'Tosca' con 'bis' para despedir el curso

Madrid

05 / 07 / 2021 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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tosca radvanovsky / operaactual.com Una escena de la producción de Paco Azorín © Teatro Real / Javier DEL REAL
tosca radvanovsky / operaactual.com Joseph Calleja y Sondra Radvanovsky © Teatro Real / Javier DEL REAL
Tosca Real / operaactual.com Carlos Álvarez y Sondra Radvanovsky © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Puccini: TOSCA

Sondra Radvanovsky, Joseph Calleja, Carlos Álvarez, Gerardo Bullón, Valeriano Lanchas, Mikel Atxalandabaso, David Lagares, Inés Ballesteros, Luis López Navarro. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real. Pequeños Cantores de la JORCAM. Dirección musical: Nicola Luisotti. Dirección de escena: Paco Azorín. 4 de julio de 2021.

La extraordinaria temporada 2020-2021 del Real que en cierto sentido arrancó con una Traviata cargada de emociones, termina con una Tosca extraordinaria… Sobre todo en lo musical. Brilló hasta lo indecible la soprano Sondra Radvanovsky que creó, literalmente, una mujer que va del capricho a la reflexión introspectiva y a la voluntad de venganza sin perder ese lado tan pucciniano –y tan toscano, se podría decir–, de superdiva con el que afronta su popular salto final al vacío. Una voz perfectamente calibrada, densa y homogénea, sin el menor problema en el volumen, le permitió afrontar las evocaciones amorosas junto con su pintor, la brutalidad del enfrentamiento con Scarpia y el «Vissi d’arte», del que cantó una versión memorable en modo confesional y afirmativo al tiempo, sutil y dramática, muy femenina, con detalles de canto casi inverosímiles, pero nada histriónicos, y que tuvo que bisar para calmar el entusiasmo del público.

El fabulosamente versátil Carlos Álvarez es, por temperamento y por vocalidad, tan grave y tan noble, el intérprete ideal de un Scarpia inteligente, lector aprovechado de Maquiavelo, irónico y feroz con la diva cuando hiciera falta. Por desgracia, no logró superar una puesta en escena unívoca y no muy sofisticada en esto. Se agradece el esfuerzo. Joseph Calleja, de voz amplia, dúctil, buen legato y gran dignidad expresiva consiguió sacar adelante a un Cavaradossi creíble, que es lo máximo que se le puede pedir al voluntarioso pintor, superando algún pequeño traspié en «Recondita armonia». Perfecto, con la retranca imprescindible, el sacristán de Valeriano Lanchas y muy bien el pobre Angelotti de Gerardo Bullón. Estupendos Mikel Atxalandabaso, David Lagares, Inés Ballesteros y Luis López Navarro.

"Brilló hasta lo indecible la soprano Sondra Radvanovsky que creó, literalmente, una mujer que va del capricho a la reflexión introspectiva y a la voluntad de venganza sin perder ese lado tan pucciniano"

Lo mejor de la puesta en escena de Paco Azorín, que ya se ha presentado en varios teatros, es aquella que deja a los cantantes casi encima del foso, lo que les permite una libertad que tres grandes artistas como son los protagonistas de esta producción supieron aprovechar. No resulta tan atractivo el pesado y oscuro armatoste que pasa de ser el altar de Sant’Andrea della Valle a convertirse en una cárcel sórdida (con intenciones simbólicas, como no puede ser menos) en Sant’Angelo. Cierto que la proyección de unos eslóganes sacados de algún pequeño Libro Rojo y una señorita que se paseaba desnuda en representación de la Revolución (Francesa, evidentemente) aportaban el toque kitsch y picante que en la ópera siempre es bienvenido.

Muy bien los coros –muy divertido el de los niños– y fabulosa la Orquesta Titular, a la que Nicola Luisotti, con un control infalible, exigió un máximo rendimiento en dinámicas, colores y variedad expresiva. Hubo momentos en los que, con una orquesta a este nivel y una dirección musical tan limpia, tan teatral y tan explosiva, todo parecía sobrar. Buen final de temporada, por tanto, aunque ahora habrá que esperar el o la valiente que se atreva con una Tosca contrarrevolucionaria.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL