Un prodigioso Camarena brilla junto a Bartoli

Zúrich

21 / 01 / 2020 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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Bartoli junto al Don Ramiro de Lawrence Brownlee, personaje que también interpretó Camarena © Opernhäus Zürich / Monika RITTERSHAUS
Un momento de la producción de 'La Cenerentola' de Cesare Lievi © Opernhäus Zürich / Monika RITTERSHAUS

Ópera de Zúrich

Rossini: LA CENERENTOLA

Cecilia Bartoli, Javier Camarena, Oliver Widmer, Alessandro Corbelli, Liliana Nikitenau, Martina Janková, Stanislav Vorobyov. Dirección: Gianluca Capuano. Dirección de escena: Cesare Lievi. 12 de enero de 2020.

La ya tradicional cita de inicios de año de la Ópera de Zúrich con la estrella del coliseo suizo, Cecilia Bartoli, tuvo en esta ocasión no solo un gran protagonista, sino dos, porque a la mezzosoprano romana se le unió el tenor Javier Camarena. Y es que el cantante mexicano se encuentra en el momento más dulce de su carrera y en especial estado de gracia vocal, con lo que su presencia en cualquier escenario operístico es muy cotizada. La facilidad con la que asume el difícil rol de Ramiro es cuasi insultante, y no solo por su facilidad técnica con sobreagudos no escritos y coloraturas imposibles y gallardía sin igual, sino también por esa tremenda musicalidad, exquisita y propia del Olimpo canoro.

Con Camarena cada frase es un lujo y en “Sì, ritrovarla io giuro” estuvo espectacular a nivel técnico, con esas messe di voce, esas frases cantadas en pianísimo de susurro pero llenas de armónicos, o ese Mi natural de “al mio cuore” que le valieron una cerrada ovación con repetidas peticiones de bis. El milagro Camarena se extendió durante toda la velada y ya en su recitativo de entrada y en el dúo “Un soave non so che” esgrimió una complicidad absoluta con Bartoli. La mezzo volvió a presentar en Zúrich uno de sus roles fetiche con esa carnosidad y ductilidad que la han convertido en la Angelina referencial de las últimas décadas. Desde la canzone “Una volta c’era un re”, pasando por las distintas escenas –¡qué maravilla el quinteto “Signor, una parola”, de lo mejor de la noche– hasta el Rondó final, “Nacqui all’affanno”, todo en Bartoli es puro prodigio y alarde de sabiduría belcantista y de chispeante comicidad. Su Cenerentola es pura frescura y si ha sufrido el paso de los años, es para bien.

"El milagro Camarena se extendió durante toda la velada y ya en su recitativo de entrada y en el dúo 'Un soave non so che' esgrimió una complicidad absoluta con Bartoli"

Para esta digna fiesta Bartoli también quiso rodearse de sus allegados, como esa producción que pasea desde los años 1990 firmada por Cesare Lievi y que, aunque no sorprenda, sí gusta por su efectiva teatralidad. Su habitual en el foso, Gianluca Capuano, también quiso estar en estas funciones, esta vez frente a La Scintilla de Zúrich. Capuano conoce de memoria la partitura, pero en esta reposición pecó de falta de ensayos y eso restaría soltura y brillantez en el juego de las dinámicas y de la coordinación foso-escenario, pasando por algún pequeño escollo.

Cerrarían el elenco el Dandini favorito de Bartoli, el barítono suizo Oliver Widmer, que gustó por su timbre homogéneo, a pesar de algún que otro desajuste en la coloratura que le haría tambalearse en su cavatina de entrada “Come un’ape nei giorni d’aprile”. Por su parte, el veterano Alessandro Corbelli, en un debut tardío en Zúrich, estuvo mucho más adecuado aquí como Don Magnífico, que en sus anteriores prestaciones como Dandini a pesar de que su voz ya suena desgastada y de que abusó de los recursos actorales para suplir las carencias canoras. Finalmente, gustó mucho, a pesar de una ininteligible dicción, el joven bajo Sanislav Vorobyov por un contundente timbre y su notable control técnico y del fraseo que le valió la recompensa del público en “Là dal ciel nell’arcano profondo.