Un Otello 'a la antigua' contra los elementos

Parma

13 / 10 / 2025 - José Luis JIMÉNEZ - Tiempo de lectura: 3 min

verdi parma Brian Jagde como Otello y Mariangela Sicilia como Desdemona © Festival Verdi / Roberto RICCI
verdi parma La nueva producción de 'Otello' de Federico Tiezzi © Festival Verdi / Roberto RICCI
verdi parma Brian Jagde como Otello © Festival Verdi / Roberto RICCI

Festival Verdi

Verdi: OTELLO

Nueva producción

Brian Jagde, Mariangela Sicilia, Ariunbaatar Ganbaatar, Davide Tuscano, Natalia Gavrilan, Francesco Leone, Francesco Pittari (Damiano Lombardo), Alessio Verna, Cesare Lana. Orquesta Filarmónica Arturo Toscanini. Coro y Coro de Voces Blancas del Teatro Regio di Parma. Dirección de escena: Federico Tiezzi. Dirección musical: Roberto Abbado. Teatro Regio de Parma, 11 de octubre de 2025.

No contaban los programadores del Festival Verdi que uno de sus títulos estrella de esta edición iba a verse poco menos que bajo la maledizione de Rigoletto, con un tenor distinto para cada función de las tres representadas de Otello. Fabio Sartori completó los ensayos y estrenó la producción a finales de septiembre, pero cayó enfermo y a partir de ahí todo ha sido un intentar salir del trance, como si encontrar un Moro de garantías para una plaza como Parma sea sencillo. La segunda función la salvó Yusif Eyvazov y esta tercera que se reseña recayó en Brian Jagde, que apunta a definitivo, si nada sucede. De modo que con un aterrizaje tan de último minuto, el desempeño del tenor norteamericano se vio lógicamente condicionado a la hora de complementarse con sus partenaires del elenco, pero también en la batuta de Roberto Abbado, preocupado por arropar al intérprete.

Este contexto tan atribulado bien puede estar detrás de que la batuta pecara de falta de inspiración durante la primera mitad de la ópera, con una dirección rutinaria, sin destellos ni detalles en un Abbado que en el Macbeth de la pasada edición impartió una lección magistral en el foso. El ritmo se sintió correcto, convencional, aunque conforme transcurría la función el foso fue encontrando el color adecuado al drama, desplegando la oscuridad que encierra la partitura. Lo mejor estuvo, sin duda, en el último acto: Abbado se puso al servicio de la Desdemona de Mariangela Sicilia, emocionante en los larguísimos pianissimi de la preghiera, de una expresividad a flor de piel. Extraordinaria, sin más.

"Roberto Abbado se puso al servicio de la Desdemona de Mariangela Sicilia, emocionante en los larguísimos 'pianissimi' de la 'preghiera', de una expresividad a flor de piel"

Contexto aparte, Brian Jagde cantó sin problemas el rol de Otello. Y ya. Cantar, que no interpretar, y eso es un pecado de lesa humanidad verdiana, porque pocos papeles hay en los que el texto tenga un valor tan fundamental. Y hay que saber decirlo (la dicción es mejorable) con un propósito y no únicamente como mero vehículo para exhibir una evidente facilidad en la franja aguda, que Jagde domina con solvencia, apabullante sonoridad y brillo; el centro y el grave se resienten, no obstante. Por otro lado, si se pensaba que la dramaturgia y la psicología de Otello había soltado amarras hace años de los celos y la simple violencia llegando a nuevos puertos como el tormento, la debilidad o el miedo, en esta función se desanduvo ese camino para retroceder al Moro de hace 70 años. Con ese buen material, Jagde debería sacarle mayor partido a su encarnación de un personaje único.

Lo hizo, y de manera muy inteligente, Ariunbaatar Ganbaatar, con una línea de canto sólida y un trabajo del texto concienzudo. Sabía cómo quería decir el Yago y lo consiguió las más de las veces, aunque se podrá alegar que hay margen para refinar todavía más la sinuosidad de la maldad del conspirador, pero el personaje estaba. Un «Credo» poderoso, malicioso en el dúo con Otello… Notable el barítono mongol, de poderoso agudo y centro amplio y robusto. Entre los secundarios, bien cantado el Cassio de Davide Tuscano, tenor de timbre hermoso. Hasta en el comprimariado hubo accidentes: Damiano Lombardo tuvo que cantar las primeras escenas del Roderigo porque Francesco Pittari no llegó a tiempo al teatro… Bien el coro y las voces blancas.

Durante los tres primeros actos, la producción de Federico Tiezzi era la nada con pretensiones: espacios vacíos con fondo negro, una escenografía con apenas dos sillas y una mesa corrida, unas proyecciones de palabras con supuesta hondura (dolor, dios cruel, muerte, destino, hombre…) y unos movimientos sobre el escenario precario y desconcertantes. Fuoco di gioia, un marco de luces rojas y una proyección al fondo de llamas. Poco más que añadir, salvo que nunca se supo de qué iban vestidos los soldados de Otello (¿mecánicos? ¿pilotos de aviación?) o exactamente con qué arma se comete el suicidio final. La salvedad fue el último acto, con una habitación al fondo de la escena que se acercaba poco a poco y que representaba la soledad de Desdemona. * José Luis JIMÉNEZ, crítico de ÓPERA ACTUAL

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