CRÍTICAS
NACIONAL
Un gran prólogo bien vale una verbena
Sevilla
Teatro de La Maestranza
Bretón: LA VERBENA DE LA PALOMA
Borja Quizá, Carmen Romeu, Emilio Sánchez, Amparo Navarro, Ana San Martín, Manuel de Diego, Rafa Castejón, Gurutze Beitia, Sara Salado. Coro del Teatro de la Maestranza. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Dirección musical: Lucía Marín. Dirección de escena: Nuria Castejón. 28 de marzo de 2025.
Tal vez por lo popular del título, desde luego que también por la conveniente actualización a la que somete la mayoría de sus producciones el Teatro de La Zarzuela, lo cierto es que el llamado género chico goza de una relativa buena salud y tiene fieles seguidores (en diferentes generaciones) a resultas de la buena acogida dispensada a estas tres funciones de La verbena de la Paloma (ver previa en este enlace) en el Teatro de La Maestranza. Parte (grande) de lo mejor de esta escenificación es su inesperado prólogo, un teatro de unos tres cuartos de hora en el que se recrea lo que pudo ser el ensayo a la última función del desaparecido Teatro Apolo de la madrileña calle Alcalá antes de que un banco se hiciera con el edificio. Pergeñado sagazmente por el dramaturgo Álvaro Tato, la comicidad de esta larga introducción viene muy heredada de lo mejor de la comedia de situación española. Personajes malhumorados transitan la escena presos de los nervios entre números musicales prestados de títulos olvidados como El año pasado por agua y El pobre Balbuena entre otros. Concluyó con un emotivo epílogo en el que se reivindicó la pervivencia de todos aquellos compositores de zarzuela en tanto que, al margen de los espacios, sigan existiendo actores, cantantes y personas que quieran revivir aquellas historias, puso el efectivo punto final a este sainete.
Fue entonces cuando arrancó la célebre Verbena. Una producción que escénicamente no reinterpreta nada: escenarios realistas de un convencionalismo de guardarropía que se encuentran con una dirección de actores incluso deficiente en la que se dejan intactos todos los casticismos trasnochados del libreto; no en vano antes esto ya se había anticipado cuando una de las integrantes del elenco indicó que sería el respetable el encargado de enjuiciar lo que muchos años antes se daba por válido. La propuesta escénica de Nuria Castejón sí se beneficia de una iluminación detallista de Albert Faura que cobró especial pertinencia en el número flamenco de la soleá, interpretada con garra por Sara Salado y bien bailado por Cristina Arias. En el podio, Lucía Marín marcó muchos compases e hizo cuanto pudo para que la partitura de Bretón adquiriera barniz de musical con una ejecución rutilante, aseverativa, aun a riesgo de tapar algunas voces. La Sinfónica de Sevilla la acompañó aseadamente, la música es la que es, y con una correcta concertación sale adelante y llega al público.
Borja Quizá tiene una canónica voz de barítono que controló y con la que fraseó elegantemente, si bien su expresividad global fue algo pálida; como si no acabara de estar del todo allí actoralmente hablando. Voz de centro denso, bien timbrada y con capacidad de proyección, Carmen Romeu supo dar color aquí y allá, aunque anduvo algo justa de agudos. Muy aplaudido Emilio Sánchez, un Hilarión ideal en comicidad y con mucho saber estar sobre las tablas. A Manuel de Diego la orquesta le eclipsó, lo que no es habitual porque de volumen no está precisamente corto. Ana San Martín elevó a su pequeño personaje de Casta gracias a unas intervenciones divertidas y de buen nivel canoro. Tirando de veteranía y de sus muchas horas de vuelo, Amparo Navarro, aun a riesgo de cierta hiperafectación, ganó por vis cómica y entrega. * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL
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