Una magnífica 'Helena' de Strauss para cerrar la temporada

Milán

26 / 11 / 2019 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

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Helena En el centro, un inconmensurable Andreas Schager © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
Helena Una imagen de la producción de Sven-Eric Bechtolf © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO
Helena Ricarda Merbeth fue Elena con una gran voz © Teatro alla Scala / Marco BRESCIA & Rudy AMISANO

Teatro alla Scala

Strauss: DIE ÄEGYPTISCHE HELENA

Eva Mei, Andreas Schager, Ricarda Merbeth, Thomas Hampson, Attilio Glaser, Claudia Huckle. Dirección: Franz Welser-Möst. Dirección de escena: Sven-Eric Bechtolf. 23 de noviembre de 2019.

Llegó a La Scala Die Ägyptische Helena (Elena Egipcia, que no Egipcíaca como se decía antes) ópera de Richard Strauss con libreto de Hugo von Hofmannsthal que tuvo su estreno en la Semperoper de Dresde el 6 de junio de 1928 y que en Italia solo había tenido una fugaz aparición en el Teatro Lirico de Cagliari en 2001. Un océano de música -¡y qué música!- para revestir a una historia inconsistente que se extiende en un tira y afloja entre el pobre Menelao, que una vez terminada la guerra de Troya se reencuentra con su infiel esposa, y una arrepentida Elena que busca recuperar el amor y la fe de su marido. Él, para aplacar a los dioses, debería matarla, pero la mujer, con la ayuda de la maga Etra, esposa de Poseidón, busca refugio en una hechizada isla egipcia habitada por elfos y, lo que ya resulta más embarazoso, por una concha parlante.

"Triunfó el tenor Andreas Schager, un Menelao que, superando la barrera orquestal, mostró unos dotes vocales de inconmensurable potencia, tanto el agudo emitido con fuerza como en el efecto 'smorzato'"

Por efecto de filtros que aportan olvido y reconducen a la razón Menelao cree haber dado muerte a su mujer pero en realidad ha tenido frente a sí a un fantasma. En el segundo acto la pareja se reencuentra en un oasis, donde las armas de seducción de la mujer más bella del mundo seducen a un tiempo al jeque Altair y a su hijo Da-ud, que muere desconsolado. Elena comprende que solo la verdad podrá poner fin al dilema en que se encuentra su marido, que no la reconoce hasta que, sobre el minuto 70 del segundo acto, y gracias a una última pócima, ella se le revela culpable pero amante. Se aplaca la furia de Menelao ante su belleza, la perdona y regresan ambos a Esparta, contentos y felices.

Hay que hacer honor a la Orquesta y Coro de La Scala –este último, situado en los palcos de proscenio– por su extraordinaria labor. La dirección de Franz Welser-Möst fue fastuosa, rica en énfasis pero sin dejar de lado ni una sola de las joyas que esmaltan la partitura, un auténtico tsunami de oleadas sonoras y un placer hedonístico que trasciende el valor teatral, prácticamente nulo, a favor de una música que es aquí la verdadera protagonista.

En el reparto, todo él de mucho nivel, triunfó el tenor Andreas Schager, un Menelao que, superando la barrera orquestal, mostró unos dotes vocales de inconmensurable potencia, tanto el agudo emitido con fuerza como en el efecto smorzato. Llegar al final de esta ópera, que exige un monstruoso empeño vocal, fresco como una rosa y dispuesto a empezarla de nuevo, es algo que llena de estupefacción. Hay que hacer votos para asegurarse sus futuras apariciones, y no solo en La Scala o en los papeles inhumanos de Wagner o de Strauss.

Muy convincente en el papel de Etra estuvo Eva Mei, soprano de carrera más que respetable y que no se arredró ante un papel lleno insidias, que afrontó con una proyección más que suficiente. Una gran voz también la de Ricarda Merbeth (Elena), muy resistente ante una parte que no perdona, aunque el timbre –no se puede tener todo- no resulta plenamente seductor. Un poco apagado pero atento en la parte del jeque Astair el barítono Thomas Hampson y muy bueno en sus breves intervenciones el tenor Attilio Glaser, al que Strauss regala un bello arioso. Correctas, musicalísimas y escénicamente deliciosas tanto las sirvientas de Etra, Tajda Jovanovich y Valeria Girardello, como los tres elfos –aquí ninfas–Noemi Muschetti, Arianna Giuffrida y Alessia Visentin, no menos acertadas que el Mejillón, es decir, la Concha, de Claudia Huckle.

De mucho relieve también el muy divertido y centrado espectáculo de Sven-Eric Behtolf que firmaba la puesta en escena cono la espléndida escenografía de Julian Crouch y el fantástico y precioso vestuario de Mark Bouman, con iluminación de Fabrice Kebour y las proyecciones en vídeo de Josh Higgason. Ambientada en la época del estreno en Dresde, la historia se presentó en un radiodrama escuchado por Etra. La concha, personificada por una bellísima locutora, es la voz que difunde la radio de galena, un gigantesco aparato que se abre para revelar la acción, que no es después de todo tan difícil de seguir habida cuenta lo farragoso del libreto. Queda claro que la guerra de Troya es la apenas terminada Primera Guerra Mundial evocada por las proyecciones vídeo, y que Menelao es un superviviente afectado por la recesión que en las potencias vencidas será un precedente del hundimiento de Wall Street en 1929.

Teatro lleno, con la presencia de muchos extranjeros y frenético el aplauso. Un magnífico golpe para cerrar la temporada 2019, a la espera de la Tosca que inaugura el nuevo curso el 7 de diciembre.