Una audaz “Turandot-Lescaut” con destacado acento español

Basilea

13 / 05 / 2025 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

puccini basilea La nueva producción de Christof Loy de 'Turandot' © Theater Basel / Ingo HÖHN
puccini basilea La nueva producción de Christof Loy de 'Turandot' © Theater Basel / Ingo HÖHN
puccini basilea Miren Urbieta-Vega en su debut como Turandot © Theater Basel / Ingo HÖHN

Theater Basel

Puccini: TURANDOT

Nueva producción

Miren Urbieta-Vega, Rodrigo Porras Garulo, Sofia Esparza, Rolf Romei, Sam Carl, David Oller, Ronan Caillet, Lucas van Lierop, Andrew Murphy, Elio Staub. Dirección musical: José Miquel Pérez-Sierra. Dirección de escena: Christof Loy. 9 de mayo de 2025.

Concebida como una arriesgada revisión del inacabado testamento musical de Puccini, la nueva producción de Turandot firmada por Christof Loy en el Theater Basel —con un final alternativo tomado del cuarto acto de Manon Lescaut y un prólogo orquestal basado en los Crisantemi, todo del propio Puccini— se convirtió en una propuesta tan audaz como desconcertante, que no dejó indiferente al público. En este contexto de riesgo conceptual y reinterpretación estética, destacó con fuerza el debut en el rol titular de la soprano vasca Miren Urbieta-Vega, quien asumió el desafío con firmeza, sensibilidad y una concepción lírica muy personal del personaje. Pese a lo aparentemente prematuro del reto, su interpretación alcanzó un notable éxito artístico, sostenida por una notable seguridad técnica, madurez expresiva e inteligencia musical.

El montaje se abría con un prólogo con los Crisantemi para cuerdas, tema que actúa como puente conceptual entre ambas óperas, estableciendo resonancias temáticas en torno a la muerte, la culpa y el sacrificio. Esta solución, aunque intelectualmente sugerente, no terminó de integrarse con la debida fluidez en el tejido emocional de Turandot, ni tampoco convenció del todo la transición hacia el acto final “injertado”, en el que la princesa vaga moribunda en una suerte de desierto interior que resulta más efectista que orgánico con respecto al conflicto dramático precedente.

Desde el podio, el director madrileño José Miguel Pérez-Sierra dirigió con tempi dilatados y amplitud de fraseo, lo que permitió destacar la riqueza tímbrica de la orquesta. El efecto espacial del coro situado entre el público al inicio del primer acto ofreció una sonoridad sugerente, aunque no terminó de integrarse del todo con el resto del dispositivo escénico.

"Miren Urbieta-Vega llevó el personaje de Turandot a su propio terreno con inteligencia, solvencia técnica y un enfoque más introspectivo que glacial"

Vocalmente, uno de los grandes aciertos de la velada fue el mencionado debut de Miren Urbieta-Vega, que llevó el personaje de Turandot a su propio terreno con inteligencia, solvencia técnica y un enfoque más introspectivo que glacial; su musicalidad y seguridad se hicieron evidentes en “In questa reggia” y en los tres enigmas, donde conjugó lirismo, potencia y expresión. En el acto final —ya dentro del universo de Manon Lescaut— logró momentos de sincera intensidad emocional, rematando una interpretación de gran madurez artística.

El papel de Liù lo interpretó otra española, la soprano navarra Sofía Esparza, que brilló por la calidad de su línea de canto, su dulzura tímbrica y un fraseo siempre refinado, especialmente en un “Tu che di gel sei cinta” de inusual delicadeza y profundidad expresiva; su interacción con Turandot en el tercer acto fue, además, uno de los momentos más intensos de la función desde el punto de vista teatral.

Rodrigo Porras Garulo, como Calaf, ofreció una prestación claramente condicionada por dificultades vocales: ya desde el primer acto se percibió una emisión forzada y fatiga en la proyección, que comprometieron la consistencia del personaje. Tras anunciar una indisposición en el entreacto, el tenor mexicano optó por continuar la función como pudo, marcando entradas, evitando las notas más exigentes y recurriendo en ocasiones a registros más graves para sostenerse. El célebre “Nessun dorma” careció de brillo, y aunque se mantuvo en escena hasta el final, su participación en el acto de Manon Lescaut fue puramente testimonial, lo que debilitó sensiblemente el desenlace dramático. El trío de Ping, Pang y Pong estuvo bien resuelto tanto vocal como escénicamente, destacándose especialmente el barítono español David Oller como Ping, con una vocalidad precisa y una presencia escénica perfectamente delineada.

Más allá de sus audacias conceptuales, esta Turandot deja la impresión de una propuesta valiente, aunque no plenamente lograda, en la que el riesgo dramatúrgico se combina con una interesante presencia de voces jóvenes —en especial las dos sopranos españolas— que supieron dar sentido y relieve musical a una velada de planteamientos complejos pero con destellos de indudable belleza.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Basilea de ÓPERA ACTUAL

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