Una 'Aida' con una rival de peso

Milán

14 / 10 / 2020 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

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La española Saioa Hernández, gran Aida en La Scala © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
Anita Rachvelishvili fue una Amneris espectacular © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano
Riccardo Chailly en los aplausos finales © Teatro alla Scala / Brescia & Amisano

Teatro alla Scala

Verdi: AIDA

Versión de concierto

Saioa Hernánez, Franceso Meli, Anita Rachvelishvili, Amartuvshin Enkhbat, Jungmin Park, Roberto Tagliavini. Dirección: Riccardo Chailly.  9 de octubre de 2020.

Entre las muchas dificultades causadas por la pandemia la Scala ha programado una serie de funciones de Aida en forma de concierto, con la novedad de que por primera vez se ofrece el principio del tercer acto que Verdi modificaría en 1871 al sustituir el  coro de sacerdotes –poco egipcio, a decir verdad– por el magnífico preludio que precede a «Cieli azzurri», una de las arias más bellas escritas por el compositor. Ahora, satisfecha ya la curiosidad, se puede volver a la voluntad definitiva del compositor.

El primer penalizado es el coro, lejanísimo y difuso con la intervención de la sacerdotisa, Chiara Isotton, que para la Scala ha aceptado ser una comprimaria de lujo. La misma suerte corre la escena del juicio en el cuarto acto, en que la potente voz del bajo coreano Jungmin Park, sonora y rica en armónicos, casi desaparecía en lontananza.

"Saioa Hernández en el papel protagonista ha sabido dar siempre lo mejor de sí misma, emotiva y firme en los dúos y perfectamente centrada en todo momento tanto en el aspecto vocal como en el físico"

Ha sido esta una velada gloriosa, digna de ese gran teatro que es la Scala, sobre todo por el rendimiento extraordinario de coros y orquesta, que en este repertorio no tienen rival. Riccardo Chailly ha firmado una dirección ideal donde cada uno de sus gestos constituía un auténtico espectáculo. Preciso y decidido, elegante y mesurado, ha dado de la partitura una lectura que ha permitió también disfrutar de la belleza de la música de baile.  Sin permitir que cediera ni por un momento la tensión hizo resaltar las frases en dúos y concertantes, y ello tanto en toda la escena del triunfo como en esos oasis líricos que aparecen cuando menos se les espera. El aluvión de aplausos que ha acogido su presencia al final se extendió también a todo el reparto reunido para la ocasión, desde los principales protagonistas hasta el mensajero del tenor Francesco Pittari y los dos bajos, el ya citado Park y Roberto Tagliavini, autoritario Faraón, espléndido en la dicción y en el fraseo.

Amartuvshin Enkhbat debutaba con este Amonasro en la Scala con su admirable amplitud vocal y su sólida emisión, una voz baritonal de verdad que algunos han confundido inexplicablemente con la de bajo. El criticar sus exageraciones sería también un error pues nunca traicionó al personaje, que por muy barbaro invasore que sea no deja por ello de ser un rey. Muy buena la participación de Francesco Meli, que diseña un Radamés enamorado, con una paleta de colores llena de matices, sin renunciar por ello al ímpetu heroico del guerrero. Muy creíble su intervención en el templo de Vulcano y vehemente en su dúo con Aida en el tercer acto, sabe obtener el tono elegíaco necesario en la escena final.  En el papel protagonista Saioa Hernández se fue creciendo en el transcurso del concierto, mostrando sus garras en el dúo con Amneris, y aunque tuvo que quedarse sin sus «Cieli azzurri», que en verdad se echaron en falta, supo dar siempre lo mejor de sí misma, emotiva y firme en los dúos y perfectamente centrada en todo momento tanto en el aspecto vocal como en el físico.

La otra triunfadora de la noche fue Anita Rachvelishvili, una Amneris que destacó por la proyección del sonido y una calidad de voz que recuerda los años dorados de Cossotto y Dimitrova. Lejos de ser monolítico, su temperamento fogoso también reflejaba los cambios de humor de la altiva hija del faraón expresados con una eficacia teatral que va mucho más allá de la versión de concierto. Se impuso en los concertados y debía esforzarse para poder contener su voz para no tapar a los demás. Se le podrían reprochar algunos descensos de sonido al pecho, pero estaban ampliamente justificados por el proceder en la expresión de la palabra cantada. Una Amneris de esas que justificaría el cambio de título.