CRÍTICAS
NACIONAL
Sueños y amores juveniles con Manuel Walser
Madrid
Centro Nacional de Difusión Musical
Recital de MANUEL WALSER
XXIX Ciclo de 'Lied' del Teatro de La Zarzuela
Obras de Johannes Brahms, Sergei Rajmáninov y Richard Strauss. Alexander Fleischer, piano. 8 de mayo de 2023.
El barítono suizo Manuel Walser es un apasionado del Lied, y por fin ha debutado en el ciclo del CNDM en el Teatro de La Zarzuela. Se le esperaba con gran expectación en vista de sus anteriores recitales en el país. Para su presentación escogió un programa centrado en torno al amor y a la ensoñación amorosa, alternando canciones de tres autores que trataron el tema desde perspectivas muy diferentes.
De Brahms destacaron las canciones, en algún caso las baladas, que exaltan el amor esperanzado, o cumplido y feliz, y que alternan la serenidad, la ternura y la alegría, entreverados con algunas evocaciones más inquietantes, en algún caso casi fúnebres. En el caso de Rajmáninov, Walser combinó la teatralidad de inspiración belcantista, maravillosamente sentimental, con otra forma de sentimentalidad, más propiamente suya, hecha de armonías complejas y de recuerdos orientalizantes, un poco onírica a veces y de una emoción siempre a flor de piel. Con Richard Strauss el cantante se movió en un terreno bien distinto, aunque sin salirse del registro general del concierto, como ha sido la extrema sofisticación en el desarrollo de la melodía, en el color y las modulaciones.
Una selección inteligente que permitió a Walser profundizar en los infinitos matices de una temática amorosa que se inclinaba, más que a la tragedia y al espanto, a la ensoñación feliz, como el propio personaje del precioso “Liebeshymnus” –“Himno al amor”– de Strauss, que habla de sí mismo como de un “soñador feliz”. La voz del joven barítono se presta muy bien a un recital como este, de tono intimista: oscura, aterciopelada, bien timbrada, capaz de sostener filados interminables, cómoda en las medias voces y capaz de alcanzar la plena voz sin el menor problema. Alguna ligera descompensación en el registro agudo no empañó el conjunto: Walser, evidentemente, quiere humanizar las canciones y al personaje al que da vida, y para ello parece utilizar conscientemente las posibles irregularidades de la emisión.
De pronto, pareció que el recital se hubiera desarrollado en un registro un poco uniforme, como si Walser, a pesar de su inteligencia, su técnica y las posibilidades de su instrumento, no alcanzase aún a expresar todos los matices del material elegido. Fue una sensación engañosa, porque antes, durante más de una hora, se pudo apreciar cómo una voz joven va incorporando y modulando una gran variedad de sensaciones y estados de ánimo. El Lied requiere una considerable madurez artística, pero nunca viene mal que un cantante los interprete como son sus protagonistas: hipersensibles, claro está, pero también ingenuos y en busca de la felicidad. Por algo son jóvenes.
Como la materia poética de estas canciones reposa también en un piano que debe revelar el fondo de lo que está en juego, o sugerir con más precisión el deseo del protagonista, y a veces envolverlo y adornarlo con su vuelo amable y evocador, la velada requería un gran pianista. Alexandre Fleischer lo es, sin duda alguna, y en alguna ocasión, pareció comentar en tono casi humorístico los sueños y los amores del protagonista. Un gran debut rematado con dos propinas de Strauss que revelaron del barítono una forma de cantar bien distinta, de expresividad más extrovertida y teatral. * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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