Una 'Bohème' de cámara

Múnich

03 / 12 / 2020 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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Bohème Una escena de la mítica producción de Otto Scheck © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
Bohème Jonas Kaufmann y Rachel Willis-Sorensen destacaron entre los protagonistas del montaje © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
Bohème Jonas Kaufmann y Rachel Willis-Sorensen destacaron entre los protagonistas del montaje © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL

Bayersiche Staatsoper

Puccini: LA BOHÈME

En 'streaming'

Rachel Willis-Sorensen, Jonas Kaufmann, Mirjiam Mesak, Andrei Zhilikhovski, Sean Michael Plumb, Tareq Nazmi, Andrés Agudelo, Christian Rieger, Karel Martin Ludvik. Coro y Orquesta de la Bayerisches Staatsoper. Dirección: Asher Fisch. Dirección escena: Otto Schenk. 30 de noviembre 2020.

La Bayerisches Staatsoper, una de las instituciones operísticas más destacadas a nivel internacional, se ha visto afectada, como todos los teatros alemanes, por la clausura  dictada por el Gobierno de ese país a causa de la pandemia. A pesar de ello ha ido ofreciendo streamings interesantes, muchos de ellos dedicados al repertorio liederístico. Esta semana ha programado un par de funciones de La Bohème pucciniana en el mismo formato online, que tienen como aliciente principal el Rodolfo de Jonas Kaufmann al lado de la Mimì de la soprano Rachel Willis-Sorensen en la clásica producción de Otto Schenk.

"La sensualidad tímbrica que requiere Rodolfo es ajena a Kaufmann que, aunque superó los escollos técnicos que plantea el papel, como en su aria inicial, no consiguió una encarnación convincente del joven poeta"

Rodolfo no es un papel que el tenor bávaro haya frecuentado durante su carrera. Lo interpretó en Zúrich y Berlín durante los años de su transición vocal de tenor lírico-ligero a spinto para luego centrarse más en otros títulos puccinianos, como Tosca o La fanciulla del West. Tras esta Bohème la decisión parece lógica pues, aunque Kaufmann siempre garantiza musicalidad y solvencia vocal, el rol no acaba de encajar con sus características. Y menos en un momento en el que ya está definitivamente centrado en repertorios más dramáticos. La sensualidad tímbrica que requiere Rodolfo es ajena a Kaufmann quien, aunque superó los escollos técnicos que plantea el papel, como en su aria inicial, no consiguió una encarnación convincente del joven poeta; por momentos incluso abusó de su habitual sistema de cobertura que, con el paso de los años, es cada vez es más evidente y, en este rol, poco adecuado.

Rachel Willis-Sorensen fue de menos a más como Mimì, aunque tampoco encuentra en este papel el mejor vehículo para exhibir unas características vocales que, sin duda, destacan más en papeles operísticos de Mozart o Strauss. En el primer acto la voz sonó poco juvenil y un tanto oscura para el papel, pese a cantar elegantemente y sin problemas tanto su aria como el dúo. En cambio, cuando la trama demandó mayor dramatismo, pareció sentirse más cómoda y su canto más expresivo, como en la escena de la barrière d’enfer y en el final.

El resto del cast mostró el correcto nivel exigible a una compañía tan compensada y prestigiosa como la de la Bayerisches Staatsoper, cohesionada a nivel musical pero sin nada especialmente remarcable a nivel vocal. El barítono Andrei Zhilikovski posee una voz lírica pero su Marcello quedó tan difuminado y falto de personalidad como la Musetta de Mirjiam Mesak, el Colline baritonal de Tareq Nazmi o el Schaunard de Sean Michael Plumb.

La estupenda orquesta del teatro de Múnich fue dirigida por un habitual de la casa, Asher Fisch, con el buen sonido habitual y dinamismo, pero sin especial personalidad. Es probable que, en el tibio resultado final, influyese una producción ya veterana y, sobre todo, las restricciones pandémicas que obligaron a prescindir de la presencia esencial del coro en escena en el cuadro del Café Momus, así como del público en el teatro. Unas limitaciones que provocaron al final, y pese a la elogiable iniciativa del teatro, un cierto aire desangelado.