Triunfo absoluto de Radvanovsky en el Euskalduna

Bilbao

04 / 05 / 2021 - José Miguel BALZOLA - Tiempo de lectura: 2.5 min

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Sondra Radvanovsky Sondra Radvanovsky y Vicenzo Scalera en un instante del recital ofrecido en el curso de ABAO Bilbao Opera © ABAO Bilbao Opera

ABAO Bilbao Opera

Recital de SONDRA RADVANOVSKY

ABAO On Stage

Obras de Caccini, Gluck, Durante, Bellini, Verdi, Puccini, Giordano. Vicenzo Scalera, piano. Palacio Euskalduna, 1 de mayo de 2021.

El magnífico recital que con un largo y cuidadosamente elegido programa ofreció la inconmensurable soprano canadiense de origen estadounidense Sondra Radvanovsky, de la mano del bien conocido pianista, repertorista y acompañante, Vincenzo Scalera, solo podría calificarse de triunfal.

"Pianísimos casi sobrecogedores, agudos atacados con seguridad y fuerza, una musicalidad y línea de canto incomparables en que destacaron los 'crescendi' y 'diminuendi' cautivadores por la finura y graduada y uniforme continuidad"

La velada comenzó con un aria del compositor italiano del siglo XVI Giulio Caccini, bella canción para preludio de la conocida y preciosa aria «O del mio dolce amor» de Paride ed Elena, de Gluck, en la que Radvanovsky mostró la sedosidad de su voz, su excelente control de fiato en el cantar en pianísimo y, ya, abiertamente, la extraordinaria calidad y fuerza en los registros medio y agudo de un ancho rango muy igual en el timbre y en toda la extensión de la tesitura. Después, tres canciones de Bellini fueron el aperitivo para la escena final de Imogene en Il Pirata, una apoteosis de voz y de canto lleno de pasión, expresión y musicalidad. Fue a más, aún, esta soprano –sobresaliente en todo– cuando atacó después arias de Il Trovatore e I vespri siciliani de Verdi, y de Manon Lescaut de Puccini, para terminar el programa con «La mamma morta» de Andrea Chenier de Giordano. Pianísimos casi sobrecogedores, agudos atacados con seguridad y fuerza, una musicalidad y línea de canto incomparables en que destacaron los crescendi y diminuendi cautivadores por la finura y graduada y uniforme continuidad. Y si en los pianísimos la cantante mostró su control absoluto, en los agudos en forte destacó la espléndida potencia y brillantez que mantuvo más allá incluso de las notas del acompañamiento.

El público, encendido, entregado y aplaudiendo a rabiar, parecía que haría caerse el teatro, pero pudo oír aún algo impresionante –a tono con, o lo mejor de la sesión–, en medio de los tres bises que Radvanovsky tuvo la amabilidad de conceder: un «Vissi d’arte» con el que, simplemente, tocó el cielo. Una vez más Vicenzo Scalera, con su sabiduría de músico experto en todo lo que es ópera, dejó muy clara la importancia fundamental de un buen pianista en este tipo de espectáculos.