Sara Blanch deslumbra con Terradellas en la visita del Festival Perelada a la capital italiana

Roma

06 / 10 / 2025 - Mauro MARIANI - Tiempo de lectura: 3 min

Sara Blanch en el concierto del Festival Perelada en Roma con Vespres d'Arnadí © Massimo BARSOUM
Sara Blanch en el concierto del Festival Perelada en Roma © Massimo BARSOUM

Festival Perelada - Monasterio de Montserrat

TERRADELLAS EN LA CIUDAD ETERNA

40º aniversario del festival. Milenario del Monasterio

Sara Blanch, Juan Manuel Morales. Cantoria. Vespres d’Arnadí. Dirección: Dani Espasa. Iglesia de San Pietro in Montorio, 2 de octubre de 2025.

Para celebrar su cuadragésimo aniversario del Festival Perelada y el milenario del monasterio de Montserrat, el certamen ampurdanés se trasladó durante unos días a Roma llevando una serie de conciertos a las dos embajadas españolas: la de España en Italia y la de España ante la Santa Sede. Al dar la bienvenida al público, los organizadores del festival español mencionaron la posibilidad de dar continuidad a esta iniciativa, aunque añadieron que, por el momento, se trata solo de una idea y que no será fácil llevarla a cabo. Sería una valiosa ocasión de encuentro entre la música española e italiana, que durante siglos han mantenido estrechas relaciones, influyéndose mutuamente.

Uno de los conciertos que el festival ampurdanés presentó en Roma tuvo lugar en la iglesia de San Pietro in Montorio, anexa a la embajada de España en Italia y estuvo íntegramente dedicado a Domènec Terradellas, nacido en Barcelona en 1713, músico que llegó muy joven a Italia, estudió en Nápoles y luego se estableció en Roma, donde murió en 1751. Por su obra, se convirtió en un autor plenamente romano, hasta el punto de italianizar su nombre como Domenico Terradeglias, llegando a ser maestro de capilla en Santa Maria di Montserrato, la iglesia de la comunidad española en Roma, para la cual escribió mucha música sacra. También fue un apreciado compositor de ópera, pero desde hace casi tres siglos ha sido casi completamente olvidado, salvo mínimas exhumaciones. Podría pensarse que fue uno de los muchos cometas que en aquella época cruzaron fugazmente el firmamento musical sin dejar huella duradera, sin embargo, su música sorprendió y reveló una personalidad fuera de lo común.

"Sara Blanch interpretó esta aria tan compleja con una voz luminosa y ágil, con técnica y estilo impecables y, al mismo tiempo, con gran intensidad"

La obra más asombrosa de lo interpretado en el programa resultó ser A los dolores de María Santísima, compuesta en Roma no se sabe con qué motivo, aunque ciertamente no para un oficio litúrgico, ya que el texto está en español y no en latín. Se presenta como una gran escena de ópera, con un extenso y dramático recitativo seguido de un aria con una música de alta intensidad dramática, y ni siquiera en las óperas de aquellos años se encuentran escenas que expresen de forma tan directa, veraz y conmovedora el dolor y la desesperación de una madre que ve morir horriblemente a su hijo, sin poder hacer nada por ayudarlo. ¡Verdaderamente impresionante! La soprano Sara Blanch interpretó esta obra tan compleja con una voz luminosa y ágil, con técnica y estilo impecables y, al mismo tiempo, con gran intensidad dramática, expresando una emocionante gama de sentimientos: una interpretación absolutamente maravillosa que provocó una auténtica ovación del público.

La soprano catalana —muy conocida y apreciada en Italia, donde debutó siendo muy joven en el festival rossiniano de Pésaro— fue igualmente admirable en el Laudate pueri y el Dixit Dominus, dos composiciones que no son tan extraordinarias como el aria anterior, ya que deben respetar los cánones litúrgicos, pero se elevan muy por encima de la rutina de la música religiosa de la época. En el Laudate pueri, momentos grandiosos se alternan con otros llenos de alegría y de una vivacidad casi infantil, ya que se supone que los que alaban al Señor son los “pueri”, los niños. Esta pieza reserva al soprano un papel de notable dificultad. En el Dixit Dominus, la parte del soprano es menos protagonista, porque se le une otro solista —en este caso, un contratenor (en la época, seguramente dos castrati)— y el coro adquiere mayor protagonismo. La calidad del contratenor Juan Manuel Morales quedó patente al poder cantar de igual a igual junto a Blanch. Perfecto el grupo vocal Cantoria en los difíciles pasajes contrapuntísticos. La orquesta barroca Vespres d’Arnadí, dirigida por Dani Espasa, fue una revelación por la belleza del sonido, la absoluta precisión y la fidelidad estilística en una música que ya no pertenece al Barroco, pero tampoco plenamente al Clasicismo, y que combina rasgos de ambos estilos. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL

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