Una Medea humanizada, Charpentier en el Teatro Real

Madrid

07 / 06 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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charpentier madrid La versión semi-escenificada de la 'Medea' de Charpentier © Teatro Real / Javier DEL REAL
charpentier madrid La versión semi-escenificada de la 'Medea' de Charpentier © Teatro Real / Javier DEL REAL
charpentier madrid La 'Medea' de Charpentier, con William Christie a la batuta © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Charpentier: MÉDÉE

Versión semi-escenificada

Véronique Gens, Reinoud van Mechelen, Cyril Costanzo, Ana Vieira Leite, Marc Mauillon, Emmanuelle de Negri, Élodie Fonnard, Lisandro Abadie, Lucía Martín-Cartón, Mariasole Mainini. Coro y Orquesta de Les Arts Florissants. Dirección musical: William Christie. Dirección de escena: Marie Lambert-Le Bihan. 6 de junio de 2024.

Después de la de Cherubini, regresó Medea al escenario del Teatro Real (ver previa en este enlace), esta vez tal como la imaginó, un siglo después, el gran Marc-Antoine Charpentier (1643-1704). A pesar del monopolio que detentaba Lully en la corte del Rey Sol, Charpentier se las arregló para componer y estrenar música escénica, de la que esta Médée es la cumbre, siendo también una de las obras maestras de la música francesa. El libreto, firmado por Thomas Corneille, hermano menor del genial Pierre (autor de otra Medea con la que esta inevitablemente competía), se centra en la evolución psicológica y moral de la protagonista. Así es como, en esta versión, Medea asiste a las humillaciones y a la degradación a la que le someten su amante Jasón y Creúsa, su nueva prometida, y también Creonte, rey de Corinto y padre de Creúsa. La tensión estalla en un quinto acto violentísimo, que rompe estrepitosamente con el clasicismo de la tragédie lyrique más o menos respetado hasta ahí, con sublimes monólogos, las no menos sublimes escenas dialogadas y los preciosos interludios de baile. Musicalmente, también es una obra excepcional.

"La soprano Véronique Gens, con su voz elegante, oscura, de graves fáciles e impecable fraseo, dio vida a una Medea humana y atormentada"

Con la flexibilidad y la naturalidad francesa de fondo, Charpentier elaboró una partitura compleja en cuanto a la armonía, dramática y en bastantes momentos evocadora de un cierto perfume italianizante. William Christie, el mejor conocedor de la obra —que grabó dos veces, en 1984 y en 1994— mostró su autoridad y su sabiduría con un despliegue fabuloso de dinámicas y contrastes, acentuando las disonancias cuando era necesario y, llegado el momento, con la evocación lírica de un mundo menos trágico. El conjunto Les Arts Florissants —Coro y Orquesta— demostró una vez más por qué sigue siendo uno de los grandes representantes de la música antigua y barroca, en particular francesa: todo respira elegancia, sutileza, pero también tensión dramática. La soprano Véronique Gens, con su voz elegante, oscura, de graves fáciles e impecable fraseo, dio vida a una Medea humana y atormentada: se puede concebir una más extrovertida, pero resulta difícil imaginar una más cercana y humana que esta.

Magnífico el Jasón de Reinoud van Mechelent, otro especialista del repertorio, de registro amplio y voz rica y cálida, con la que salvó a un personaje poco presentable. Muy convincente Ana Vieira Leite, con un instrumento cristalino pero potente, que logró dotar de cierta ingenuidad a la detestable Creúsa. Cyril Costanzo exhibió un instrumento potente y profundo, ideal para una interpretación mayestática e idealizada de Creonte y algo menos para un retrato burlón, como el que plantó, del acobardado monarca.

Fabuloso, por su parte, Marc Mauillon en su encarnación, cortesana y trágica a la vez, del príncipe Oronte, el doble en tono menor de Medea. Estupenda la Nérine de Emmanuelle de Negri, muy bien Lucía Martín-Catón en su encantador papel del Amor y preciosa la exhibición italianizante de Mariasole Mainini en la escena cantada en italiano.

La versión semiescenificada, a cargo de Marie Lambert-Le Bihan, evitó uniformes, calzoncillos, aberraciones y lecciones de filosofía política barata. Sobria y elegante, jugando muy bien con la luz, los movimientos escénicos y los equilibrios de conjuntos y solistas, dejaba el protagonismo al foso y supo evocar y a la vez sustituir con eficacia a los ballets, tan importantes en la ópera francesa. Se omitió el Prólogo, por desgracia. Grandes aplausos para el estreno de una obra maestra. Es incomprensible que no haga algo parecido con las de Nebra, Durón o Literes.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL