Un Idomeneo entre lo vibrante y lo errático

Ginebra

07 / 03 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 3 min

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mozart ginebra La nueva producción de Sidi Larbi Cherkaoui de 'Idomeneo' © GTG / Filip VAN ROE
mozart ginebra La nueva producción de Sidi Larbi Cherkaoui de 'Idomeneo' © GTG / Filip VAN ROE
mozart ginebra La nueva producción de Sidi Larbi Cherkaoui de 'Idomeneo' © GTG / Filip VAN ROE

Grand Théâtre de Genève

Mozart: IDOMENEO, RE DI CRETA

Nueva producción

Bernard Richter, Lea Desandre, Federica Lombardi, Giulia Semenzato, Omar Mancini, Luca Bernard, William Meinert, Mayako Ito, Mi Young Kim, David Webb, Rodrigo García. Dirección musical: Leonardo García Alarcón. Dirección de escena: Sidi Larbi Cherkaoui. 3 de marzo de 2024.

Conjunción de artes, innovación y reinterpretación se dieron cita en la nueva producción del Grand Théâtre de Genève firmada por el reputado coreógrafo belga Sidi Larbi Cherkaoui de la tercera ópera seria de Mozart, Idomeneo, re di Creta. Su propuesta desafía la tradición mitológica y el libreto de Varesco, optando por una narrativa en la cual los límites entre la fidelidad histórica y la libertad artística se difuminan. En una relectura audaz, el director de la compañía de danza de la casa —que acaba de cosechar un sonoro éxito en su paso por el Liceu— transforma la esencia de la ópera en una adaptación marcada por la controversia y el arte de la danza, con bailarines del Grand Théâtre y de la propia compañía de Cherkaoui, Eastman, tejiendo un tapiz de emociones a través de un concepto estético de poderoso impacto.

La colaboración en la puesta en escena con la artista Chiharu Shiota introduce un universo visual fascinante, dominado por una red de cuerdas, telas y estructuras de hierro que, junto al vestuario del diseñador de moda Yuima Nakazato, constituyeron una innegable conmoción estética. Sin embargo, la apuesta de Shiota, junto con una coreografía que busca fundirse con la partitura de Mozart, en ocasiones desviaba la atención de la narrativa central y de la música. A diferencia de producciones anteriores que lograron una armonía entre coreografía y canto —como ese maravilloso Pelléas (ver crítica en este enlace)—, aquí la dirección de Cherkaoui se sumerge en la danza eclipsando en ocasiones la música y complicando a los cantantes su desempeño vocal.

En todo caso, y aunque no todos los elementos confluyeron armoniosamente, la producción resulta un testimonio de la exploración artística y el desafío de los límites tradicionales, reiterando la relevancia de la ópera en el diálogo cultural contemporáneo y navegando entre momentos de pura genialidad y otros de confusión estilística, particularmente en las interpretaciones coreográficas que lucharon por armonizar con las exigencias vocales.

"La dirección de Leonardo García Alarcón emerge como un pilar de excelencia, con unos 'tempi' bien marcados, vibrantes, pero nunca apresurados y un juego de dinámicas trepidantes, amén de un fraseo glorioso, consiguió sacar lo mejor de su formación"

Mientras algunos solistas vocales como Lea Desandre (Idamante) —con sólida formación en danza— y Giulia Semenzato —maravillosa Illia— lograban hacer suya la propuesta, otros encontraron dificultades en la conjunción del canto con el movimiento, haciendo evidentes las dificultades que conlleva fusionar ópera y danza contemporánea. Desandre se marcó un debut en el rol por todo lo alto, con una interpretación soberbia ya desde su aria de entrada, Non ho colpa”, o en “Il padre adorato”, empastándose maravillosamente en el quartetto “Andrò, amico, e solo”. Lástima que Bernard Richter fuera un insuficiente Idomeneo, rozando el fastidio, en un atentado al estilo patente en una imposible “Fuor del mar”. Federica Lombardi resultó maravillosa como Elettra en sus tres difíciles páginas, despertando el entusiasmo en la célebre “D’Oreste, d’Aiace”. Por su parte, Omar Mancini como Arbace dejó una mejor impresión aquí que en su participación en el título anterior, en un rol nada fácil. Muy solventes también se mostraron Luca Bernard (Sumo Sacerdote) y William Meinert como Oráculo.

Con todo, si hubo un auténtico protagonista en este Idomeneo, este fue sin duda el director argentino Leonardo García Alarcón, manteniendo desde el podio la música del genio de Salzburgo en el epicentro; su dirección emergió como un pilar de excelencia, con unos tempi bien marcados, vibrantes, pero nunca apresurados, y un juego de dinámicas trepidantes, amén de un fraseo glorioso que consiguió sacar lo mejor de su formación, la Cappella Mediterranea, y de la Orchestre de Chambre de Genève: maravillosas las cuerdas y las maderas. Por su parte, el coro, que aquí tiene una importante presencia, no terminó de imponerse, con algunos desajustes de afinación y coordinación.  * Albert GARRIGA, corresponsal en Ginebra de ÓPERA ACTUAL