Un Brahms radical con Gerhaher

Madrid

23 / 12 / 2022 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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geroldhuber-operaactual-teatrodelazarzuela-1.jpg Christian Gerhaher y Gerold Huber en La Zarzuela © CNDM / Rafa Martín
geroldhuber-operaactual-teatrodelazarzuela-1.jpg Christian Gerhaher y Gerold Huber en La Zarzuela © CNDM / Rafa Martín

Centro Nacional de Difusión Musical

Recital de CHRISTIAN GERHAHER

XXIX Ciclo de 'Lied'

Obras de Johannes Brahms. Gerold Huber, piano. Teatro de La Zarzuela, 19 de diciembre de 2022.

Poco navideño se presentaba el nuevo recital dedicado a Brahms del muy admirado Christian Gerhaher, con su fiel acompañante Gerold Huber, en el XXIX Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical en el Teatro de La Zarzuela. Y así fue, sobre todo en la primera parte, con las Nueve canciones y cantos, Op. 32 y los Cuatro cantos serios, Op. 121. Entre los dos ciclos, hay un intervalo de más de 30 años, pero ambos testimonian, con una seriedad absoluta, un designio de compromiso vital total. Así es como los aborda Gerhaher: sin la menor concesión al adorno y con la seguridad de que la belleza surgirá naturalmente de la radical sinceridad del artista para abordar un campo expresivo en apariencia muy estrecho, pero lleno, en realidad, de sugestiones y matices.

El recorrido por todas las variaciones de la desesperación del Opus 32 (“Nunca más volver a verte” o “Me arrastro de acá para allá”, entre otros títulos) culmina con el tono un poco menos sombrío de “Wie bist du, meine Königin” (“Cómo estás, reina mía”), aunque también aquí la muerte, en brazos de la amada, acabe resumiendo el ideal del artista. Los Cuatro cantos serios llevan esta inspiración hasta el final, con un Brahms enfrentado a una muerte inminente y buscando el aliento poético en la traducción de las Sagradas Escrituras por Lutero. Gerhaher afronta estas páginas con despojamiento y austeridad, sin caer en el melodrama ni en la truculencia: el fabuloso centro de la voz, con ese color, y esa suavidad y esa dulzura tan características, permiten una forma de reconciliación que no se evade del estricto planteamiento expresivo. El drama vital queda trascendido a fuerza de profundidad y de interiorización y permite desbordamientos emocionales puros, de orden casi cósmico. Hace falta un artista como Gerhaher, con su absoluto dominio de la expresividad, para alcanzar estas regiones.

"Gerhaher alcanzó una cima extraordinaria, cantando a media voz, con pianísimos increíbles, la tristeza otoñal"

La segunda parte ofreció un recorrido variado de la obra liederística de Brahms entre los dos ciclos de la primera. La abrió la nostálgica y autorreferencial “Meine Lieder” (Mis canciones”), en la que la tristeza se tiñe de nostalgia consoladora. “Treue Liebe” (“Amor fiel”) roza el melodrama, con un piano y una protagonista, entre muchacha suicida y sirenita, desmelenadamente románticos. Menos mal que con “Die Mainacht” (“La noche de mayo”) llegó la evocación de los ruiseñores y con la preciosa “Lerchengesang” (“Canción de la alondra”), las aladas canciones de las alondras. En “Herbstgefühl” (“Sensación de otoño”), Gerhaher alcanzó una cima extraordinaria, cantando a media voz, con pianísimos increíbles, la tristeza otoñal. La prestación parecía desmentir la afección que al parecer sufría el barítono y que apenas se notó.

Como es habitual, el acompañamiento de Gerold Huber estuvo a la altura de su compañero: un piano refinado, expresivo, que convierte en emoción las dificultades a que Brahms lo somete y que no duda en emplear todos los registros, desde el más contenido al más virtuosístico. Después de su extraordinario Schumann, está claro que el dúo va a enfrentar a un Brahms nuevo, humano, rescatado de la tentación de la seriedad lúgubre. El público premió con un gran éxito a dos artistas que se cuentan, muy merecidamente, entre sus favoritos.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL