CRÍTICAS
NACIONAL
Un ‘Barbero’… ¡Por los pelos!
Oviedo
Ópera de Oviedo
Rossini: IL BARBIERE DI SIVIGLIA
Nueva producción
Nico Darmanin, Karina Demurova, Germán Olvera, David Menéndez, Fernando Latorre, Isaac Galán, Aarón Martín, Yolanda Montoussé. Orquesta Oviedo Filarmonía. Dirección musical: Lucía Marín. Dirección de escena: Rita Cosentino. Teatro Campoamor, 5 de octubre de 2024.
El Barbero de Sevilla es una de las óperas más conocidas del panorama lírico, lo que la convierte en una peligrosa arma de doble filo donde cada paso debe estar concienzudamente estudiado para obtener los resultados deseados. No ocurrió así en esta nueva producción propia de la Ópera de Oviedo (ver previa en este enlace) estrenada anoche en el Campoamor, segundo título de la temporada de la capital ovetense. La directora de escena Rita Cosentino recreó los espacios de la ópera a través de cuatro grandes cubos potenciados por una sobresaliente iluminación y un vestuario que, dentro de esa caja de muñecas, no casaba con el mobiliario, pero sí conformaba un todo de cierta armonía estética. No obstante, se consignó cierto inmovilismo escénico, con un balcón desaprovechado para el desenlace de la ópera.
En el aspecto musical las dudas se acrecentaron. Nico Darmanin no convenció vocalmente como el Conde de Almaviva; de menos a más, a lo largo de la función sus coloraturas resultaron algo forzadas y adoleció de mayor elegancia en los fraseos para desplegar toda la belleza del bel canto rossiniano en, por ejemplo, la serenata “Si el mio nome saper”. Por su parte, la Rosina encarnada por la mezzosoprano Karina Demurova exhibió un amplio y poderoso registro central, para interpretar –con cierta sobriedad– el aria “Una voce poco fa”, en la cual se habría agradecido mayor atrevimiento en los agudos. Afortunadamente Germán Olvera fue un barbero poderoso que llenó la escena en cada una de sus intervenciones, tanto a nivel lírico como actoral: su “Largo al factótum de la città” evidenció un poderoso fiato y su comodidad en el rol de Figaro. Además, el barítono mexicano empleó unos parlatos –algo apresurados– en los recitativos, que revistieron de interés sus intervenciones.
La producción fue salvada por Olvera y los mal llamados secundarios, aquí fundamentales, porque David Menéndez también sobresalió en el papel de Don Bartolo: el barítono asturiano, con la vis cómica que le caracteriza, plasmó la malhumorada personalidad del viejo tutor con asombrosa facilidad. Rotundo en proyección y con una extraordinaria dicción, ni el ingente texto ni la endiablada velocidad de la cabaletta “Signorina un’altra volta” pusieron a prueba su trabajada habilidad para la articulación.
Igualmente acertado estuvo Fernando Latorre como Don Basilio; con una voz robusta y un timbre atractivo repleto de armónicos, su versión de la popular aria de “La calunnia” fue uno de los grandes momentos de la velada. Del mismo modo, Isaac Galán ejerció como un Fiorello de muchas garantías, mientras que el papel de Berta fue desempeñado con brillantez por Yolanda Montoussé; la soprano se lució en su aria, recreándose acertadamente en el lirismo de esta página rossiniana y en la picardía de su personaje. Partiquinos y bailarines aportaron dinamismo a la escena y ejercieron un trabajo intachable.
Lucía Marín comandaba musicalmente el montaje; esta no es para nada una partitura sencilla, eso ya se sabe, y se percibieron ligeros desajustes entre el foso –donde la OFIL no parecía derrochar la frescura habitual– y la escena que la maestra jiennense tuvo que solventar. Seguramente, en previsión de estos problemas, optó por unos tempi más laxos para tratar de contener a los intérpretes en las cabalettas y los finales. El coro Titular de la Ópera de Oviedo (coro Intermezzo) cumplió con las exigencias del guion a través de voces bien empastadas y una proyección adecuada. * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL





