Sangre y arena con Dido y Eneas

Lille

06 / 12 / 2021 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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didoeneas-operaactual-lille (1) Emöke Baráth y Marie Lys © Opéra de Lille / Frédéric IOVINO
didoeneas-operaactual-lille (1) Una escena del montaje de Franck Chartier y Peeping Tom © Opéra de Lille / Frédéric IOVINO
didoeneas-operaactual-lille (2) Jacques Imbrailo como Eneas y marinero © Opéra de Lille / Frédéric IOVINO

Opéra de Lille

Purcell: DIDO & ÆNEAS

Con intervenciones contemporáneas del compositor Atsushi Sakaï

Marie-Claude Chappuis, Jacques Imbrailo , Emöke Baráth, Marie Lys. Dirección musical: Emmanuelle Haïm. Dirección de escena: Franck Chartier / Peeping Tom. 3 de diciembre 2021.

Quien conocía el argumento de la ópera quedó boquiabierto viendo que la tragedia que se desarrollaba ante sus ojos era algo totalmente diferente. Frank Chartier y la compañía teatral Peeping Tom, juzgando que la obra de Purcell decepcionaría al público por ser breve y fácil de entender, decidieron alargarla y oscurecerla y pidieron a Atsushi Sakaï trocearla  y meterla en otra diferente de su propia cosecha. Para más inri, atribuyeron a cada cantante varios personajes y a cada rol varios intérpretes, ya fuera  un cantante o un bailarín. Resultó un galimatías en el cual nadie pudo entender nada de nada. No por ello hay que subestimar el trabajo de todos ni el valor global del espectáculo.

En el foso Emmanuelle Haïm y Atsushi Sakaï dirigieron, ella mayormente la música de Purcell, él la suya propia compuesta de acordes disonantes, notas desgranadas una por una y otras antiguas modernidades sonoras, muy eficaces en el contexto propuesto. Las intervenciones de Purcell de la mano firme y graciosa de la directora compensaban por algún tiempo la violencia en el escenario. Las sublimes intervenciones del coro vinieron todas y cada una de ellas a enriquecer la armonía del instante.

"Frank Chartier y la compañía teatral Peeping Tom, juzgando que la obra de Purcell decepcionaría al público por ser breve y fácil de entender, decidieron alargarla y oscurecerla"

Justine Bougeol situó la acción en una suntuosa mansión de la que mostró un inmenso dormitorio, lugar físico y mental de la vieja propietaria ersatz de la reina Dido. Fijado el lugar, en la puesta en escena y la coreografía, firmadas al alimón por Frank Chartier y Peeping Tom, se propusieron hasta cuatro o más acciones simultáneas que, convergentes o divergentes respecto del tema principal, acentuaban o distraían la atención del público incluso con algún rasgo de comicidad, reforzando o interfiriendo la continuidad de la trama principal, que no era aquí la de la pobre reina Dido, sino la de una rica propietaria. El enflaquecimiento de la mente de la mujer, supuestamente en una situación comparable a la de la antigua reina de Cartago, fue produciendo en paralelo una degradación escalofriante de la escenografía. Los momentos finales, fantasmagóricos, dantescos, mostraron ruina, desolación, violencia y muerte en un escenario invadido por las arenas de un desierto. El resultado fue sobrecogedor.

Jacques Imbrailo (Æneas, un marinero), Emöke Baráth (Belinda, Segunda bruja) y Marie Lys (Segunda dama, Primera bruja) cumplieron en sus difíciles cometidos. Salúdese en particular la intervención final de MarieClaude Chappuis (Dido, La Maga, un Espíritu) que dio la clave (“Como puedo vivir habiéndole perdido”) de la pesadilla revivida en la nueva historia por la mujer, a partir de la de la desgraciada reina del cuento original.

Los artistas de Peeping Tom aportaron un trabajo polifacético, extremadamente profesional, a la inesperada velada. El público, aun sin haber comprendido gran cosa, aplaudió a rabiar y con razón las emociones producidas por el trabajo de los directores, los artistas y los anónimos de la tramoya que habían realizado los impresionantes efectos escénicos. La inteligencia se eclipsó un instante para dar libre paso a la emoción.  * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en Francia de ÓPERA ACTUAL