Un cumpleaños con reina

A Coruña

14 / 09 / 2022 - José Luis JIMÉNEZ - Tiempo de lectura: 4 min

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amigosdeoperadeacoruña-galalirica (1) Un momento de la gala lírica en A Coruña © Amigos de la Ópera de A Coruña / Alfonso REGO
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Amigos de la Ópera de A Coruña

Gala Lírica LXX aniversario

Angela Meade, Veronika Dzhioeva, Mónica Redondo, Borja Quiza, Luiz Ottavio Faria, Moisés Marín. Orquesta Sinfónica de Galicia. Coro Gaos. Dirección: José Miguel Pérez-Sierra. Teatro Colón, 10 de septiembre de 2022.

Amigos de la Ópera de A Coruña está celebrando en este 2022 su septuagésimo aniversario, un cumpleaños al alcance de muy pocas asociaciones líricas del país, y que habla a las claras de una larga tradición en la ciudad. Desde que Cristino Álvarez y cuatro amigos idearon en 1952 la primera programación alrededor de una mesa en el Sporting Club han pasado siete décadas en las que los aficionados coruñeses han vivido distintas etapas, pero que consolidaron a la ciudad como una de las capitales de la lírica española, creando afición. Kraus, Caballé, Bergonzi, Luchetti, Taddei, Cappuccilli, Gulín o Carreras fueron nombres que glosaron las programaciones de los primeros 25 años. Tras una época de cierto ostracismo, Amigos de la Ópera recuperó el pulso con el nuevo milenio y la llegada de Natalia Lamas a la presidencia, quien confió las programaciones a César Wonenburger, director artístico hasta este año en el que cedió el testigo a Aquiles Machado.

En estas últimas dos décadas, los Amigos han esquivado las limitaciones de presupuesto con abundantes dosis de audacia para recuperar un notable esplendor. Y esta gala venía a poner el broche a esta breve historia de prestigio recuperado.

"Angela Meade se convirtió en la gran protagonista de la gala con dos momentos estelares: la 'cabaletta' final de 'Roberto Devereux' y una preciosista versión de 'Ebben? Ne andrò lontana' de 'La Wally'"

Quizás para tal magna celebración hubiera sido más lucido invitar a nombres de mayor relevancia, como los que han frecuentado las programaciones en las últimas ediciones. De nuevo, el obstáculo presupuestario. Se optó por contar con los intérpretes de esta temporada, y hay una sensación de que el festejo pudo ser más de lo que fue, aunque la encargada de darle lustre fue Angela Meade. La soprano se convirtió en la gran protagonista de la gala con dos momentos estelares, una cabaletta final del Roberto Devereux, “Quel sangue versato”, intensa, exhibiendo una voz plena en todo el registro, y coronada con un sobreagudo que llenó el recoleto Teatro Colón (inexplicable, por otra parte, que no sirviera la escena completa), y ya al final de la gala, una preciosista “Ebben? Ne andrò lontana”, de La Wally, con un canto más íntimo, vulnerable y más cálido de lo habitual.

Del resto de las intervenciones hubo algunas pinceladas interesantes, como escuchar a la contralto Mónica Redondo interpretar “Amour! Viens aider ma faiblesse”, del Samson et Dalila, exhibiendo un instrumento notable en centro y agudo, de gran sonoridad y robustez, aunque algo desguarnecido en el grave. Pero su Dalila impone respeto. O el buen hacer de la soprano rusa Veronika Dzhioeva, que sobre todo mostró su capacidad para un canto variado en “Io son l’umille ancella”, de la Adriana Lecouvreur, con medias voces y pasajes en pianissimi, con las que compensar un timbre cuyo esmalte muestra leves síntomas de cansancio. La intérprete y el oficio se imponen a las circunstancias. Soprano y contralto protagonizaron el dúo «Perché mi guardi e piangi», de la Zelmira rossiniana, uno de los momentos intimistas de la gala.

Menos brillo en la gran escena de Rodrigo de Posa a cargo de Borja Quiza; la voz tiene suficiente presencia, pero se intuye un oscurecimiento artificial. Sigue sin percibirse ductilidad, lo que impide que haya el necesario juego de dinámicas en una página que precisa de canto a media voz y delicadeza en la emisión. Fue, en todo caso, muy aplaudido. Moisés Marín acometió el “Eccomi a Voi” del La donna del lago rossiniana con un resultado desigual; la voz no es de baritenor y no corrió por la sala como días atrás. El registro central y grave resuena, no así el primer agudo, y el sobreagudo se notó algo tenso. Por último, el bajo Luiz-Ottavio Faria entonó con corrección “Son lo spirito che nega” del Mefistofele.

Muy discreto el Coro Gaos, el habitual en las últimas temporadas, en sus dos páginas, “L’Asia in faville è volta” de Aureliano in Palmira y el “Patria oppressa” del Macbeth verdiano. Escaso de presencia.

José Miguel Pérez-Sierra, convertido en director principal invitado de las temporadas coruñesas, aportó momentos de indudable interés, como los colores que consiguió de la Sinfónica de Galicia en el Intermezzo de la Adriana Lecouvreur y en la sinfonía inicial de Aureliano in Palmira, página que el astuto Rossini recicló por dos veces, primero para Elisabetta regina d’Ingilterra y, posteriormente, para inmortalizarla en Il barbiere di Siviglia. La batuta estuvo muy pendiente de los cantantes, norma de la casa. En los bises, el director español se dirigió al público para dedicar el “Va, pensiero”, cantado por solistas y coro, «a los pueblos que sufren la guerra», con la imagen de Ucrania muy presente. La gala estuvo dedicada a Antón de Santiago, excantante, profesor de canto, divulgador y crítico local, muy querido en la ciudad, que falleció este año.  * José Luis JIMÉNEZ, corresponsal en A Coruña de ÓPERA ACTUAL