Stradella resucita en la edición de Pascua del Festival Perelada

Peralada

30 / 03 / 2024 - Antoni COLOMER - Tiempo de lectura: 3 min

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San Giovanni Battista-operaactual-perelada Xavier Sabata como San Giovanni Battista © Toti FERRER
San Giovanni Battista-operaactual-perelada Dani Espasa y Vespres d'Arnadí © Toti FERRER
San Giovanni Battista-operaactual-perelada Giulia Semenzato © Toti FERRER
San Giovanni Battista-operaactual-perelada San Giovanni Battista en el Festival de Pascua de Perelada © Toti FERRER

Festival Perelada

Stradella: SAN GIOVANNI BATTISTA

Edición de Pascua. Concierto inaugural

Giulia Semenzato, Luigi De Donato, Xavier Sabata, Elena Copons y Juan Sancho. Vespres d’Arnadí. Dirección musical: Dani Espasa. Iglesia del Carmen, 28 de marzo de 2024.

En 1643, tras poner las bases del género operístico, moría en Venecia Claudio Monteverdi. Ese mismo año, pocos meses antes y en Bolonia, nacía Alessandro Stradella, compositor de carrera tan brillante como fugaz que, pese a su prematura y novelesca muerte, dejó un catálogo considerable en el que destacan los Concerti Grossi -junto a su coetáneo y amigo Arcangelo Corelli fue el impulsor de esta forma que derivaría en los conciertos concertantes que se desarrollarían durante el Clasicismo y el Romanticismo-, la ópera -escribió cinco o seis títulos- y el oratorio. La ópera, la primera mitad del siglo XVII, encontró su hábitat natural en la República Veneciana, donde se abrieron los primeros teatros comerciales como el San Cassiano y el Santi Giovanni e Paolo, en el que Monteverdi estrenó sus últimas óperas. El hedonismo liberal que presidía Venecia en aquel momento encontró su oposición, estética y política, en la Roma papal donde la ópera fue considerada un género inadecuado.

Pero las posibilidades artísticas y musicales del recitar cantando era tan evidentes que, de algún modo, debían encontrar acomodo en la música de la conservadora Roma. Un acomodo que surgiría a través del oratorio, que se desarrollaría a menudo de manera paralela al de la ópera especialmente durante la segunda mitad del siglo XVII. Es a ese período, el que va de la muerte de Monteverdi y la expansión internacional del género a través de su discípulo Cavalli hasta la instauración del aria da capo atribuida de manera un tanto aleatoria a Alessandro Scarlatti, donde hay que situar un oratorio como San Giovanni Battista, de Alessandro Stradella.

"Xavier Sabata es uno de esos escogidos cantantes que ostentan la capacidad de emocionar, de erizar la piel gracias a un 'legato' tan perfecto como expresivo"

Es interesante observar como en esta obra, que fue la escogida para inaugurar la segunda edición de Pascua del Festival Perelada, confluyen de manera evidente dos mundos: el de la fantasía veneciana y el de la progresiva normativización de la posterior escuela napolitana. Un proceso que se produjo ni más ni menos que en Roma y a través del oratorio. San Giovanni Battista, que fue estrenado en 1675 y que narra la tan conocida historia de Salome (aquí siempre bajo el apelativo de Erodiade la figlia) y San Juan Bautista, evidentemente bajo un prisma absolutamente opuesto al de Strauss en el que la perspectiva freudiana de este es substituida por la católica de Stradella y su libretista Ansaldo Ansaldi. Desde un punto de vista estrictamente musical, la primera parte del oratorio pertenece al universo veneciano; la libertad formal es apreciable, como lo es la presencia del espíritu madrigalístico y la organización a través del ritornello. En cambio, la segunda parte parece avistar el surgimiento del aria da capo que predominaría en la opera seria italiana hasta prácticamente finales del siglo XVIII.

Los integrantes del grupo Vespres d’Arnadí, bajo la dirección de su titular, Dani Espasa, parecieron sentirse más cómodos en la segunda parte de la obra, cuando su prestación y la de las voces solistas subió muchos enteros. En la primera, condicionados una vez más por la complicada acústica de la Iglesia del Carmen, el sonido pareció a menudo emborronado, especialmente en los primeros números. Le costó al bajo continuo acomodarse a la reverberación de la sala, pero progresivamente lo fue consiguiendo y de ahí que los resultados artísticos mejorasen exponencialmente. Ya el número final, con los cinco solistas en primer plano y Xavier Sabata en el centro del foco, marcó una línea de expresividad que no dejaría de aumentar hasta el final. Una segunda parte de gran nivel instrumental, con una dirección inspirada, que marca otro hito en la evolución del conjunto catalán tras la Giuditta de Alessandro Scarlatti del año pasado en este mismo escenario,

No cabe duda de que uno de los momentos estelares de la segunda parte y de toda la velada fue el aria “Io, per me” cantada por El Bautista; el timbre de la voz de Xavier Sabata puede no ser del gusto de todos y en la coloratura pierde cierta proyección, per a cambio ¡qué arte! Sabata es uno de esos escogidos cantantes que ostentan la capacidad de emocionar, de erizar la piel gracias a un legato tan perfecto como expresivo. El patetismo y el lirismo que aportó a este precioso pezzo musicale supone uno de esos momentos que un melómano atesora para siempre. Brillante también la soprano Giulia Semenzato como Erodiade la figlia, que fue creciendo hasta regalar una aria final, de una dificultad mayúscula, en la que exhibió capacidades técnicas de mucho respeto. Al dúo Sabata/Semenzato se unió el Erode del bajo Luigi De Donato, de timbre atractivo, poderosos graves y notable temperamento teatral. Completaron el reparto una impecable, tanto en lo musical como en lo vocal, Elena Copons en el rol de Erodiade y el tenor Juan Sancho como Consigliere, de voz adecuada e interesante, pero en esta ocasión con la cabeza demasiado metida en la partitura.

Un brillante concierto inaugural con una gran respuesta del público que llenó la enorme nave de la basílica. Un éxito que consolida la apuesta programática del certamen, cada vez más acertadamente centrada en el repertorio religioso. Parece la línea a seguir, la masiva asistencia a todos los conciertos así lo demuestra.*Antoni COLOMER, crítico de ÓPERA ACTUAL