Un inteligente y sensible Mozart recortado

Salzburgo

21 / 08 / 2020 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

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Una imagen de la minimalista e inteligente producción de Christof Loy © Salzburg Festpiele / Monika RITTERSHAUS
Elsa Dreisig (Fiordiligi) y Bogdan Volkov (Ferrando), magníficos protagonistas © Salzburg Festpiele / Monika RITTERSHAUS
Johannes Martin Kränzle encarnó a un imponente Don Alfonso © Salzburg Festpiele / Monika RITTERSHAUS

Festival de Salzburgo

Mozart: COSÌ FAN TUTTE

100º Aniversario del festival

Elsa Dreisig, Marianne Crebassa, Andrè Schuen, Bogdan Volkov, Lea Desandre, Johannes Martin Kränzle. Dirección: Joana Mallwitz. Dirección de escena: Christof Loy. Grosses Festspielhaus, 18 de agosto de 2020.

Mozart no podía estar ausente de las celebraciones por el centenario del Festival de Salzburgo, así que una de las dos únicas producciones operísticas de la programación ha correspondido al hijo más famoso de la ciudad. Una producción de Così fan tutte  levantada, como quien dice, en cuatro días, una vez la dirección del festival tuvo que modificar todos sus planes por culpa de la pandemia. Las restricciones que la situación sanitaria ha traído consigo (los espectáculos no podían tener entreacto) como corolario la aplicación de numerosos cortes en la partitura, en recitativos sobre todo, pero también números completos o fragmentos de los que se han mantenido. Un ejercicio que fue menos doloroso de lo esperado gracias a la inteligencia de la puesta en escena y la sensibilidad de la dirección musical.

"Christof Loy evidencia de nuevo porque es uno de los mejores directores de la actualidad, con una ajustada caracterización de cada personaje y de sus interrelaciones para dejar al descubierto las capas ocultas de unos sentimientos contradictorios"

Christof Loy evidencia de nuevo porque es uno de los mejores directores de la actualidad, con una ajustada caracterización de cada personaje y de sus interrelaciones para dejar al descubierto las capas ocultas de unos sentimientos contradictorios. Sin excesos bufonescos, pero tampoco sin transcendentalismos vacuos, el director alemán dibuja con trazo fino la movilidad perturbadora de los afectos de los protagonistas hasta llegar a un final de aparente reconciliación y tintes agridulces. No es la primera vez que el Grosses Festspielhaus acoge una ópera que está en las antípodas de las características de un espacio desmesurado, pero el decorado de Johannes Leiacker (un muro blanco con puertas, tras el cual, como una visión fugaz, aparece un gran árbol) delimita bien la acción cerca del foso, mientras que el vestuario en blanco y negro de Barbara Drosihn admite toques de color en la aparición de los falsos albaneses.

Un reparto joven y homogéneo encajó a la perfección en el concepto de Loy. La Fiordiligi de Elsa Dreisig y la Dorabella de Marianne Crebassa se complementaron sin problema: la primera de voz luminosa, capaz de superar los escollos de sus dos arias, la segunda de timbre carnoso y expresión franca. Parecido contraste se producía en sus contrapartidas masculinas, ya que los acentos melifluos del Ferrando de Bogdan Volkov tenían el contrapunto del canto vigoroso y la voz bien timbrada del Guglielmo de Andrè Schuen. Lea Desandre fue una Despina ágil, con una bien dosificada comicidad, mientras que la nota veterana la aportaba Johannes Martin Kränzle, Don Alfonso más escéptico que cínico. Los anales recordarán que con este Così fan tutte el Festival de Salzburgo contaba por primera vez en 100 años con una directora de orquesta al frente de una producción operística. Joana Mallwitz no se limitó a ser un simple dato estadístico, ya que, pese a los cortes, firmó una versión de impecable pulso dramático, sin dejar de estar atenta a los pasajes más envolventes de la partitura. La Filarmónica de Viena le brindó su sonido más sedoso.