Un 'Wozzeck' trasplantado a la actualidad para celebrar sus 100 años

Viena

13 / 04 / 2026 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 4 min

La producción de 'Wozzeck' de Simon Stone © Wiener Staatsoper
La producción de 'Wozzeck' de Simon Stone © Wiener Staatsoper
La producción de 'Wozzeck' de Simon Stone © Wiener Staatsoper

Wiener Staatsoper

Berg: WOZZECK

Johannes Martin Kränzle, Dmitry Golovnin, Jörg Schneider, Dmitry Belosselskiy, Marlis Petersen, Daniel Jenz. Dirección de escena: Simon Stone. Dirección musical: Franz Welser-Möst. 11 de abril de 2026.

Coincidiendo con el centenario del estreno de Wozzeck, la única ópera conclusa de Alban Berg y uno de los títulos fundamentales para entender el teatro musical contemporáneo, la Ópera Estatal de Viena lo ha reprogramado en la producción firmada por Simon Stone en 2022. La fuerza de esta pieza, sin duda canónica pero todavía temida por su complejidad, continúa intacta cien años después de que viera la luz por primera vez en el Berlín de la República de Weimar. En Viena, por cierto, ciudad natal del compositor, la ópera no se representó hasta 1930, después de haber pasado por diversas ciudades europeas.

La producción del equipo de Stone traslada las quince escenas escogidas por Berg entre las casi 30 de la obra original de Büchner a la Viena de la actualidad, situándose, de esta manera, en una línea interpretativa especialmente interesada en la desgarradora crítica social que impregna esta ópera fenomenal. No es fácil enfrentarse a Wozzeck desde la perspectiva del Regietheater, sistema basado en la relectura de los títulos del repertorio, y salir ileso de ello. La obra es una filigrana dramatúrgica como pocas, donde libreto y partitura operan conjuntamente a la hora de transmitir una serie de imágenes muy concretas, a priori poco propicias a la reinterpretación.

La gran virtud de la puesta en escena de Stone es que consigue dar con nuevas imágenes, a veces radicalmente opuestas a las que prevé el texto original, sin por ello afectar al delicado desarrollo dramático de la ópera. En vez de los perturbadores juncos de la segunda escena del primer acto, en la que Wozzeck confiesa sus visiones a Andres, la escena muestra la cola de la oficina del paro; el segundo acto se desarrolla mayormente, en vez de en una taberna, en una especie de rave erótica donde todos los participantes van disfrazados de animales –clara referencia a la atmósfera de «impudicia animal» descrita por el protagonista–, entre otros muchos ejemplos. Tampoco la famosa luna teñida de rojo que ilumina la escena del feminicidio, en el tercer y último acto, consigue colarse en la visión de Stone. Sin embargo, los elementos estructurales que sostienen la ópera siguen estando ahí: la dirección de actores respeta mayormente los tempi de la acción, y la sensación de lo fragmentario, provocada por el cambio constante de ambientes y escenas que parecen más bien sketches, sigue gobernando la experiencia de la ópera.

"Marlis Petersen estuvo por lo general a la altura, especialmente en los fragmentos con 'Sprechgesang' y en la fascinante aria-canción de cuna"

Pero el mayor reto en cualquier representación de Wozzeck no recae en el director de escena, sino en los intérpretes. Durante los primeros años de la obra, Berg no se cansó de retocar su partitura hasta dar con la combinación idónea de modos interpretativos. En efecto, bel canto à la Puccini, Sprechgesang à la Schoenberg y texto hablado se dan la mano en esta obra, convirtiendo la interpretación de los diversos personajes en una tarea muy compleja. Marie lo tiene especialmente crudo; Marlis Petersen estuvo por lo general a la altura, especialmente en los fragmentos con Sprechgesang y en la fascinante aria-canción de cuna «Eia, Popeia», aunque tuvo algunos problemas para imponerse ante la orquesta, sobrepasada de volumen, en los fragmentos más expuestos de la partitura. El Wozzeck de Johannes Martin Kränzle también fue satisfactorio, si bien le faltó algo de pathos interpretativo en el fragmento del suicidio, enteramente hablado. Dmitry Belosselskiy y Jörg Schneider fueron unos excelentes Doktor y Hauptmann, dos roles que permiten un enfoque operístico mucho más clásico que los papeles protagonistas.

Hay que destacar también, más allá de la precisión absoluta de los solistas de la Orquesta de la Ópera Estatal de Viena, la perfecta alineación de los cantantes-intérpretes con la batuta de Franz Welser-Möst, que contribuyó decisivamente a hacer más transparente el intricado idiolecto musico-dramático de Alban Berg.  * Lluc SOLÉS, crítico de ÓPERA ACTUAL

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