Triunfal debut de Sara Blanch en el Palau de la Música

Barcelona

06 / 05 / 2024 - Jaume RADIGALES - Tiempo de lectura: 2 min

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Blanch Guinovart Sara Blanch y Albert Guinovart © Palau de la Música Catalana / Antoni BOFILL
Blanch Sara Blanch © Palau de la Música Catalana / Antoni BOFILL
Blanch Guinovart Sara Blanch y Albert Guinovart © Palau de la Música Catalana / Antoni BOFILL
Blanch Guinovart Sara Blanch y Albert Guinovart © Palau de la Música Catalana / Antoni BOFILL

Palau de la Música Catalana

Recital SARA BLANCH

Palau Grans Veus

Obras de Guinovart, Montsalvatge, Debussy, Delibes, Gounod, Massenet y Thomas. Sara Blanch, soprano. Albert Guinovart, piano. 2 de mayo de 2024.

Ya conocida y muy aplaudida por el público barcelonés en diversas funciones liceístas, y a punto para su debut en La Scala milanesa después de haber actuado triunfalmente en la Ópera de Viena, la soprano Sara Blanch aún no había actuado en solitario en el barcelonés Palau de la Música Catalana. Lo había hecho colectivamente y como miembro del Cor Jove de l’Orfeó Català, pero le faltaba esta puesta de largo para terminar de consagrarse en la capital catalana.

"Sara Blanch va a lo que va, sin artificios ni tapujos. Y lo hace bien, hasta el punto de ser una artista muy completa"

La ocasión fue la más propicia, porque Blanch, Premio ÓPERA ACTUAL 2016, se encuentra en un momento esplendoroso de su carrera. Y ello es debido a que, a sus dotes naturales, bien dosificadas y fruto de un férreo y disciplinado trabajo, se une la inteligencia y la sencillez de un carácter que la aleja de la figura de la diva caprichosa. Sara Blanch va a lo que va, sin artificios ni tapujos. Y lo hace bien, hasta el punto de ser una artista muy completa, más allá de una mera –y por otra parte excelente– cantante. Para este debut tan sonado en el Palau, la soprano catalana contó con el mejor cómplice en estas lides, el pianista y compositor Albert Guinovart, muy experimentado en acompañamiento de instrumentistas y de cantantes; sin ir más lejos, actuó en diversas ocasiones al lado de Victoria de los Ángeles.

Sara Blanch abrió fuego con cuatro deliciosas canciones del mismo Guinovart. Pronto se dieron muestras de sinuosidades marca de la casa, de ese dominio de los reguladores y del buen gusto y la seguridad que siempre caracterizan las interpretaciones de la cantante. Matizó bien y con el justo punto de soltura antillana tres de las Cinco canciones negras de Montsalvatge, antes de cuatro mélodies de Claude Debussy, entre las que sobresalió la circense “Pantomime”, con exhibición de coloratura que Blanch también sentenció en “Les filles des Cadix”.

Ya en la segunda parte, platos fuertes operísticos de Gounod (Roméo et Juliette y Faust), Massenet (Thaïs) y sobre todo una descollante escena de la locura de Ophélie del Hamlet de Thomas terminaron con el público en pie, ovacionando a la joven artista. Blanch fue una Ophélie para enloquecer (nunca mejor dicho) por su dominio de las tablas, por la sabia y comedida concesión a lo escénico con esas flores que compartió con algún espectador y sobre todo por un canto pulcro, diáfano, natural y técnicamente irreprochable. Una noche para el recuerdo. * Jaume RADIGALES, crítico de ÓPERA ACTUAL