El 'Orlando' de Vivaldi, cumbre del teatro... Sin teatro

Madrid

19 / 06 / 2021 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Orlando furioso Real / operaactual.com Un momento del 'Orlando furioso' de Vivaldi en el Teatro Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Vivaldi: ORLANDO FURIOSO

Versión de concierto

Max Emanuel Cencic, Julia Lezhneva, Ruxandra Donose, Jess Dandy, Philipp Mathmann, David DQ Lee, Pavel Kudinov. Armonia Atenea. Dirección: George Petrou. 17 de junio de 2021.

Antonio Vivaldi es de los más grandes, si no el más grande –con permiso de Händel– de los compositores de ópera barrocos. Ninguno iguala su sentido del teatro, su fantasía, su inagotable inspiración melódica y armónica, su humor, sus ganas de divertirse y divertir al espectador. Y, sin embargo, el Vivaldi operístico no ha tenido suerte en Madrid, donde el Teatro Real no ha escenificado una sola de sus obras.

No cambió la racha esta versión en concierto de su obra maestra, el Orlando furioso de 1727, inspirado en el poema de Ariosto que nutrió durante siglos la imaginación europea y vuelve a narrar los desgraciados y furibundos amores del paladín Orlando con la casquivana Angelica, prendada de su joven y falsamente ingenuo Medoro, ambos protegidos por Alcina, la sublime maga neurótica, insatisfecha y vengativa. La ópera clama por una puesta en escena a lo Ronconi joven, excesiva y tempestuosa. Aquí se ofreció en versión de concierto, con importantes recortes en los apabullantes recitativos, auténtico núcleo dramático de la obra, sin hilo argumental ni demasiada voluntad para al menos evocar los fastos de la dramaturgia barroca.

Este Orlando furioso quedó por tanto resuelto como una sucesión de arias, de una belleza extraordinaria –porque la inspiración del prete rosso no decae nunca– y en la que el espectador se ve obligado a concentrarse solo en la hermosura del material sonoro. Así las cosas, no ayudó demasiado que el papel titular, compuesto para contralto, vaya interpretado por un contratenor, en este caso Max Emanuel Cencic, que se luce, sin duda alguna, con una técnica espléndida pero parece un poco olvidado del personaje y su imbricación en la obra.

"El contratenor David DQ Lee, estuvo extraordinario de intensidad dramática en un memorable Ruggiero, con una voz rica y densa como pocos la lucen en su tesitura"

El también contratenor David DQ Lee, estuvo extraordinario de intensidad dramática en un memorable Ruggiero, con una voz rica y densa como pocos la lucen en su tesitura –así debía sonar un castrado en su momento–, y acompañado en «Sol da te» por Zach Tarpagos a la flauta, en una de las intervenciones en solo más comprometidas del instrumento de todo el repertorio operístico. Bien el juvenil Medoro de Philipp Mathmann, otro contratenor, que estará aún mejor cuando controle los agudos en forte. La soprano Julia Lezhneva bordó una Angelica cuyo extremo virtuosismo vocal –con momentos de agilidades sobrehumanas– desmiente, pero así es Vivaldi, su supuesta candidez. La Alcina de Ruxandra Donose, a falta de un lucimiento dramático que parecía echar de menos, compuso una muy creíble Alcina, con un instrumento denso y ancho, cada vez más dramático.

Convincente, aunque a veces con escaso volumen, la contralto Jess Dandy en el precioso papel de Bradamante, y estupendo el bajo Pavel Kudinov como Astolfo. El conjunto griego Armonia Atenea exhibió un extraordinario refinamiento ya desde una sinfonía inicial que evocó por momentos una modalidad francesa, y un dinamismo y una riqueza cromática más que notables. Excelente la dirección musical de George Petrou, que consiguió evitar la monotonía de una interpretación a la que le faltaba la mitad de su razón de ser.