Un 'Pierrot lunaire' neorromántico

Madrid

26 / 02 / 2024 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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sabata pierrot Xavier Sabata en el 'Pierrot Lunaire' de Madrid © Teatro de la Abadía / Antoni MIRÓ
Xavier Sabata en el 'Pierrot Lunaire' de Madrid © Teatro de la Abadía / Antoni MIRÓ
Xavier Sabata en el 'Pierrot Lunaire' de Madrid © Teatro de la Abadía / Antoni MIRÓ

Teatro Real

Schoenberg: PIERROT LUNAIRE

Xavier Sabata, contratenor. Solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real. Dirección musical: Jordi Francés. Dirección de escena: Xavier Sabata. Teatro de la Abadía, 22 de febrero de 2024.

El Pierrot Lunaire de Arnold Schoenberg y Albert Giraud (en traducción y adaptación alemana de Otto Erich Hartleben) se encarama estos días al escenario del Teatro de la Abadía en una producción en la que colabora con el Teatro Real, además del Liceu de Barcelona, donde se estrenó este montaje (ver previa en este enlace). Schoenberg escribió su melodrama en 1912, después de haber trabajado, unos diez años antes, en un famoso local musical y literario de Berlín que le sirvió de inspiración para escribir algunos Brettl Lieder, o canciones de cabaret. Pierrot Lunaire recuperaba aquella inspiración y combinaba, desde la atonalidad plenamente asumida, la atmósfera decadente, perversa y enfermiza propia de la estética de fin de siglo con la acidez, el sarcasmo y la sangrienta ironía del cabaret más o menos intelectualizado.

"El fraseo y la exquisita entonación de Sabata contribuyen a intensificar la partitura, con sus perfectas modulaciones, sus aparentemente fáciles subidas al agudo y la extraordinaria homogeneidad del instrumento, que le permite pasar con naturalidad del susurro al grito"

La representación madrileña, a cargo del fabuloso contratenor Xavier Sabata, cantante y director de escena, deja de lado esta segunda vertiente. Incorpora una primera parte hablada, en el que el intérprete, con los ojos vendados, recita algunos fragmentos de Ovidio relativas al mito de Narciso, para adentrarse luego, siempre vestido con una especie de túnica blanca y subido en una plataforma giratoria, en el soliloquio espasmódico de Pierrot. No resulta fácil encontrar la relación entre Narciso y Pierrot, hasta que se cae en la cuenta de que toda la representación se centra en la tragedia de una enajenación. ¿La de una humanidad que no se reconoce en su mundo? ¿La de la homosexualidad? ¿O tal vez la del registro contratenoril?

Se sabe, en cualquier caso, que Schoenberg escribió su obra “para voz”, sin más indicaciones, aunque desde su estreno suelen interpretarlo actrices o cantantes femeninas. El salto a la voz de contratenor es, por tanto, perfectamente legítima, y de hecho aporta al melancólico personaje venido de la commedia dell’arte un matiz muy especial, teñido de alguna forma de androginia y que el fraseo y la exquisita entonación de Sabata contribuyen a intensificar, con sus perfectas modulaciones, sus aparentemente fáciles subidas al agudo y la extraordinaria homogeneidad del instrumento, que le permite pasar con naturalidad del susurro al grito. Con esta base, no es fácil justificar el recurso a la amplificación, sobre todo en una sala pequeña como la de la Abadía.

Como ocurre siempre, la amplificación distancia y enfría cualquier emoción; sobre todo, convierte una materia transparente y disonante, que pasa sin transición del lirismo al registro chillón y grotesco, en otra densa, retro romántica, propia de un expresionismo neostraussiano. Al menos la fabulosa calidad de los solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real compensó un poco la falta de sentido del humor, tan propia de la expresión artística de hoy. Como ocurre muchas veces (pero no en el estreno), los efectivos instrumentales compartían escenario con el protagonista, aunque esta vez competía con él la posición del gran Jordi Francés, a cargo de la memorable dirección musical. Y hay que decir que en algunas ocasiones sus gestos resultaban más interesantes que la gestualidad de un Pierrot reconvertido en la evocación triste de una tragédienne. Aplausos largos y cálidos de un público entregado.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL