Un 'Rigoletto' sicalíptico

Madrid

03 / 12 / 2023 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

Print Friendly, PDF & Email
rigoletto madrid Adela Zaharia (Gilda) y bailarinas en 'Rigoletto' © Teatro Real / Javier DEL REAL
rigoletto madrid Javier Camarena (Duque de Mantua) en la nueva producción de Miguel del Arco © Teatro Real / Javier DEL REAL
rigoletto madrid Adela Zaharia (Gilda) y Ludovic Tézier (Rigoletto) © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Verdi: RIGOLETTO

Nueva producción

Javier Camarena, Ludovic Tézier, Adela Zaharia, Simon Lim, Marina Viotti, Cassandre Berthon, Jordan Shanahan, César San Martín, Fabián Lara, Tomeu Bibiloni, Sandra Pastrana. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Miguel del Arco. 2 de diciembre de 2023.

Rigoletto es siempre garantía de éxito para cualquier teatro. También es una ópera negra donde las haya, y se diría a veces que los propios teatros que ponen Rigoletto para satisfacer el legítimo gusto del público por los grandes clásicos se esfuerzan por ennegrecer aún más la obra y compensar así su popularidad. Lo malo es que esto no siempre sale bien. En cuanto a lo primero, el nuevo Rigoletto del Teatro Real ha contado en su primer reparto con voces de gran prestigio.

Ludovic Tézier, uno de los referentes actuales para el papel del bufón trágico, derrocha facultades teatrales, un fraseo impecable, línea de canto generosa y extraordinaria elegancia en la caracterización vocal y escénica. Quizás demasiada y en ocasiones parece un personaje donizettiano extraviado en los abismos verdianos. Javier Camarena cumplió, como era de esperar, en el difícil papel del duque de Mantua. La fabulosa exhibición de técnica belcantista no bastó, aun así, para hacer olvidar los ataques borrosos, las rupturas en la línea de canto y la dificultad para alcanzar las notas altas: si no se va a dar el agudo final, tal vez no hace falta cantar la cabaletta del tercer acto. Adela Zaharia tiene un instrumento poderoso, limpio, dramático, ajeno a los melindres de tantas otras Gildas. El “Caro nome” fue antológico. Claro que el toque algo matronil perjudica un poco a la caracterización psicológica y teatral. Simon Lim compuso un Sparafucile ejemplarmente siniestro y con el sarcasmo que el personaje requiere. Marina Viotti estuvo espléndida en una Maddalena de gran carácter y voz sensual que, junto con la Gilda de Zaharia, arrebató el célebre cuarteto a los varones. Muy bien los demás.

"Ludovic Tézier, uno de los referentes actuales para el papel del bufón trágico, derrocha facultades teatrales, un fraseo impecable, línea de canto generosa y extraordinaria elegancia en la caracterización vocal y escénica"

En cuanto a la puesta en escena, Miguel del Arco sigue al pie de la letra las reglas teatrales de nuestros días: felaciones, violaciones, masturbaciones, sexo en grupo, prácticas sadomasoquistas… Todo lo posible para que el público pague lo más caro posible su gusto por los clásicos. Aceptada la convención, hay que hacerlo bien. Y no parece aconsejable encomendar un Rigoletto a quien, como del Arco, y según sus propias declaraciones, no sabe de ópera. Además de la inconsistencia general (por ejemplo, la micro cueva selvática de Gilda, que debe de evocar al ser humano inocente y bueno antes de que lo pervierta la civilización), predomina la obsesión por rellenar los supuestos vacíos dramáticos de la ópera. Para eso sirve un conjunto perpetuamente semoviente de chicas sicalípticas a las que se añade alguna mujer barbuda, quizás por aquello de que estas últimas son el más acabado ejemplo de degradación moral. (El colectivo de mujeres barbudas debería protestar.) Dar lecciones de teatro a Verdi resulta arriesgado.

La dirección de actores, por otra parte, brilla por su ausencia. Tal vez contagiada de la puesta en escena, la dirección del gran maestro Nicola Luisotti adoleció de falta de continuidad. Cada pieza recibió un tratamiento exquisito, con detalles finísimos en una obra que rebosa de bellezas instrumentales. Muy bien, también, el coro. No hubo, sin embargo, tensión teatral, y entre las procacidades y la querencia belcantista, la famosa tinta escénica verdiana no hizo acto de presencia en una velada con pocas emociones. Aplausos para intérpretes y músicos, y un abucheo de los que se recuerdan para los responsables de la dirección de escena.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL