Un 'Camarenavirus' en Les Arts

Valencia

06 / 02 / 2020 - César RUS - Tiempo de lectura: 3 min

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Javier Camarena El tenor mexicano Javier Camarena © Jonathan MURÓ

Palau de la Música / Palau de Les Arts

Recital JAVIER CAMARENA

Obas de Gounod, Lalo, Donizetti, Rossini, Flotow, Cilea. Javier Camarena, tenor. Ángel Rodríguez, piano. 4 de febrero de 2020.

Javier Camarena debutó con este concierto en Valencia, en el escenario del Palau de Les Arts, aunque el concierto estaba programado por el Palau de la Música (que sigue cerrado). Había una gran expectación por escucharlo y las entradas, al menos de venta anticipada, estaban agotadas desde hacía semanas. Lamentablemente, y por un error de gestión, las dos primeras filas estaban casi vacías pues salieron a la venta el mismo día. En cualquier caso, Valencia ansiaba escuchar al tenor mexicano y le recibió con un amplio aplauso, de esos que están reservados solo a los artistas que ya son conocidos por el público de una ciudad. Sin embargo, la repercusión mediática del cantante y las expectativas se redujeron cuando el tenor se dirigió al público para comunicar que no se encontraba bien y sufría un problema que le provocaba tos (como en Barcelona, donde comenzó la gira hace dos semanas), pero que aun así afrontaría el programa y si hubiese algún cambio lo comunicaría: “Vamos viendo”, dijo literalmente el tenor.

"Javier Camarena posee un magistral dominio de la respiración, una impostación impecable y una magnífica capacidad de proyección. Además, es de los tenores que con más inteligencia resuelven el pasaje, de manera que en su canto habitual, ya hay poco margen para el error"

Pese a tales circunstancias, la primera parte se resolvió sin ningún cambio. Es cierto que se percibía algún ataque sucio, alguna flema o alguna dureza, pero quedaron en mera anécdota. Y es que cuando un cantante es poseedor de una técnica superlativa, un resfriado sirve solo de prueba para demostrar ese dominio. Javier Camarena posee un magistral dominio de la respiración, una impostación impecable y una magnífica capacidad de proyección. Además, es de los tenores que con más inteligencia resuelven el pasaje, de manera que en su canto habitual, ya hay poco margen para el error. Es casi infalible. Un resfriado solo le hace humano. Y así, fue resolviendo cada dificultad técnica de manera sobresaliente, incluyendo el do del aria de Faust o la reiterada repetición de la nota en la famosa aria de La fille du regiment. No obstante, sí que hubo de alterar el programa en la segunda parte, probablemente para reducir un poco su duración y no tentar a la suerte.

Así, en lugar de la escena de Ricciardo e Zoraide, interpretó el aria de La Cenerentola, muy aplaudida por el público. También sustituyó la escena de Alfredo de Traviata por el Lamento de Federico, una página que, probablemente, estaba pensada como bis.

Ese sentido de la economía, le permitió mantener energías para ofrecer cuatro bises, todos de música mexicana. Comenzó con un guiño a la ciudad cantando Valencia de Lara, una canción que, por cierto, se conoce más en América que en la ciudad española. A continuación el huapango Malagueña, Cielito lindo y El Rey, en estas dos últimas el público se unió al canto. Destacó en su dominio del falsete en la Malagueña reproduciendo las exhibiciones propias de los cantantes de mariachi. El pianista Ángel Rodríguez acompañó con exquisitez al cantante.