Stravinsky y Ravel, ¡Oh… la lamentable aventura!

París

13 / 03 / 2024 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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ravel paris La producción de Guillaume Gallianne de 'L'heure espagnole' © Opéra Comique / Stefan BRION
ravel paris La producción de Guillaume Gallianne de 'L'heure espagnole' © Opéra Comique / Stefan BRION
stravinsky paris La producción de Guillaume Gallianne de 'Pulcinella' © Opéra Comique / Stefan BRION
stravinsky paris La producción de Guillaume Gallianne de 'Pulcinella' © Opéra Comique / Stefan BRION

Opéra Comique

Stravinsky. PULCINELLA / Ravel: L’HEURE ESPAGNOLE

Nueva producción

Camille Chopin, Abel Zamora, François Lis, Stéphanie d’Oustrac, Benoît Rameau, Philippe Talbot, Jean-Sébastien Bou, Nicolas Cavallier, Manon Verguez-Pascal. Orchestre Théâtre des Champs Elysées. Dirección musical: Louis Langrée. Dirección de escena: Guillaume Gallianne. 11 de marzo de 2024.

La Opéra Comique (ver reportaje Teatros del Mundo en este enlace) presentó estas dos obras que poca cosa más que la amistad y el mutuo respeto de sus autores reunía. La asimetría entre ambas es notoria y, sin embargo, la yuxtaposición de una y otra creó un crecendo dramático y musical de buena ley. Pulcinella, ballet cantado en un acto con seis bailarines y tres cantantes, obra nunca vista durante estos últimos decenios en París, trató con lirismo un tema sórdido a base de peleas entre chulos de barrio bajo. En un ambiente napolitano –el lugar se deduce por el canto del tenor (Abel Zamora), la soprano (Camille Chopin) y el bajo (François Lis)–, y en una coreografía de Clairemarie Osta, Pulcinella (Oscar Salomonsson), es decir Polichinela, por una cuestión de faldas (Manon Dubourdeaux, Anne Guillermin) debe simular su propia muerte con el fin de escapar a la venganza de dos individuos de mala calaña (Iván Delgado, Stoyan Zamarzlik) y seguir viviendo feliz con su antigua novia (Alice Revanand). Para ambientar la situación el compositor cambió su estilo habitual y parodió con gran respeto y no menor ciencia a uno de sus autores preferidos: Giovanni Battista Draghi (1710-1736) conocido por Pergolesi. El estilo barroco, olvidado desde más de cien años estaba de vuelta.

Los 50 minutos de duración del espectáculo pasaron en unos segundos. Tal fue la fluidez de los bailarines, sumergidos en el ambiente musical solo barroco por momentos –el Stravinsky conocido fue apareciendo en el foso– y napolitano, por los acentos ítalo–meridionales bien marcados de los cantantes.

Más de prisa pasó L’heure espagnole, obra también de 50 minutos de duración, aquí defendida por un equipo de cantantes que, por conocerse bien, dieron todo y más de lo que Guillaume Gallienne les pedía. La acción transcurrió en la escenografía de Sylvie Olivé ya vista en Pulcinella, que lo mismo podrían haber firmado Picasso o Braque (es un elogio), sin otro reloj que los dos que usaron como escondrijo los pretendientes de Concepción, y la trastienda en un piso muy elevado como para reforzar la sensación del esfuerzo del amable (y amante) Ramiro, el carretero.

Con voces algo cansadas, los dos pretendientes, Gonzalve (Benoît Rameau) y Don Íñigo (Nicolas Cavalier), el marido Torquemada (Philippe Talbot) y Ramiro el arriero (Jean–Sébastien Bou) giraron alrededor de Concepción (Stéphanie D’Oustrac) con humor y un sobresaliente dominio de las tablas, como lo fijaban los cánones y como exigía el director de escena. Todo aumentó en intensidad cuando D’Oustrac, en un sobresalto de indignación para consigo misma lanzó por tres veces la réplica “Oh!, la pitoyable aventure!” (“¡Oh… la lamentable aventura!”), con la que empezaba su célebre aria. A partir de su primer “Oh!”, largo y tendido como un pase al natural, redondo y brillante como el sol, y hasta la conclusión –la habanera que cerró plaza fue sensacional– los cantantes rejuvenecieron sus voces como por arte de magia y libraron un final de fiesta amable, desenfadado, paradigmático.

La Orquesta del Théâtre des Champs-Élysées, siguió fielmente las indicaciones de Louis Langrée, gran conocedor de las obras presentadas. El foso subrayó con eficacia los movimientos de los bailarines, respetó las intensidades de los cantantes y mantuvo la dinámica de las obras presentadas, obras dispares, sí, pero también bien enlazadas como viene dicho.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL