Un diluvio benéfico y controlado

Palma

11 / 12 / 2019 - Pere BUJOSA - Tiempo de lectura: 3 min

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Teatre Principal

Britten: EL DILUVIO DE NOÉ

Lírica en Navidad

Johan Schinkler, Carol García, Xim Vidal, Jordi Fontana, Sergio Fresneda, Biel Mas, Camila Durán, Laura Modglin, Maria del Mar Vives. Dirección: Pablo Mielgo. Dirección de escena: Carles Pujols. 6 de diciembre de 2019.

El Teatre Principal ofreció una única función de esta pequeña ópera del gran maestro inglés del siglo XX Benjamin Britten, aunque pequeña solo por su duración, que no por su contenido. La obra que se inserta en la sección compositiva del autor dedicada a “jovenes voces” como solía denominarlo a menudo él mismo.

"El conjunto coral, compuesto por el coro juvenil y el coro infantil de la casa, alcanzó un gran nivel tanto por la calidad vocal –además en la lengua inglesa que les es menos familiar– como por su movimiento escénico"

Al ser una obra eminentemente coral, lo que más importa es que las escenas que componen la historia fluyan con el conjunto de voces formando una unidad escénica. El coro juvenil y el coro infantil de la casa alcanzaron un gran nivel tanto por la calidad vocal –además en la lengua inglesa que les es menos familiar– como por su movimiento escénico, demostrando ser una excelente cantera para las representaciones operísticas del coliseo mallorquín.

De la misma manera destacó el trío de voces masculinas representando a los hijos de Noé y el de voces femeninas como las nueras. El bajo sueco Johan Schinkler dio vida al personaje bíblico manteniendo el hilo de la historia de forma excelente en lo vocal y muy convincente en lo actoral. Carol García, que dejó un magnífico recuerdo como Rosina en la temporada 2016, cumplió con creces en su papel de esposa de Noé. Muy efectivo el movimiento escénico ideado por Carles Pujols complementado por material visual y una escenografía simple.

Al frente de la denominada Pequeña Sinfónica, un conjunto conformado por maestros de la Simfònica de la Balears y alumnos aventajados del Conservatorio de las islas, Pablo Mielgo consiguió esa unidad del espectáculo que hizo realidad la máxima que de la misma forma que no hay papel pequeño tampoco hay obra pequeña si el resultado es gratificante y profesional.