Un afortunado baile de máscaras

Valladolid

06 / 02 / 2020 - Agustín ACHÚCARRO - Tiempo de lectura: 3 min

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Angelo Villari, que sustituyó a José Bros, ofreció un excelente nivel © Teatro Calderón
María Teresa Leva encarnó a la protagonsita maravillosamente © Teatro Calderón
El Coro Calderón Lírica cumplió con creces © Teatro Calderón

Teatro Calderón

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

Angelo Villari, Damián del Castillo, María Teresa Leva, Nicole Piccolomini, Arantza Ezenarro, José Julián Frontal, Luis López, Javier Castañeda y Quintín Bueno. Dirección: Michelangelo Mazza. Dirección de escena: Fabio Ceresa. 2 de febrero de 2020.

El Teatro Calderón brindó una convincente versión de Un ballo in maschera, tras esperar más de diez minutos a que se solucionara un problema técnico informático. El elemento generador de resultados tan positivos empezó con la labor realizada por el director Michelangelo Mazza, quien supo equilibrar, desde el preludio inicial, los pasajes más líricos con el anuncio de la tragedia final, que acabó imponiéndose. Con su dirección consiguió una articulación precisa, los colores más oportunos, un juego de dinámicas muy relevante e incidió en acentuar los prototipos que representan los personajes. Tal vez pudo requerirse mayor tensión en algunos momentos. Para su labor dispuso de una acertada Sinfónica de Castilla y León, incluidos los músicos que tocaron el interno.

La producción de la Ópera Estatal de Hungría reflejó un ambiente habitualmente oscuro, salvo en la fiesta final, y en líneas generales dio la sensación de que podría valer para diversas óperas, aunque no se perdió la teatralidad. Los simbolismos –ángel negro, ángel blanco, la congelación del movimiento del coro–, no dejaron de ser opciones recurrentes que en este contexto no resultaban originales. Quizá sí tuviera sentido sacar el magnicidio de Gustavo III al gabinete con el que se inicia la ópera y fuera menos explicable que la gruta de la adivina, con un fondo arbolado, fuera un fumadero de opio de ambiente oriental. El director de escena Fabio Ceresa consiguió que los intérpretes se desenvolvieran con facilidad por el escenario. Se contó con un vestuario algo abigarrado pero vistoso, que resultó poco creíble en la escena de Ulrica.

"El tenor Angelo Villari, que llegó a última hora para sustituir a un José Bros enfermo, cantó con una voz resplandeciente, grande y extensa, redeondeando sus momentos estelares"

La ópera no funciona sin voces y en esta ocasión las hubo. El tenor Angelo Villari ­–que llegó a última hora para sustituir a un José Bros enfermo–  pareció no tener ningún problema con su papel. Como Gustavo III, y más allá de alguna brusquedad, cantó con una voz resplandeciente, grande y extensa, redondeando sus momentos estelares. Tan solo apareció cierto vibrato excesivo, posiblemente producto del lógico cansancio, en la escena previa al baile, sin que eso le impidiera abordar las exigencias de su “Forse la soglia attinse”, y volver a estar pleno de voz en la conclusión. Un momento álgido se produjo en el dúo con Amelia, por cómo expresaron la mezcla entretejida de amor y culpa.

María Teresa Leva le dio a la coprotagonista ese carácter continuamente sufriente, atormentado, llevándolo con recursos canoros muy solventes. Damián del Castillo destacó por un registro baritonal pleno, lo que le permitió dotarle a Renato de ese carácter noble que por las circunstancias se convierte en vengativo. Dejó en todo momento patentes sus cualidades vocales, ajustándose a la partitura con rigor, incluido su “Eri tu”, aria en la que posiblemente pudo acentuar más los contrastes entre el odio y los recuerdos felices teñidos de amargura.

La Ulrica de Nicole Piccolomini se perdió en un canto estrangulado y forzado en exceso, que le impidió resolver con más nitidez sus pasajes menos tensos. Arantza Ezenarro imprimió a Óscar todo ese encanto que el personaje posee. A los cantantes que adoptaron los personajes de los conspiradores les faltó mayor empaste entre sus voces, a veces tonantes, y matizar más sus partes. El Coro Calderón Lírico cumplió con su cometido y encaró positivamente el protagonismo que le exigió la partitura. Una representación exitosa, con lleno en las tres funciones.