'Tutto' Jaho en el Auditorio Príncipe Felipe

Oviedo

16 / 01 / 2024 - Pablo GALLEGO - Tiempo de lectura: 4 min

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jaho oviedo Ermonale Jaho, acompañada de la Orquesta Filarmonía © Oviedo Filarmonía

Auditorio Príncipe Felipe

Concierto con ERMONELA JAHO

Obras de Verdi, Cilea, Mascagni, Puccini, Catalani y Mahler. Lucas Macías, director. Oviedo Filarmonía. 12 de enero de 2024.

Al modo que Floria Tosca canta en la famosa ópera que Puccini le dedicó, la idea de Vivir del arte puede materializarse de maneras diversas. Lo hacen quienes se dedican a él como forma de trabajo y sustento, pero también quienes visitan museos, compran libros, cómics o entradas para funciones de teatro, o se entregan a la música cuando en ella hay verdad y un apreciable hálito de vida. A través de quienes la interpretan, la partitura cobra vida, y sus notas vibran en el aire de la sala de concierto hasta impactar en el oyente con un poderoso resultado: hacer sentir. Vivir, en definitiva, y con el arte y la cultura como eje. Si algo fue evidente en el recital que la soprano Ermonela Jaho ha protagonizado en esta temporada de Los Conciertos del Auditorio fue su enorme capacidad para hacer de la música algo físico y capaz de trascender. Convertirla en algo —carnal, espiritual— que pasa de la página escrita a la vivencia consciente de quien la escucha. Es la suya una voz capaz no solo de emocionar hasta las lágrimas (el descarnado “Addio del passato” con el que cerró la primera parte de su concierto dio buena cuenta de ello entre el público que abarrotaba la sala), sino también de construir, en el aire, la casetta sobre una colina de Nagasaki en la que Madama Butterfly espera la llegada de un buque, el apartamento parisino en el que Violetta Valéry pasa sus últimas horas o la celda de Suor Angelica a las afueras de Siena.

Esta forma de vivir y hacer vivir el canto quedó también reflejada en su decisión de ampliar el repertorio previsto para suplir la ausencia del tenor Antonio Corianò que, ya en Oviedo y poco más de 24 horas antes del concierto, tuvo que cancelar su participación en la gala debido a una “repentina y severa afección respiratoria”, tal y como informó la Fundación Municipal de Cultura, entidad organizadora del ciclo con Cosme Marina como responsable artístico. Una generosidad que el público —apenas algunas butacas libres en las últimas filas del anfiteatro, sobre un espacio total de 1.500 localidades— le devolvió en aplausos, ya desde su primera aparición sobre el escenario. Una mezcla de agradecimiento por su gesta y por la incontestable calidad interpretativa derrochada en este tour de force para soprano. Una velada en la que nada quedó en el tintero y que terminó con el público en pie hasta en tres ocasiones, junto con la sensación de que la conexión ovetense de Jaho no ha escrito aún su doble barra final.

"Una velada en la que nada quedó en el tintero y que terminó con el público en pie hasta en tres ocasiones, junto con la sensación de que la conexión ovetense de Ermonela Jaho no ha escrito aún su doble barra final"

Con “Io sono l’umile ancella”, de Adriana Lecouvreur, la soprano albanesa abrió el apartado vocal de este Tutto Jaho –con permiso de la orquesta Oviedo Filarmonía, comandada por su director titular, Lucas Macías— dejando claro cuáles son los puntos fuertes de su instrumento: ataques dulces y en su punto exacto, pianos casi eternos y reguladores cargados de intención dramática para llorar cantando. El “Ave Maria” del Otello verdiano y, de La rondine, “Chi il bel sogno di Doretta” compusieron junto al aria de La traviata una primera parte de brillante desempeño y que, de forma global, superó a la segunda. A desatacar también, antes de la pausa, la interpretación por parte de la sinfónica ovetense del Intermezzo de Cavalleria rusticana. La formación, a pocos días de celebrar su 25º aniversario, brilló de forma especial, ya en la segunda parte, con el Adagietto de la Sinfonía N.º 5 en Do sostenido menor de Gustav Mahler, tratado por el maestro Macías y su plantilla como una delicada filigrana musical.

Salvo en los difíciles compases finales de “Un bel dì, vedremo”, donde el músculo orquestal pareció retar en volumen a la soprano; o leves desajustes en el aria de Tosca, Oviedo Filarmonía y su titular arroparon con entrega y experiencia la difícil labor de Ermonela Jaho, cuya conexión con las dolientes heroínas puccinianas —compositor al que dedicó de forma especial la segunda parte del programa, salvo un “Ebben?… Ne andro lontana” de La Wally de Catalani de impecable factura— forma ya parte indisoluble de su sello como artista. Con ello, la soprano parece asumir, con el mismo nivel de sacrificio que Liù en Turandot, el peaje vocal que estas exigentes partituras cobran a cada intérprete que las encarna. El coste de vivir del arte. Que sea por muchos años.  * Pablo GALLEGO, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL