Teodor Currentzis deslumbra con el 'Réquiem' de Mozart

Barcelona

14 / 03 / 2024 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 3 min.

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Currentzis MuscAeterna Teodor Currentzis © Ibercamera / Mario WURZBURGER

Auditori

REQUIEM de Mozart

40ª temporada de Ibercámara

Elizaveta Sveshnikova (soprano), Andrey Nemzer (contratenor), Egor Semenkov (tenor), Alexey Tikhomirov (bajo), Olga Pashchenko (fortepiano). Orquesta y Coro MusicAeterna. Dirección: Teodor Currentzis. 11 de marzo de 2024.

La gira española de Teodor Currentzis y su orquesta y coro MusicAeterna presentaba como plato principal una obra tan emblemática como el Réquiem de Mozart con los altos estándares a que tiene acostumbrado a sus seguidores el personalísimo director greco-ruso. Y verdaderamente no defraudó a un público entregado, que llenó completamente los auditorios de Madrid y Barcelona en los que se presentó, decretando todo un éxito.

Habría que suponer que por un tema de duración, la obra póstuma del compositor de Salzburgo estuvo precedida por el Concierto para piano y orquesta Nº. 24 de Mozart a cargo de la clavecinista y pianista rusa Olga Pashchenko. Se trata de uno de los dos conciertos para piano en una tonalidad menor que, a priori, pueden funcionar perfectamente con el Réquiem, y además al programarlo se cubría otro flanco no menos importante en el apartado político, ya que como primera propina tocó el primer movimiento –el resto se ha perdido– del Concierto para clave en re mayor de Dmitro Bortniansky, compositor, cantante y director musical ucraniano que tuvo una importante presencia en Rusia como director de la Capilla Imperial Rusa con el zar Pablo I, por lo que se trata de un músico muy considerado tanto en Ucrania como en Rusia.

El problema de esta extensa primera parte vino de la práctica habitual de MusicAeterna de la utilización de instrumentos de época, por lo que se optó por una copia de un pianoforte Anton Walter, como explicó la propia Pashchenko. Una decisión arriesgada, ya que un instrumento de estas características no suele utilizarse en un concierto como este ante más de las dos mil personas que caben en una sala como la Pau Casals del Auditori de Barcelona, que acogió el concierto con las entradas agotadas. Para tratar de solucionar el problema se optó por la amplificación del teclado, resultando un sonido artificial que parecía más cercano al de un clavecín que al de un pianoforte. Y a pesar de la excelente dirección de Currentzis y de la extraordinaria labor de la pianista, al final la entrega acabó siendo muy desigual, destacando la apasionada lectura del director, siempre atento a los ataques, dinámicas y expresividad del conjunto, junto a la pericia de Pashchenko, con gran agilidad en la digitación y en las dinámicas, pero sin un conseguir el adecuado contraste entre las notas en forte o en piano y con un sonido nada conjuntado, por volumen y sonoridad, con la orquesta. La intérprete, en todo caso, recibió numerosos aplausos y ofreció una segunda propina, el tercer movimiento de la sonata Claro de luna de Beethoven,  que interpretó con gran virtuosismo, con una vertiginosa rapidez, solo posible de escuchar en este tipo de pianoforte, pero algo fuera del verdadero espíritu beethoveniano.

Currentzis MuscAeterna Teodor Currentzis y Olga Pashchenko (pianoforte) © Ibercamera / Mario WURZBURGER

Tras el descanso el ambiente y la actuación tomaron un cariz mucho más solemne y extraordinario, como es habitual en las actuaciones del prestigioso y controvertido director. Las luces de la sala se apagaron completamente y en la más absoluta oscuridad, un pequeño punto de tenue luz dejó entrever a tres miembros del coro que ofrecieron una letanía monódica del texto del Introitus. Un momento de reflexión para lo que había de venir, que aun tuvo algo más de espera, ya que una vez iluminado el escenario (con el público en penumbra), dio inicio otra obra en Do menor, la Música fúnebre masónica K 477, a modo de nuevo preludio y tras ella, de forma continuada, por fin el famoso Introitus compuesto por Mozart que inicia el Réquiem.

Teodor Currentzis, que ofrece una comunión espiritual más allá de lo puramente artístico con su formación, demostró una vez más su capacidad para trascender una lectura musical al uso y ofrecer algo excepcional, presentando la popular obra con una tensión e intensidad sorprendentes. La suya fue una interpretación excepcional con un gran juego en las dinámicas, perfectamente trabajadas para sorprender al espectador, para hacerle disfrutar de una lectura musical que va tomando fuerza, se va moldeando movimiento a movimiento; sonaron espectaculares el Dies irae y el Tuba mirum, y bellísimo e intenso el Lacrymosa que Currentzis hace finalizar con el añadido de la fuga sobre la palabra Amén que el compositor dejó inacabada y que varios especialistas consideran que era el final que quería Mozart para la obra. Todo ello construido sobre una base muy sólida, que es la perfecta conjunción musical entre una orquesta de unos 50 músicos y el coro, de 40 cantantes, que parecen ir al unísono en cuantas direcciones les marca la ampulosa gestualidad de Currentzis. Una lectura rica en contrastes, que ofrece una visión mucho más completa, profunda y espectacular de la genial y controvertida partitura de Mozart finalizada por su discípulo, Franz Xaver Süssmayr.

Hay detractores de Currentzis, quienes se quejan por exagerar su impronta en las interpretaciones o por su ampulosa gestualidad en la dirección, tal y como pudo verse al finalizar la obra y permanecer casi un minuto agachado y sin moverse, alargando el silencio antes de los aplausos finales. Pero hay que confirmar que los que tuvimos el privilegio de asistir a esta velada, la recordaremos largo tiempo por su intensidad, profundidad y excelencia, iluminando de forma intensa una de las grandes obras del repertorio.

Cabe destacar también, y especialmente, la calidad y exquisitez del coro y de unos solistas poco conocidos, pero de indudable valía, especialmente el tenor de bello timbre Egor Semenkov y el destacado contratenor Andrey Nemzer. Al bajo Alexey Tikhomirov quizás le faltó un registro grave algo más profundo, pero fue de menos a más, consiguiendo una muy notable actuación, mientras que la soprano Elizaveta Sveshnikova, de brillante y cálido timbre, ofreció muy bellos momentos a pesar de alguna nota un punto calante a lo largo de su meritoria actuación.  * Fernando SANS RIVIÈRE, director de ÓPERA ACTUAL