Susanna eclipsa a Fígaro en la primera ópera americana

Santa Fe

13 / 08 / 2021 - Ken SMITH - Tiempo de lectura: 3 min

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nozze figaro santa fe / operaactual.com Una escena de la producción ideada por Laurent Pelly y dirigida por Laurie Feldman © Santa Fe Opera / Curtis BROWN
nozze figaro santa fe / operaactual.com Ying Fang (Susanna) y Megan Marino (Cherubino © Santa Fe Opera / Curtis BROWN
nozze figaro santa fe / operaactual.com Una escena de la producción ideada por Laurent Pelly y dirigida por Laurie Feldman © Santa Fe Opera / Curtis BROWN

Santa Fe Opera Festival

Mozart: LE NOZZE DI FIGARO

Nueva producción

Nicholas Brownlee, Ying Fang, Samuel Dale Johnson, Vanessa Vasquez, Megan Marino. Dirección musicalHarry Bicket. Dirección de escenaLaurie Feldman (Laurent Pelly). 3 de agosto de 2021.

Como la primera (y con una ejecución de 10 funciones, también la última) ópera en la temporada de regreso de la Ópera de Santa Fe, la nueva producción de la compañía de Le nozze di Figaro hizo todo lo posible para volver a la normalidad. Dicho esto, el espectro de la Covid-19 seguía omnipresente, particularmente en los nombres ausentes del montaje. Y es que ni el director de escena Laurent Pelly ni su equipo de diseño pudieron obtener visados para ingresar a Estados Unidos, dejando así la logística a su asistente Laurie Feldman. Asimismo, los protocolos anti-Covid también modificaron la experiencia para el público, con máscaras requeridas en la platea (aunque no en el escenario) y una silla vacía entre cada grupo de compra. Pero en marcado contraste con otros festivales estadounidenses, Le nozze se desarrolló en sus tres horas y media completas y mantuvo un intervalo.

El decoro pandémico parecía igualmente incrustado en la puesta en escena: el set de Chantal Thomas se centró en un plato giratorio con grandes engranajes de latón a los lados del escenario, una especie de mecanismo de relojería que recuerda tanto a la primera profesión del creador de la ópera, Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, que fue relojero, como el hecho de que la historia se desarrolla durante un período de 24 horas. De manera más práctica, el set giratorio ofrecía un flujo visual casi cinematográfico en un espacio por lo demás estrecho, lo que reducía la necesidad de que los cantantes interactuaran tan de cerca.

"Con una presencia dramática que superó en gran medida el tamaño de su voz, la soprano Ying Fang mezcló un fraseo impecable con una gracia lírica fácil, alcanzando su altura en el aria que se burla de Figaro desde la distancia"

No obstante, la música seguía siendo fiel a las necesidades escénicas de Mozart y Da Ponte. El director Harry Bicket ofreció una nitidez casi barroca en la sonoridad y el impulso que reflejaba las actuaciones en el escenario, donde las dimensiones psicológicas de la música y el texto a menudo se sacrificaban en favor de una sincronización cómica clara.

Nicholas Brownlee (reemplazando a Ashley Riches, quien tampoco pudo ingresar a los EE. UU.) Fue un Fígaro formidable tanto física como vocalmente, rápido para enojarse pero que conserva un nivel de dominio personal digno de un personaje principal. El Cherubino de Megan Marino fue una dosis persistente de energía, ya que la cantante maximizó el efecto de su pequeña estatura a través de los numerosos disfraces de su personaje. Consiguientemente, Brownlee llevando a hombros a Marino sin ningún signo de esfuerzo visible se convirtió en una broma mordaz recurrente. El Almaviva de Samuel Dale Johnson fue igualmente imponente, sobre todo en su escena en el Acto III, donde jura venganza después de descubrir los engaños de Fígaro, rematando así perfectamente su escena en el Acto I, en qué jura una venganza similar contra el Conde. La condesa de Vanessa Vasquez (su estado visiblemente embarazado lamentablemente ignorado tanto dramática como cómicamente) permaneció vacilante durante gran parte de la noche, floreciendo por primera vez en su dúo del tercer acto con Susanna.

Interactuar con Susanna, de hecho, resultó fundamental para cualquier éxito dramático en esta producción. Con una presencia dramática que superó en gran medida el tamaño de su voz, la soprano Ying Fang mezcló un fraseo impecable con una gracia lírica fácil, alcanzando su altura en el aria que se burla de Figaro desde la distancia, en el Acto IV. Seductora pero recatada, Fang era una fuente constante de reflexión para el mar de impulsividad que la rodeaba, sobre todo viniendo de su prometido. Por todos los derechos, la producción debería haber sido facturada como Le nozze de Susanna* Ken SMITH, corresponsal internacional de ÓPERA ACTUAL