Un "Rigoletto" que entusiasma y conmueve

Santiago de Chile

27 / 08 / 2023 - Juan Antonio MUÑOZ - Tiempo de lectura: 4 min

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Chile Rigoletto Juan Jesús Rodríguez (Rigoletto) y Aigul Khismatulina (Gilda) © Teatro Municipal / Patricio MELO
Chile Rigoletto Juan Jesús Rodríguez (Rigoletto) y Iván Ayón (Duque de Mantua) © Teatro Municipal / Patricio MELO
Chile Rigoletto 'Rigoletto' en la dirección de escena de Christine Hucke © Teatro Municipal / Patricio MELO
Chile Rigoletto 'Rigoletto' en la dirección de escena de Christine Hucke © Teatro Municipal / Patricio MELO

Teatro Municipal de Santiago

Verdi: RIGOLETTO

Juan Jesús Rodríguez, Aigul Khismatulina, Ivá Ayón-Rivas,  Taras Berezhansky,  Evelyn Ramírez, Paola Rodriguez,  Homero Pérez-Miranda. Dirección musical: Roberto Rizzi-Brignoli. Dirección de escena: Christine Hucke. 17 de agosto de 2023

El Teatro Municipal de Santiago de Chile y su público necesitaban un título del gran repertorio construido con solidez, y este Rigoletto de Verdi lo fue. Sobre la escena hubo un elenco correcto que llevó adelante con solvencia una partitura de enormes dificultades, mientras que la producción, controvertida, tuvo aspectos interesantes.

Roberto Rizzi-Brignoli fue un guía certero para este Verdi oscuro y trágico; su lectura fue tan poderosa como prolija, preocupada sensiblemente por las voces y su capacidad expresiva. Fue notable cómo afrontó el crescendo terrible del preludio, lo mismo que el cuarteto «Bella figlia dell’amore» y la difícil escena del último acto, cuando Gilda escucha, en medio de la tempestad, la siniestra conspiración de los asesinos. La producción de Rigoletto contó con cantantes atentos, musicales y dotados, con un conjunto instrumental que respondió a la altura y un Coro del Teatro Municipal (dirección de Jorge Klastornick) en excelentes condiciones y participativo de la dinámica dramática. Ya en el intermedio hubo comentarios en uno u otro sentido respecto de la dirección escénica de Christine Hucke y la producción, cuyos diferentes aspectos fueron encargados a Rebekka Dornhege Reyes (escenografía), Constanza Meza-Lopehandía (vestuario) y Ricardo Castro (iluminación).

En lo teatral, se observó un trabajo de actores atento al sentido de las palabras, a la música y a cómo los números de conjunto deben abrir paso a aquellos donde prima la intimidad. Visualmente cada acto es muy diferente respecto del otro. El palacio del duque se presenta como una suerte de hotel kitsch en negro y oro, un espacio donde la mujer está cosificada. De hecho, no había mujeres en la fiesta ducal, salvo la bien dispuesta Condesa Ceprano, mientras que lo femenino se materializa en una escultura semidesnuda sin cabeza y varios pares de piernas que surgen desde una suerte de nichos, ventanales, vitrales alargados, en clara alusión fálica. De gran atractivo, en cambio, el cuadro callejero durante el encuentro nocturno de Rigoletto y Sparafucile, y el uso de transparencias para dar cuenta del camino por la ciudad de Mantua hasta la casa de Gilda, como también la escena del rapto, de alto impacto, con las manos desesperadas de la joven pidiendo auxilio. La casa propiamente es un módulo central y circular estrecho que, si bien funciona en términos teatrales, parece incómodo para el movimiento de los protagonistas y del coro. Más tarde, la taberna de Maddalena y Sparafucile, los delincuentes de la historia, es un carrusel macabro, de luces y terciopelo rojo, donde ella reina al modo de una gran cortesana veneciana. El cuadro final, en la ribera del Mincio, con la muerte de Gilda, ofrece un necesario momento de despojo y soledad, bello en términos de iluminación (Ricardo Castro), para el que está absolutamente demás hacer caer los nichos del inicio, como insistiendo que todo esto se debe a la brutalidad machista de la corte del Duque, lo cual ya todo el mundo tiene bastante claro. En suma, varias buenas ideas, pero faltó síntesis y unidad estilística, algo extensivo también al desconcertante vestuario.

"El barítono español Juan Jesús Rodríguez, ovacionado... exhibió una voz poderosa y bien timbrada, con gran proyección en el agudo y ricos centros y graves"

El elenco de este Rigoletto en Chile fue liderado por el barítono español Juan Jesús Rodríguez (Ver entrevista), ovacionado, quien tiene una extensa carrera en roles de gran compromiso, como Nabucco o Rodrigo de Posa, y que exhibió una voz poderosa y bien timbrada, con gran proyección en el agudo y ricos centros y graves. La soprano rusa Aigul Khismatulina (Gilda) es una soprano ligera de poco caudal vocal, sensible y cuidadosa en lo musical; su mejor momento fue «Tutte le feste al tempio» y resultó conmovedora en la escena de la muerte, pero tiene mucho que avanzar todavía con este papel. El tenor peruano Iván Ayón-Rivas, muy aplaudido, posee una voz de indudable calidad y bello timbre, que seguramente situará su carrera en un buen nivel internacional, pero debe refinar su canto en términos de emisión de los agudos (muchos de ellos abiertos) y trabajar el legato. En especial en un papel como el del Duque de Mantua, que juega mucho con frases entre el pasaje y la zona aguda. Impecable, como siempre, la mezzosoprano Evelyn Ramírez (Maddalena), asertiva en lo dramático y en lo vocal: es una artista notable. Una revelación fue el bajo ucraniano Taras Berezhansky, quien cantó al peligroso Sparafucile sin hacer ningún aspaviento teatral; es un cantante que hay que aprovechar antes de que se vuelva inalcanzable para las desmedradas arcas del Municipal. Admirable la presencia escénica de Homero Pérez-Miranda como el noble y ultrajado Conde Monterone.