Una 'Flauta' lejos de lo habitual

Palma

19 / 10 / 2020 - Pere BUJOSA - Tiempo de lectura: 3 min

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Un magnífico Antoni Lliteres, que debutaba el rol de Tamino, al lado de unas espléndidas tres damas © Teatre Principal
Un sólido Önay Köse (Sarastro), entre la eficaz Pamina de Carmen Romeu y la estupenda Papagena de Maia Planas © Teatre Principal
Una escena de la propuesta escénica de Jorinde Keesmaat © Teatre Principal

Teatre Principal

Mozart: LA FLAUTA MÁGICA

Carmen Romeu, Antoni Lliteres, Aleksandra Jovanovich, Önay Köse, David Pershal, Maia Planas, Jorge Juan Morata, Marta Bauza, Begoña Gómez, Frédérique Sizaret, Felipe Bou, Antoni Aragón, Juan Miquel Muñoz. Dirección: Josep Planells. Dirección de escena: Jorinde Keesmaat. 18 de octubre de 2020.

Una pospuesta representación que debería haber sido antes del confinamiento hacía esperar un resultado bastante más agraciado que el que se pudo apreciar en esta función de un título como es La flauta mágica que, por más que conocido, no es menos importante tanto en el acervo mozartiano como en la literatura operística en general. En la parte musical, si bien no hubo grandes fuegos de artificio de celebración, en mayor o menor grado y gracias a todos quienes defendieron sus papeles con un aprobado y algún notable, mientras que la puesta en escena acumulaba el mayor número de controversias.

"Antoni Lliteres, debutando el rol cantó en línea, y credibilidad, sin duda falta pulir algo el estilo y otros detalles que sin duda llegarán porque hay material"

La pareja de protagonistas defendió muy bien sus papeles. Antoni Lliteres, debutando el rol de Tamino, cantó en línea y credibilidad; sin duda le falta pulir el estilo y otros detalles que llegarán porque hay materia. Carmen Romeu posee muchas cualidades vocales, pero no parece que el de Pamina sea el rol más adecuado, resultando un personaje un tanto más duro que lo que demanda el papel. Una Reina de la Noche muy lírica en «O zittre nicht» y francamente decepcionante en las bravuras de «Der Hölle Rache» fue la de Aleksandra Jovanovich. Önay Köse, Sarastro interesante, aunque, tal vez en una mala noche, sufrió en todas sus intervenciones de un debilitamiento de las notas más graves resultando prácticamente inaudibles.

David Pershal y Maia Planas jugaron una pareja de estupendos Papageno y Papagena, al igual que las impecables Tres Damas de Marta Bauzà, Begoña Gómez y Frédérique Sizaret. En sus cortos papeles, impecables también Antoni Aragón y Joan Miquel Muñoz; Felipe Bou sobrepasó por calidad vocal su papel de Orador.

Desde el podio, Josep Planells no abandonó en toda la velada una dirección totalmente plana, obviando los matices tanto divertidos como los más trascendentales que propone el genio de Salzburgo.

Quizás habría que preguntar a Jorinde Keesmaat cuál ha sido su lectura de esta ópera, ya que podría pensarse que ha leído del revés o se ha equivocado de libreto. Empezando por la interrupción de la obertura para la lectura de un texto (al parecer de Simone de Beauvoir) que ya son ganas de enmendarle la plana al Sr. W. Amadeus, siguiendo con detalles como la sustitución de la flauta y las campanillas por sendos mini yo teledirigidos que manejaban con maestría tanto Tamino como Papageno, amén de continuas manifestaciones sexuales que incluyen la violación explícita de Pamina por parte de Monostatos o la aparición de unos maniquíes cual si de escaparate de multinacional de la moda se tratase. Es verdad que el público ya se está acostumbrando a que las óperas sean fagocitadas por algunos directores de escena que vierten sus peculiares visiones traicionando el espíritu que las concibió. Puesto que es un mal consolidado, tal vez habrá que resignarse hasta que alguien haga la pedagogía necesaria para que, como es el caso, si no les gusta la obra como la pensó su autor no metan sus manos para cambiarla. El público aplaudió con cortesía.