Stravinsky y la lengua de la piedra

Barcelona

14 / 11 / 2021 - Marcelo CERVELLÓ - Tiempo de lectura: 4 min

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oedipusrex-operaactual-liceu (2) Coro, orquesta y solistas al final del concierto © Gran Teatre del Liceu / David RUANO
oedipusrex-operaactual-liceu (2) Michael Spyres ante Albert Dohmen © Gran Teatre del Liceu / David RUANO

Gran Teatre del Liceu

Stravinsky: OEDIPUS REX

En versión de concierto

Michael Spyres, Ekaterina Gubanova, José Antonio López, Albert Dohmen, David Alegret. Dirección: Josep Pons. Narrador: Josep Maria Pou. 13 noviembre de 2021.

Cuando Igor Stravinsky decía del latín que “no se trata de una lengua muerta sino grabada en piedra” hacía, en realidad una declaración de principios. Su Oedipus rex, cuyo texto había hecho un curioso periplo pasando del griego de Sófocles al francés de Cocteau para terminar en la traducción al latín de esa última versión a cargo del abate Jean Daniélou, quedaba finalmente esculpido en una partitura dura por una vertiente y afectuosamente monumental por otra. La presencia de un narrador que daba un abanicazo de normalidad a la escucha al expresarse en el idioma del país abrocharía los detalles de la escucha.

Josep Pons, que había preludiado la sesión con la suite con temas de la straussiana Elektra hilvanados por Manfred Honeck, se empeñó en demostrar que su orquesta, la Simfònica del Liceu, está en un buen momento y a fe que lo consiguió, al frente de unos instrumentistas que ya no agobian en los pasajes en forte, ahora más consistentes y empastados, y de unos coros masculinos del Gran Teatre bien adiestrados por Pablo Assante, su nuevo director titular, firmando una brillante concertación de la obra stravinskyana.

"En el capítulo de solistas vocales destacó con fuerza el protagonismo de Michael Spyres por la autoridad en el fraseo, la limpieza en las escalas y la bravura tenoril"

En el capítulo de solistas vocales destacó con fuerza el protagonismo de Michael Spyres por la autoridad en el fraseo, la limpieza en las escalas y la bravura tenoril. Quienes siguen etiquetándole como baritenor deberían empezar a explicar qué es eso. Ekaterina Gubanova, que ya había hecho méritos aquí con Adalgisa de Norma, se mostró soberbia en su aria “Nonne erubescite reges” a pesar de la escasa proyección de su registro grave. Se distinguió también el barítono José Antonio López en dos papeles (Creón y Un mensajero) que hubieran quizá necesitado de un sótano más asentado. Otro tanto le ocurriría al veterano Albert Dohmen, ahora refugiado en papeles de bajo. En este Tirésias, por de pronto, se defendió muy bien, como lo haría David Alegret con el del Pastor con una vocalidad intachable. La sala hubiera admitido una mayor presencia de público, pero el que acudió a la cita aplaudió a rabiar.  * Marcelo CERVELLÓ, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL