Un milagro en lunes de mano de Savall

Barcelona

23 / 06 / 2021 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 2 min

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Jordi Savall / operaactual.com Jordi Savall dirigió la Misa en Si menor en L'Auditori © FUNDACIÓCIMA

Llums d'Antiga

Bach: MISA EN SI MENOR

Hana Blazíková, soprano. Sophie Harmsen, mezzosoprano. Raffaele Pe, contratenor. Martin Platz, tenor. Thomas Stimmel, bajo. Capella Reial de Catalunya. Le Concert des Nations. Dirección: Jordi Savall. Auditori, 21 de junio de 2021.

Si Jordi Savall se ha identificado de manera especialmente íntima con alguna obra musical en los últimos años ha sido, sin duda, con la Misa en Si menor, de Johann Sebastian Bach. Tanto su extraordinaria grabación, publicada en 2012 por el sello AliaVox, como un documental precisamente sobre la devoción del artista por dicha obra así lo atestiguan. Pero, por si quedaba alguna duda, el pasado lunes, en el Auditori de Barcelona y con motivo del Concierto de Clausura del ciclo Llums d’Antiga, el músico de Igualada, en un momento de clarividencia musical esplendoroso, obró el milagro con una versión de la misa latina de Bach absolutamente estremecedora. Al frente de los conjuntos que ha creado durante su dilatada y brillante carrera, Savall regaló una lectura grandiosa, llena de claroscuros y matices, que puso en pie a un público que llenó el aforo disponible del Auditori y que siguió el oficio con silencio litúrgico y devoción bachiana.

Arrancó Savall el majestuoso Kyrie al frente de un Le Concert des Nations y una Capella Reial de Catalunya involucrados, intensos y precisos desde el primer momento. El músico catalán, como se sabe, no es director orquestal por formación, aunque lleve ejerciendo como tal muchos años. Su gesto es sencillo, si cabe cada vez más austero, limitándose a marcar el tempo y a subrayar algunos acentos. No le hace falta mucho más pues el trabajo, detallado y detallista, se ha hecho en los ensayos y tanto el conjunto instrumental como la formación coral le conocen a la perfección y saben lo que busca y lo que exige su director.

"El magma sonoro del 'Kyrie' inicial marcó las coordenadas expresivas en las que se desarrolló una versión con momentos sobrecogedores, especialmente en los grandes fragmentos corales"

El magma sonoro del «Kyrie» inicial marcó las coordenadas expresivas en las que se desarrolló una versión con momentos sobrecogedores, especialmente en los grandes fragmentos corales. La extraordinaria afinación, cohesión y flexibilidad de La Capella Reial de Catalunya así como el sabio juego de planos sonoros propuestos por la batuta, fueron los elementos clave de esta inolvidable lectura. Y no menos, la perfecta adaptación sonora del conjunto a la acústica del Auditori, labor no siempre fácil pero en esta ocasión magníficamente resuelta.

La sala de máquinas, Le Concert des Nations con el imprescindible Manfredo Kraemer al mando, mostró en todo momento un empastado sonido y perfecta articulación a lo que hay que sumar brillantes intervenciones solistas. Cabe destacar, en ese sentido, las magníficas intervenciones de Marc Hantaï a la flauta o el oboe de Alessandro Pique, así como el expresivo acompañamiento del aria del bajo por parte de Xavier Puertas al contrabajo. El pequeño lunar, los problemas del corno da caccia en «Quoniam tu solus sanctus», la otra intervención solista del bajo Thomas Stimmel.

El quinteto solista se caracterizó por atesorar las características habituales de los reunidos por Savall para sus producciones. No son cantantes con grandes voces en cuanto a proyección, pero sí equilibradas y, como intérpretes, deben poseer musicalidad y dominio estilístico. Precisamente Stimmel representa a la perfección estas características, pues salvó todos los escollos de su difícil parte de manera notable, aunque la voz, pese a su belleza, mostrase falta de proyección. La soprano Hana Blazhíková exhibió un timbre cristalino, de enorme personalidad; solo se le puede reprochar a su buena actuación ciertas estridencias en un par de notas agudas. En cambio, Sophie Harmsen, impecable en lo que respecta a la línea de canto, careció de mayor contundencia en el registro grave. Ideal por color, fraseo y estilo el tenor Martin Platz. Pero quien se llevó las mayores ovaciones del plantel vocal, y merecidamente, fue el contratenor Raffaele Pe; no es habitual que la voz con mayor proyección sea la de su cuerda, pero la de Pe corrió por la sala del Auditori con sorprendente facilidad y penetración. Si a eso se le añade la perfecta ejecución de todas las exigencias técnicas y una línea de canto expresiva y elegante, el resultado es la actuación redonda de un intérprete al que habrá que seguir con atención. * Antoni COLOMER, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL