Un 'Turco' descafeinado desembarca en la Bayerische

Múnich

15 / 02 / 2022 - Lluc SOLÉS - Tiempo de lectura: 4 min

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turcoinitalia-operaactual-bayerische (2) Irina Lungu como Donna Fiorilla © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
turcoinitalia-operaactual-bayerische (1) Lungu junto a Misha Kiria (Don Geronio) y Nikolay Borchev (Prosdocimo) © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL
turcoinitalia-operaactual-bayerische (1) Kiria y Borchev junto a Alex Exposito (Selim) © Bayerische Staatsoper / Wilfried HÖSL

Bayerische Staatsoper

Rossini: IL TURCO IN ITALIA

Alex Esposito, Irina Lungu, Misha Kiria, Michele Angelini, Nikolay Borchev. Dirección musical: Gianluca Capuano. Dirección de escena: Christof Loy. 13 de febrero de 2022.

La comedia sigue llevando el compás en la Bayerische Staatsoper. Hace ya unos meses, en efecto, que las tablas bávaras parecen rechazar lo trágico, lo serio. Desde reposiciones, como la de L’elisir d’amore, hasta estrenos como Giuditta o Das schlaue Füchslein, el año muniqués ha comenzado en clave ligera. Siguiendo esta dinámica reapareció el pasado domingo la producción de Il turco in Italia que Christoph Loy firmó para la casa en 2007, por aquel entonces con el tenor catalán David Alegret en el reparto. La opera buffa rossiniana divierte y refresca, pero también impone y exige.

Impone y exige por su dificultad técnica, está claro, pero no menos por la facilidad con que pone contra las cuerdas el propio género cómico. Il turco es el ejemplo perfecto de esta predilección rossiniana por el límite, que enlaza sin duda alguna con su interés por la calidad literaria del libreto; en la ópera, un poeta en búsqueda de un buen argumento interactúa con unos personajes, diríase casi pirandellianamente, en busca de autor. Esta insistencia en el plano metaliterario —otro de los puntos fuertes del invierno en Múnich, cabe solo pensar en la recientemente recuperada Die schweigsame Frau— es un caramelo para cualquier director de escena. Loy dirige inteligentemente, pone en escena un texto en sí mismo altamente autoreflexivo, pero el montaje no aporta demasiado en este sentido. Más allá de los miembros del coro, que aparecen puntualmente vestidos como miembros del staff técnico del teatro, nada en el escenario contribuye a profundizar en lo metaliterario. La palabra de Felice Romani manda, y su interpretación deviene crítica.

Tanta o más responsabilidad recae sobre el reparto de este Turco siendo una producción ya vista. El hecho de que la turquérie no sea exactamente central en la propuesta ya no es una excusa válida para no encarar el tema del exotismo, como quizás lo era todavía en 2007. Loy se olvida de ponerle las comillas al término “gitano”, por ejemplo, en la incómoda presentación inicial del personaje de Zaida, aquí a cargo de una debutante, pero no por ello menos consistente, Laura Verrechia. En 15 años han pasado muchas cosas, y el público de ahora está seguramente más lejos de aceptar el estereotipo despojado de toda elaboración crítica que el de entonces. Es por esto que el ejercicio cómico del director alemán se sustenta hoy en las interpretaciones, y este fundamento único tambaleó claramente en la sesión del domingo.

"El elenco de voces estuvo especialmente inspirados en los números de conjunto que cierran los dos actos de la ópera"

Hacer comedia, lo saben todas las mujeres y hombres de teatro, es muy delicado. Lo es más todavía si se trabaja con textos antiguos, de un humor muchas veces caduco. Esta circunstancia, sumada a la posición secundaria que ocupa la interpretación —incomprensiblemente— en la escena operística en general, llevó el reparto muniqués muy cerca del fracaso. La sobreactuación de la soprano Irina Lungu y del tenor Michele Angelini fue descarada; se salvaron, más cerca del frágil equilibrio entre precisión vocal y desenvoltura interpretativa, el bajo-barítono Alex Esposito y sobre todo el barítono Nikolay Borchev, quien encarnó el papel de Prosdocimo, el poeta. Por el contrario, y en conjunto, el elenco de voces funcionó a la perfección —el casting a nivel vocal es siempre brillante en la Bayerische Staatsoper—, ya que quienes lo conformaban —todos formados en teatros italianos— estuvieron especialmente inspirados en los números de conjunto que cierran los dos actos de la ópera. Esposito y Misha Kiria entrecruzaron sus registros paralelos, mostrando dos fantásticas personalidades vocales en diálogo. Angelini ofreció su timbre de tenor ligero con valentía en la salvaje “Tu seconda il mio disegno”, y Lungu convenció en “I vostri cenci vi mando”. En la opera buffa, sin embargo, un gran trabajo vocal es siempre la mitad del trabajo, y el buen empaste tímbrico de los seis protagonistas no fue suficiente. Como siempre, la Bayerische Staatsorchester vino a rescatar la velada, con una interpretación excelente de la obertura y un abuso delicioso del accelerando, trampa rossiniana para los cantantes-intérpretes, deleite para los espectadores.  * Lluc SOLÉS, crítico de ÓPERA ACTUAL