra nueva y diferente: un poema para piano y voz.

Antes de que Andeka Gorrotxategi cierre próximamente el ciclo vocal de este mes de julio, Calixto Bieito puso en escena el día 8 una singular sesión con música vocal de Vivaldi arropándola en un juego teatralizado que hizo destacar el espíritu cambiante, de pío a jocoso, de amoroso a trágico, que el veneciano esparcía en sus obras. Bajo su dirección escénica y contando con el apoyo musical del excelente grupo barroco Passamezzo Antico, la soprano Jone Martínez y la mezzosoprano Maite Maruri ofrecieron un buen muestrario de arias y dúos del cura Rojo. Ambas solistas, además, se mostraron estar en un momento ideal de sus carreras en unas interpretaciones llenas de elegancia y finura tanto en sus solos como en los dúos, momentos en los que compartieron con especial conjunción.