Solistas de lujo para el Verdi más maduro

Roma

11 / 02 / 2022 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

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luisamiller-operaactual-roma (2) Una escena del montaje de Damiano Michieletto de 'Luisa Miller' © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
luisamiller-operaactual-roma (2) Roberta Mantegna (Luisa) y Amartuvshin Enkhbat (Miller) © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI
luisamiller-operaactual-roma (1) Una escena del montaje de Damiano Michieletto de 'Luisa Miller' © Opera di Roma / Fabrizio SANSONI

Teatro dell'Opera di Roma

Verdi: LUISA MILLER

Roberta Mantegna, Daniela Barcellona, Irene Savignano, Antonio Poli, Amartuvshin Enkhbat, Michele Pertusi, Marco Spotti, Rodrigo Ortiz. Dirección musical: Michele Mariotti. Dirección de escena: Damiano Michieletto. 8 de enero de 2022.

Luisa Miller, compuesta en 1849, es una ópera de transición en la que alternan las melodías arrebatadoras y los encendidos contrastes típicos del joven Verdi con las tintas más matizadas y una mayor profundización psicológica del compositor maduro. Michele Mariotti, con una dirección vigorosa y entusiasta pero también refinada y atenta a los detalles, consiguió dar continuidad a los momentos tan distintos expuestos por el compositor, desde un primer acto más bien convencional al muy dramático tercero. Obtuvo una respuesta magnífica por parte de orquesta y coro y puede asegurarse que su trabajo, tras cuatro años como director artístico de la Ópera de Roma, ha empezado con los mejores auspicios.

Roberta Mantegna fue una Luisa encantadora en sus dos primeras arias, tributarias aún del estilo melódico y florido del bel canto, pero su interpretación fue haciéndose cada vez más dramática y emocionante, expresando toda la parábola de sentimientos de la protagonista, desde la alegría inicial de la joven que se asoma a la vida y al amor hasta la trágica muerte, tanto la suya como la de su amado. Rodolfo era Antonio Poli, que, con la excepción de algunos agudos un poco forzados, se mostró casi perfecto en el papel a medio camino entre el tenor lírico y el dramático. Miller estuvo interpretado por Amartuvshin Enkhbat, cuya voz plena, timbrada y homogénea en todos los registros le convierten en uno de los mejores barítonos verdianos actuales. Todo el reparto, en realidad, era de un alto nivel. El Conde de Walter parecía aquí aún más detestable por la frialdad y la elegancia de que le revistió Michele Pertusi. La voz oscura y casi satánica de Marco Spotti sirvió perfectamente a la perfidia absoluta de Wurm. Daniela Barcellona fue una Federica de lujo y quedó también muy bien la joven Irene Savignano, que dio el adecuado relieve al breve rol de Laura.

"Miller estuvo interpretado por Amartuvshin Enkhbat, cuya voz plena, timbrada y homogénea en todos los registros le convierten en uno de los mejores barítonos verdianos actuales"

El montaje escénico era con algunas modificaciones el mismo que se presentó en Zúrich en 2010 por parte de Damiano Michieletto y su habitual equipo de colaboradores y que se vio también en Barcelona en 2019, un espectáculo mucho menos excéntrico y complicado de aquellos a que el regista veneciano tiene habituado al público y que recoge bien la tenebrosa atmósfera de esta ópera. En el centro de la escena y circundada por altos muros se alza una tarima giratoria en la que se hallan situadas dos camas y dos mesas que representan el suntuoso palacio del conde y la modesta casa de Miller, con lo que bastaba hacer girar la peana para pasar de un sitio a otro evitando así los numerosos cambios de decorado previstos por el libreto y que hubieran detenido la acción. El discurso resultaba muy dramático y teatral pero también natural y sencillo, pues la sencillez es el signo distintivo de Luisa Miller. Parecía sin embargo superflua la reiterada presencia en escena de dos niños que se suponen querían representar la vertiente infantil de Luisa y Rodolfo. El resultados podía ser incluso poético, pero ello no le libra de parecer un tanto fastidioso.  * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL