Un Schubert exquisito

Palma

30 / 06 / 2020 - Pere BUJOSA - Tiempo de lectura: 3 min

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José Manuel Sánchez, acompañado por Francesc Blanco © Euroclassics

Euroclassics

Recital José Manuel SÁNCHEZ

Die Schöne Müllerin de Schubert. Francesc Blanco, piano. Claustro Santo Domingo de Pollença, 26 de Junio de 2020.

Muy lentamente la lírica va asomando después del confinamiento estricto que ha detenido al mundo en todos sus ámbitos. En Mallorca van apareciendo manifestaciones musicales de pequeño formato y con la nueva situación de la limitación de localidades que, obviamente, quita mucho del calor y la pasión que se suscita en la experiencia conjunta artista-público. Asoman tímidamente manifestaciones líricas, como la que se comenta, organizada por Euroclassics, de una calidad superior y de una exquisitez de primer nivel.

No se descubre nada nuevo al decir que el ciclo shubertiano de La bella molinera es seguramente uno de los monumentos más preciados en la literatura liederística romántica. A través de sus veinte números se desgrana toda una experiencia vital que va del eros al tanatos pasando por la desorientación amorosa que precede de alguna manera al suicida por amor por antonomasia –Werther– y a la prerrafaelista femme fatale.

"Conociendo y aplicando el estilo y con una línea de canto depurada hasta el extremo junto a una dramatización individualizada de cada 'Lied' cargada de matices vocales, Manuel Sánchez consigue por resultado una velada de exquisita elegancia"

El tenor José Manuel Sánchez tiene en su currículum esos personajes románticos que cumplen con todos los estereotipos mencionados (Faust, Robert le Diable, Werther…). Conociendo y aplicando el estilo y con una línea de canto depurada hasta el extremo junto a una dramatización individualizada de cada Lied cargada de matices vocales, Sánchez consigue por resultado una velada de exquisita elegancia. Por mencionar algunas joyas del ciclo como Morgengruss dicho en una casi mágica mezza voce o la pasional Mein, por no hablar de las onomatopeyas poéticas recordando las ruedas del molino o la corriente del torrente expresadas de forma magistral. Francesc Blanco al piano fue acompañando en paralelo la senda vocal buscando la simbiosis con el cantante y constituyendo en resumen una excelente velada merecedora de mejores tiempos.