Una apuesta contemporánea fallida en el Met

Nueva York

12 / 12 / 2021 - Rebeca BLANCO - Tiempo de lectura: 3 min

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euridyce-operaactual-met (1) Jákub Józef Orlinski como doble de Orfeo © The Metropolitan Opera / Marty SOHL
euridyce-operaactual-met (1) Una escena del montaje de Daniel Ostling © The Metropolitan Opera / Marty SOHL
euridyce-operaactual-met (1) Erin Morley como Eurydice y Joshua Hopkins como Orpheus © The Metropolitan Opera / Marty SOHL

The Metropolitan Opera House

Matthew Aucoin: EURYDICE

Nueva producción

Erin Morley, Joshua Hopkins, Jakub Józef Orlinski, Nathan Berg, Barry Banks, Stacey Tappan, Ronnita Miller, Chad Shelton. Dirección musical: Daniela Candillari. Dirección de escena: Daniel Ostling. 8 de diciembre de 2021.

La Metropolitan Opera, que no deja de sorprender esta temporada, ofrece otra gran apuesta, Eurydice. Aunque su estreno en 2020 sucedió en Los Ángeles, bajo la batuta del propio compositor, la casa de la ópera de Nueva York ha querido traer la adaptación lírica de la obra de Sarah Ruhl sobre el mito de Orfeo puesta en música por Matthew Aucoin.

La obra muestra una nueva perspectiva de la ya más que masticada historia en los avernos. Esta vez es Eurydice la que cuenta su versión, una Eurydice que además de cobrar protagonismo en la historia es tratada con un poco más de atención. Dejando atrás su perfil atontando, esta Eurydice es un contrapunto a Orfeo. Él es la música, como siempre, pero ella se convierte en las palabras, algo que no solo da un nuevo carácter al personaje, sino, que sirve como base argumental de la historia.

Aunque la adaptación del texto en sí no es maravillosa, la historia es bastante acertada. La intervención de un nuevo personaje, el padre de Eurydice, y el fetiche con la memoria, dan más credibilidad a los conflictos y duelos que supone la muerte. La representación de los recuerdos y los sentimientos a través de las palabras es en sí brillante, una sobrecogedora ofrenda a la vida y la muerte. Tampoco la escena le hace un gran favor a esta epopeya, aunque minimalista es poco efectiva y no sorprende en absoluto. Se agradece, eso sí, la mano de Ana Kuzmanic en el vestuario, sin duda, el acierto escenográfico de la noche.

La partitura tampoco dice mucho y es bastante sosa; en general repetitiva y poco original, sin gusto en las líneas y creando dificultades vocales sin un sentido claro. Una ópera contemporánea más en el montón que no está a la altura de un estreno de estas características. En todo caso, supo defenderla con creces Daniela Candillari que, en su debut en el foso, fue merecidamente aplaudida. Sin embargo, la noche estaba en las voces. El coro del Met no puede estar mejor, no hace falta ni que aparezca en escena para deleitar con un gustoso y envolvente retrato de la muerte. Sus intérpretes son fascinantes.

"Un segundo Orpheus, una duplicación del rol que no aporta nada sobre la partitura, trae a un impecable Jakub Józef Orlinski, a quien siempre es un placer escucharle, sea cuales sean las circunstancias"

El cast propuesto era exquisito, encabezado por unos deslumbrante Erin Morley, Eurydice, y Joshua Hopkins, Orpheus (que repite por segunda vez el papel). Ella es la absoluta delicadeza y a él se mueve sin problemas en un papel que le queda como un traje hecho a medida. Un segundo Orpheus, una duplicación del rol que no aporta nada sobre la partitura, contó con un impecable Jakub Józef Orlinski: siempre es un placer escucharle, sea cuales sean las circunstancias. Barry Banks como Hades es tal vez el papel más interesante, magnífico como siempre no dejó pasar una nota del enrevesado rol a interpretar. Por último Nathan Berg, como el padre, estuvo sobresaliente igual que sus compañeros.

Tal vez el público esté muy mal acostumbrado o tal vez sea la costumbre que tienen los estadounidenses por hacer que la vida parezca salida de Broadway, pero se necesita más calidad contemporánea en los escenarios del Met.  * Rebeca BLANCO PRIM, crítica en Nueva York de ÓPERA ACTUAL