Un opera jazz plausible, pero no resuelta

Washington

16 / 12 / 2021 - Esperanza BERROCAL - Tiempo de lectura: 3 min

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iphigenia-operaactual-washington-spalding (1) Arnold Livingston Geis © Kennedy Center / Jati LINDSAY
iphigenia-operaactual-washington-spalding (1) speranza spalding © Kennedy Center / Jati LINDSAY
iphigenia-operaactual-washington-spalding (1) Una escena de la nueva ópera de speranza spalding © Kennedy Center / Jati LINDSAY

Washington National Opera

Wayne Shorter: IPHIGENIA

Ópera-jazz

esperanza spalding (sic), Brenda Pressley, Arnold Livingston Geis, Brad Walker, Kelly Guerra, Joanna Lynn-Jacobs, Sharmy Musacchio, Nivi Ravi, Alexandra Smither, Samuel White. Dirección musical: Clark Rundell. Dirección de escena: Lileana Blain-Cruz. The Kennedy Center, 12 de diciembre de 2021.

Para los aficionados al jazz, Wayne Shorter y esperanza spalding (cuyo nombre se escribe en minúsculas a petición de la artista) no necesitan introducción alguna. El saxofonista a sus 88 años es considerado uno de los mejores jazzistas de los últimos tiempos con 11 premios Grammy a sus espaldas, mientras que la polifacética cantante, bajista y compositora ha estado presente en el circuito internacional desde 2006, año en el que sacó su primer álbum, entronándose como una de las voces más significativas y rompedoras del jazz actual. La ópera-jazz Iphigenia, es el resultado de una ambiciosa colaboración entre ambos músicos con la Washington National Opera y otras cuatro entidades estadounidenses que participaron en su comisión. Tras su reciente estreno en Boston, se presentaba en Washington con dos únicas funciones y agotadas las entradas para ambas. La respuesta del público, sin duda, resultó alentadora y significativa para aceptar la necesidad de que lleguen aires nuevos a la ópera, abriendo el género a públicos y esferas inalcanzables hace solo unos años.

"Ni la trama ni la música convencen plenamente, muy a pesar de una interpretación de altos vuelos por los solistas y una muy cuidada versión del conjunto dirigido por Clark Rundell"

El libreto de spalding ofrece una versión propia en la que Iphigenia se desdobla en seis personalidades para conducir un discurso válido, aunque muy confuso, sobre temas candentes aludiendo a la violencia y dominación que sufre la mujer en la sociedad actual, al machismo, al movimiento me-too, etc. Para ello en el primer acto cinco mujeres son degolladas una por una en el altar del sacrificio para aplacar la ira de Artemis, o más bien, en versión de spalding, para satisfacer las ansias de poder y dominación masculinas de la mitología griega y del tiempo presente. Así los guerreros griegos marchan como estudiantes borrachos sobre el escenario de manera infantil y desbocada ajenos a la sangrienta carnicería de mujeres. En el segundo acto, las mujeres en solitario se reúnen para compartir sus historias, sus penas y recobrar fuerzas para enfrentarse a un tercer acto (open tense según spalding) donde la resolución del mito abre infinitas posibilidades y la improvisación se adueña del escenario.

En lo musical, Shorter encara la ópera contraponiendo una sección orquestal de densas y coloridas texturas, improvisada y atonal para el primer acto y un trio jazzístico de lujo, eso sí, protagonizado por el pianista Danilo Pérez, el bajista John Patitucci y Brian Blade a cargo de la batería para el segundo acto. En este marco de músicos de primera fila y con una dirección de sueño de Lileana Blain-Cruz contando con la participación en el diseño de exquisitos decorados del arquitecto Frank Gehry, cuesta llegar a la conclusión de un resultado musical y dramático mixto, algo que han admitido spalding y Shorter en sus planes de revisión de la ópera. La verdad es que ni la trama ni la música convencen plenamente, (a la vista está la estampida de un sector del público después del segundo acto), muy a pesar de una interpretación de altos vuelos por los cantantes solistas y una muy cuidada versión del conjunto de cámara dirigido por Clark Rundell. En los roles masculinos, Arnold Livingston Geis (Agamenon), Brad Walker (Menelaos) y Samuel White (Kalchas) dejaron amplia prueba de la calidad y volumen de voces apropiadas, así como las bellísimas voces de las Iphigenias personificadas por Kelly Guerra, Joanna Lynn-Jacobs, Sharmay Musacchio, Nivi Ravi y Alexandra Smither, especialmente en los efectivos arreglos corales a cappella de Caroline Shaw.

La presencia de la mismísima spalding como la sexta Iphigenia vagando por el escenario de manera estática resultó cuestionable. Tampoco estuvo claramente definida la función de Brenda Pressley (Usher) como narradora/comentadora en sus frecuentes idas y venidas por el escenario. De nuevo, bienvenida sea una ópera de esta naturaleza a un escenario rancio en repertorio y poco dado a la provocación intelectual y sonora, pero es de esperar que la revisión de esta obra consiga objetivos más claros como promete.  * Esperanza BERROCAL, crítica en Washington de ÓPERA ACTUAL