Un correcto ‘Così apoyado en la compenetración de las voces

Valladolid

05 / 02 / 2024 - Agustín ACHÚCARRO - Tiempo de lectura: 3 min

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cosi valladolid La producción de 'Così fan tutte' de Rafael R. Villalobos en el Teatro Calderón de Valladolid © Teatro Calderón
cosi valladolid La producción de 'Così fan tutte' de Rafael R. Villalobos en el Teatro Calderón de Valladolid © Teatro Calderón
cosi valladolid La producción de 'Così fan tutte' de Rafael R. Villalobos en el Teatro Calderón de Valladolid © Teatro Calderón

Teatro Calderón

Mozart: COSÌ FAN TUTTE

Jaquelina Livieri, Carmen Artaza, Josep-Ramon Olivé, Joel Prieto, Paula Mendoza, Enric Martínez-Castignani, Yolanda Calzada y Vivi Atienza. Dirección musical: Carlos Aragón. Dirección de escena: Rafael R. Villalobos. 31 de enero de 2024.

Fue este un Così fan tutte que se basó en la corrección de los cantantes, término utilizado aquí en el sentido más favorable, pues los intérpretes principales realizaron una labor encomiable que se notó en el empaste de las voces en conjunto y en la manera de estar en el escenario, tanto en lo vocal como en su faceta de actores. La escenografía del montaje estrenado en el Maestranza sevillano, la dirección escénica de Rafael R. Villalobos y el diseño de vestuario contribuyeron a lo dicho (ver previa en este enlace). Un espacio con una simetría atractiva, de perspectiva fugada en ángulo, una luminosidad que contribuyó a la narración, con detalles tales como las sombras proyectadas de los personajes, y un vestuario colorista y colorido caracterizaron una propuesta eficiente, aunque detalles como empezar el segundo acto con una grabación de la canción People, cortada bruscamente por el comienzo de la música de Mozart, resultaran prescindibles.

Le faltó a esta ópera, en todo caso, un foso con más hechuras, cosa que curiosamente benefició la labor de los cantantes, al no verse tapados por el volumen orquestal. El contar con una plantilla formada tan solo por algo más de una treintena de músicos, con las características de una sala como la del Teatro Calderón, implicó que la orquesta no siempre se escuchara adecuadamente, sobre todo en los números de conjunto. Y esto, más allá de otras consideraciones, contribuyó a que dinámicas, articulación, matices y el juego de colores quedaran difuminados. Todo esto conllevó a que la Orquesta Vespres d’Arnadí saliera lastrada de inicio. A estas circunstancias se sumaron el hecho de que no se hilaran con precisión los raudos dibujos sonoros de la obertura en los intercambios entre vientos y maderas, y se notaran desajustes en algunas de las intervenciones solistas. No se trata de denostar la labor de la orquesta, sino señalar que esta ópera requiere más miembros y cualidades sobresalientes para sortear las dificultades de su partitura. No faltó buena disposición y entrega, con un empeño encomiable desde el podio de Carlos Aragón por concertar una labor meritoria, con momentos lúcidos, como en la escena final, pero se precisó algo más.

"Jaquelina Livieri sorteó con soltura, sin arrugarse, la complicadísima aria 'Per pietà, ben mio perdona' de Fiordiligi y Joel Prieto, Ferrando, cantó con gusto y sentido del 'legato' su ¡Un'aura amorosa'"

En el apartado vocal, Jaquelina Livieri sorteó con soltura, sin arrugarse, la complicadísima “Per pietà, ben mio perdona” de Fiordiligi y Joel Prieto, Ferrando, cantó con gusto y sentido del legato su “Un’aura amorosa”. Empuje y determinación puso Josep-Ramon Olivé, Guglielmo, en “Donne miei, le fate a tanti” a lo que habría que sumar el buen gusto y empaste en sus dúos. A las dos parejas de enamorados se unió Paula Mendoza, que interpretó con soltura el personaje de Despina en su vertiente vocal y de actriz. Su encarnación de la criada se caracterizó por su versatilidad y capacidad de matizaciones: vivaracha, pero con un punto ácido; empleó una emisión fresca en el agudo, mientras el centro sonaba sugestivo. Sirva a modo de ejemplo su interpretación de “Una donna a quindice anni”.

A los protagonistas se sumó un desenvuelto Don Alfonso interpretado por Enric Martínez-Castignani. Pero más que reseñar un determinado momento de las interpretaciones, lo destacable surgió del hecho de que no desfallecieron en ningún momento, la ya citada corrección, que cantaran muy acoplados las partes de conjunto y sacaran a flote el ambivalente carácter de los personajes: la comedia, casi siempre de la mano del drama y el trasfondo de las relaciones humanas. El Coro Calderón lírico se comportó de manera efectiva en sus intervenciones desde los proscenios.

Es de esperar que la ópera no tenga solo una representación por temporada en el  Calderón, sino que esté presente durante todo el año, y que vuelva la zarzuela.  * Agustin ACHÚCARRO, corresponsal en Valladolid de ÓPERA ACTUAL