'Tosca', con entusiasmo y arte

Nancy

27 / 06 / 2022 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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tosca-nancy-operaactual (1) Una escena de la producción de Silvia Saoli © Opéra National de Lorraine / Jean-Louis FERNÁNDEZ
tosca-nancy-operaactual (1) Salome Jicia como Floria © Opéra National de Lorraine / Jean-Louis FERNÁNDEZ

Opéra National de Lorraine

Puccini: TOSCA

Nueva producción

Salome Jicia, Rame Lahaj, Daniel Miroslaw, Tomasz Kumięga, Daniele Terenzi, Marc Larcher, Jean–Vincent Blot y otros. Dirección musical: Antonello Allemandi. Dirección de escena: Silvia Paoli. 24 de junio 2022.

En esta Tosca de la Opéra national de Lorraine, Antonello Allemandi controló solistas, orquesta y coro con discreción y la maestría que se le conoce; siempre atento a las exigencias y a las dificultades de los cantantes, que no fueron pocas, el maestro mantuvo las intensidades sonoras sin salirse de la raya en los momentos de mayor fuerza y consiguió incesantes cambios de ritmo con aparente facilidad.

Si el arte y la ciencia reinaron en el foso, en el escenario rebosaron el entusiasmo y las ganas de quedar bien. Los personajes secundarios, por obedecer a la directora de escena, no escatimaron actitudes teatrales exageradas, con lo cual casi cayeron en la pantomima. Los tres personajes principales impusieron vocalmente el decibelio, el calderón y el pathos como formas principales de expresión. En estas condiciones era previsible que el diálogo del segundo acto entre la cantante torturada y el barón enardecido fuese el ápex de la velada: uno y otra mostraron sus temperamentos en un tira y afloja de gran intensidad y aunque no se entendiera palabra de lo que Salome Jicia –Tosca– iba diciendo y que la brillantez del timbre de Daniel Miroslaw –Scarpia– negara la bajeza de sus intenciones, crearon emoción, que era en definitiva lo que buscaba el autor. A Rame Lahaj –Cavaradossi–, actor de buena presencia y pocos recursos dramáticos, le traicionó su timbre, entre metálico y nasal, así como el efectismo que buscaba a cada una de sus intervenciones, probablemente por falta de medios vocales. Gritó el “Vittoria, vittoria!”, aunque con convicción, pero sus dos arias principales llegaron a la sala sin pena ni gloria.

"Silvia Paoli solucionó con gran dureza sí, pero con gran acierto teatral también, el final de la difícil escena conclusiva del segundo acto"

Silvia Paoli, la directora de escena, probablemente pecó de falta de ignorancia, como sucede tantas veces con otros registas cuando la obra topa con la Iglesia (Don Carlo, Cavalleria…). Ellos saben de su absolutista presencia pasada en Occidente y de sus malos tratos en algún momento histórico, y buscan cómo integrar esta imagen amenazadora y negativa en la trama aunque sea a destiempo y con calzador. Y así, para crear ambiente la directora ilustró el Te Deum –cántico triunfal de acción de gracias– con una estampa multitudinaria e ingenua de la crucifixión – para más inri el Te Deum está prohibido en Semana Santa–, vistió al sacristán –Daniele Terenzi– de cura, al verdugo Sciarrone –JeanVincent Blot– de cardenal (sotana, bonete y fajín rojos), e invitó a un par de otros cardenales a la cena de Scarpia en un local (¿su despacho?) presidido por una inmensa cruz latina, en le cual actuaron de camareras unas monjitas muy condescendientes para con la libido del gobernador de Roma. Como punto positivo, no se niegue que Paoli solucionó con gran dureza sí, pero con gran acierto teatral también, el final de la difícil escena conclusiva del segundo acto.

Los personajes evolucionaron en una escenografía –de Andrea Belli– vacía, de fondo blanco, por descontado sin ninguna alusión a los lugares señalados en el libreto. El coro infantil estuvo reforzado por adultos vestidos de monja o de cura lo cual realzó, quizás excesivamente, sus intervenciones. El Te Deum del coro de la casa –que dirige Guillaume Fauchère– fue un momento musical emocionante por sus dimensiones, la justeza y la vibración que supo darle Allemandi desde el podio.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL