Un asesino en serie ronda por la familia de los Atridas

Hamburgo

13 / 12 / 2021 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

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elektra-operaactual-hamburg (1) Jennifer Holloway (Chrysothemis) y Aušrinė Stundytė © Staatsoper Hamburg / Monika RITTERSHAUS
elektra-operaactual-hamburg (1) Aušrinė Stundytė (Elektra) y Violeta Urmana (Klytämnestra) © Staatsoper Hamburg / Monika RITTERSHAUS
elektra-operaactual-hamburg (1) Una escena del nuevo montaje de Dmitry Chernyakov © Staatsoper Hamburg / Monika RITTERSHAUS

Staatsoper Hamburg

Strauss: ELEKTRA

Nueva producción

Aušrine Stundyté, Violeta Urmana, Jennifer Holloway, John Daszak, Lauri Vasar. Dirección musical: Kent Nagano. Dirección de escena: Dimitri Cherniakov. 11 de diciembre de 2021.

Una familia unida por una muerte violenta, esta es la imagen final que ofrece la nueva producción de Elektra en la Staatsoper de Hamburgo, un montaje que ha visto finalmente la luz tras más de un año de aplazamiento a causa de la pandemia. Fiel a su estilo, Dimitri Cherniakov ofrece una pirueta argumental con un resultado, en esta ocasión, no del todo convincente. El director ruso firma también, como es costumbre, la escenografía, una mansión burguesa recreada con detalle por la que deambula Elektra y sus traumas. El peso del padre asesinado queda ya en evidencia en el primer monólogo, durante el cual la protagonista, vestida con el gran abrigo del progenitor, lo pone sobre un maniquí sentado en una mesa en la que dispone sus juguetes de infancia.

La dirección de actores de Cherniakov mueve con precisión la trama, siguiendo caminos más o menos previsibles (la relación entre Elektra y su hermana) a excepción de una Klytämnestra convertida aquí en una anciana senil, de pelo escaso, vestida con batín y zapatillas (el vestuario es de Elena Zaytseva). Nadie le anuncia la supuesta muerte de Orest, con lo que se evitan las risas histéricas de tantas intérpretes, así como sus demandas de más luz. El giro argumental se consuma con la llegada del hermano largamente esperado. Los sobretítulos proyectan un aviso de la policía, advirtiendo de la presencia de un peligroso asesino en serie, violento y manipulador. Los hechos lo confirman: Orest no solo acaba brutalmente con su madre y con Aegisth, también con Chrysothemis, y sienta sus sanguinolentos cuerpos en la mesa junto al maniquí de Agammemnon y a una Elektra exánime tras su danza triunfal. El último monstruo de una familia monstruosa culmina su obra.

"Su Elektra vive con todo su cuerpo, en cada gesto, en cada movimiento, el dolor de un alma destrozada, pero, la sensación es que la voz no es la óptima para el papel, por densidad limitada en centro y grave"

Aušrine Stundyté encuentra en esta producción mejores ocasiones para mostrar su talento escénico que en el montaje que ha protagonizado durante dos años en Salzburgo. Su Elektra vive con todo su cuerpo, en cada gesto, en cada movimiento, el dolor de un alma destrozada, pero, como en el festival austríaco, la sensación es que la voz no es la óptima para el papel, por densidad limitada en centro y grave. En Hamburgo, además, la parte aún era más extenuante a causa de la apertura de algunos de los cortes habituales. Con todo, la inteligencia en el fraseo y la entrega absoluta de la soprano lituana merecen todos los respetos. Jennifer Holloway fue una Chrysothemis de canto más preciso que cálido, Violeta Urmana encarnó a una Klytämnestra de voz aún opulenta, Lauri Vasar interpretó a un Orest de gélida implacabilidad y John Daszak a un Aegisth conscientemente repelente. Bien conjuntado el extenso equipo encargado de la miríada de pequeños papeles.

Kent Nagano, director musical del teatro hamburgués, combinó la mirada analítica, iluminando gran cantidad de detalles de la imponente partitura straussiana con un controlado aliento lírico que tuvo su mejor plasmación en la escena del reconocimiento de Orest por parte de Elektra. La efusividad que emanaba del foso y la ductilidad del canto de Stundyté se aliaron en un momento cargado de emoción, una pausa necesaria antes de la explosión sangrienta final.  * Xavier CESTER, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL