Susona merece su espacio en el repertorio actual

Sevilla

15 / 03 / 2024 - Ismael G. CABRAL - Tiempo de lectura: 4 min

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susona sevilla El estreno de 'La bella Susona' de Alberto Carretero en Sevilla © Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO
susona sevilla El estreno de 'La bella Susona' de Alberto Carretero en Sevilla © Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO
susona sevilla El estreno de 'La bella Susona' de Alberto Carretero en Sevilla © Teatro de La Maestranza / Guillermo MENDO

Teatro de La Maestranza

Alberto Carretero: LA BELLA SUSONA

Estreno absoluto

Daisy Press, Luis Cansino, José Luis Sola, Federico Fiorio, Marina Pardo, Andrés Marino. Dirección de escena: Carlos Wagner. Dirección musical: Nacho de Paz. 13 de marzo de 2024.

La imagen final, con todo el elenco recibiendo los aplausos, era inédita y, por ello, largamente esperada. Fue el barítono Luis Cansino quien buscó a Alberto Carretero (1985) para que este saliera a escena. El compositor, pletórico, abrochaba con su gesto de agradecimiento el significado histórico de la noche. Era la primera vez que el Teatro de La Maestranza veía nacer una ópera que, para más trascendencia, resultaba ser un encargo propio. El acontecimiento, que no debería ser tal, se revestía además de una especial curiosidad local; la ópera La bella Susona (ver previa en este enlace) adopta y repiensa una leyenda, no especialmente divulgada, que forma parte del corazón histórico de la ciudad. Una historia que, más allá de su raigambre, puede volar fuera del teatro que ha propiciado su alumbramiento.

La bella Susona fue una judía sevillana del siglo XV —Susana Ben Susón— que traicionó a su padre desvelándole a su amado, un caballero cristiano, la existencia de un complot del que el padre era el principal instigador. Lo que deviene de todo ello es pasión y, por supuesto, sangre derramada en forma de honor y entrega. Se dirá que el argumento pertenece al pasado, de hecho a él se adhiere —con firmeza a la propia piel de Híspalis— pero el libretista Rafael Puerto ha esquematizado sabiamente la andanza para reducirla al nudo central buscando la intemporalidad y haciéndola fácilmente inteligible. No es, sin embargo, un texto sencillo de musicar, ya que alberga algunas redundancias que complican la vida del compositor actual –“Sevilla, Sevilla, Sevilla”— y esparce algún que otro ripio de excesivo afán trascendente: “Veo tu cara, rosa del alba. ¿Quién sabe si vivir es morir, mientras que morir, quizá, es vivir?”.

A Carretero le llegó en 2019 la historia de Susona inicialmente como obra concertante que, por azares del tiempo y anecdotario variado, fue creciendo hasta reconvertirse en una ópera de unos 90 minutos. Por el camino hasta su estreno se cruzó otro título de teatro musical, Renacer, en el que demostró que, hoy por hoy, su acercamiento a la voz resulta de un idiomatismo desacostumbrado. Ciñendo el asunto, La bella Susona es una ópera, quiere ser una ópera y asume sin titubeos muchas de sus convenciones. Es cierto que no es en lo vocal donde más brilla la partitura. Como también lo es que, la muy especializada en el repertorio actual, Daisy Press, hizo suya a la protagonista y cantó con exquisita atención al fraseo, buenos reguladores y una proyección que alcanzó momentos de imponencia. Altiva en la escena, la norteamericana también fue capaz de tornar su voz recogida y monacal cuando la situación así lo exigía. También cantó, y lo hizo en una forma bastante más lírica que el tan manido parlato, Luis Cansino como Aben Susón, al igual que una severísima Marina Pardo (Sor Gregoria). Muy bien también la voz bien centrada y tímbricamente hermosa de José Luis Sola como Guzmán.

"Daisy Press hizo suya a la protagonista y cantó con exquisita atención al fraseo, buenos regulares y una proyección que alcanzó momentos de imponencia"

Si Alberto Carretero no ha sido especialmente osado en el tratamiento vocal de sus personajes, sí que ha mostrado arrojo en la escritura orquestal, rica en técnicas extendidas y con un atmosférico empleo de las percusiones. No ha buscado radicalizar el relato de la condenada Susona con fáciles golpes de efecto, su partitura se desenvuelve de manera brumosa, pero con una refinada atención al detalle —encantatorio efecto el de las calimbas tañidas por varios profesores— y con una electrónica que hizo girar por el espacio ahondando aún más en el dibujo de un pasado tan oscuro como, paradójicamente, evocador. Antes que, tal vez, entregar otro eslabón más de la música sincrética y altamente terrosa que caracteriza parte de su catálogo más reciente, el compositor sevillano ha creado una imponente partitura que asume su papel de comentarista, de banda sonora de una acción pausada cuyos ecos amplifica con ejemplar delectación. La Sinfónica de Sevilla, desacostumbrada en estas lides, contó con uno de los mejores maestros posibles para ello, Nacho de Paz, quien demostró implicación y capacidad de concertación con él, en ocasiones y como se demostró en el estreno, difícil equilibrio entre orquesta, voces y electrónica.

Escénicamente, Carlos Wagner, en esta producción del Maestranza en colaboración con el Auditorio de Tenerife, resolvió con inteligencia y sentido muy cinematográfico una historia que tiende a la detención, que podría ser también cantata u oratorio. Sumió a los personajes en la oscuridad, los iluminó con proyecciones de gran impacto y jugó con una escena segmentada en dos mitades, una para el poder, otra para la humanidad. Faltó una presencia más macabra de la Parca, algo más de truculencia en una leyenda que no es precisamente ajena a ella, y seguramente con esto, también un vestuario más indefinido.  * Ismael G. CABRAL, corresponsal en Sevilla de ÓPERA ACTUAL