Sansón indignado (e indignante)

Estrasburgo

30 / 10 / 2020 - Francisco Javier CABRERA - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena del atrevido montaje de 'Samson et Dalila' © Opéra national du Rhin
Katarina Bradić, en escena y en pantalla a la vez © Opéra national du Rhin
Marie-Eve Signeyrole destacó por las proyecciones de su producción © Opéra national du Rhin

Opéra national du Rhin

Saint-Saëns: SAMSON ET DALILA

Nueva producción

Massimo Giordano, Katarina Bradić, Jean-Sébastien Bou, Patrick Bolleire, Wojtek Smilek, Damian Arnold, Néstor Galván, Damien Gastl. Dirección: Ariane Matiakh. Dirección de escena: Marie-Eve Signeyrole. 25 de octubre de 2020.

El mundillo de la ópera está invadido por gente que piensa que hay que reeducar al público. No pudiendo reescribir los libretos, se dedican a superponer incoherencias que modernizan la obra y supuestamente la acercan al público de hoy en día. No importa lo poco que esto guste al público. Parafraseando a la Ninotchka de Ernst Lubitsch, al final tendrán menos espectadores pero serán mejores.

"Sansón es un indignado con la cara pintada como el Joker de Batman y dirige a sus revolucionarias huestes desde una silla de ruedas"

Precisamente con un lenguaje muy cinematográfico la regista Marie-Eve Signeyrole quiso explicar que Sansón ni es un personaje bíblico con una fuerza extraordinaria ni Dalila le corta el pelo. Nada de eso: aquí Sansón es un indignado con la cara pintada como el Joker de Batman y dirige a sus revolucionarias huestes desde una silla de ruedas (su fuerza reside en su poder de persuasión…). Los filisteos (léase: los malos de la película) son los miembros del Partido Conservador, a los que los secuaces de Sansón hostigan de manera harto antidemocrática. De hecho, la historia no termina con el héroe bíblico recuperando su fuerza y derribando el templo de Dagón, no. La película que se montó la regista termina con los indignados, armados hasta los dientes, irrumpiendo en la fiesta de la victoria electoral del Partido Conservador para emplumar al candidato elegido por los ciudadanos. Democracia al más puro estilo soviético. Visto lo visto, la regista debería dedicarse exclusivamente al cine, puesto que las partes filmadas en riguroso directo fueron con diferencia lo mejor de su puesta en escena.

Los cantantes se adaptaron perfectamente al concepto de la regista pero menos a la partitura del compositor. Si Massimo Giordano cantó aquí un Werther poco idiomático pero aceptable hace un par de años, está claro que Sansón no es un papel para él: su voz lírica no tiene ni el empuje ni la stamina necesaria para sostener el fraseo heroico de su papel. Katarina Bradić tiene el physique du rôle, pero al igual que en el caso del tenor italiano, vocalmente no pudo con la exigente partitura de Dalila, pese a su bello timbre y a su excelente fraseo. Más adecuados estuvieron el Grand Prêtre de Jean-Sébastien Bou y el resto del plantel canoro. El coro, escondido en el gallinero, hizo lo que pudo para no perder la coordinación con la orquesta, dirigida por Ariane Matiakh, la cual dejó un mejor recuerdo en anteriores ocasiones en Estrasburgo.