San Valentín con Fígaro en el Met

Nueva York

20 / 02 / 2020 - Rebeca BLANCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Etienne Dupuis como Conde, Adam Plachetka como Figaro y Marianne Crebassa como Cherubino © The Metropolitan Opera / Marty SOHL
Adam Plachetka como Figaro y Hanna-Elisabeth Müller como Susanna © The Metropolitan Opera / Marty SOHL

The Metropolitan Opera

Mozart: LE NOZZE DI FIGARO

Adam Plachetka, Hanna-Elisabeth Müller, Maurizio Muraro, Mary Ann McCormick, Marianne Crebassa, Etienne Dupuis, Keith Jameson, Amanda Woodbury. Dirección: Cornelius Meister. Dirección de escena: Richard Eyre. 14 febrero de 2020.

Le nozze di Figaro es una comedia de enredos amorosos clásica que, sin embargo, está cargada de trasfondo social. Narra el complot de unos sirvientes para poder casarse pese a las tramas orquestadas por su señor, un aristócrata libertino que desea poseer a su sirvienta. Aunque Mozart nunca quiso utilizar su ópera con fines revolucionarios, sí utilizó la obra de Beaumarchais para reírse de la burguesía en un momento histórico clave, con la tensión creciente entre el pueblo y la aristocracia a punto de desembocar en la Revolución Francesa.

La reposición del Met de la producción de Richard Eyre se ambienta en la España de los años 1930, una época convulsa a nivel político y económico marcada por el rechazo y enfrentamiento entre las clases populares y las clases burguesas previa al advenimiento de la Segunda República. Los paralelismos entre esa época y la que vio nacer la obra de Mozart son evidentes, por ello, la elección de Eyre es todo un acierto. Sin embargo, la producción en general no resulta especialmente interesante, mucho menos que otras vistas en el mismo escenario. La escenografía deja el escenario algo vacío, es oscura y no termina de situar al público en la época que se pretende pese al maravilloso vestuario ideado por Rob Howell. Varios cilindros giratorios gigantes llenos de carpintería morisca hacen las veces de un castillo condal, algo que no tiene mucho que ver con los palacios y alcázares andaluces. Una mezcla entre años 30 y Edad Media que no acaba de ser realista y que encuentra más similitudes con la Inglaterra de la misma época.

"Hannah-Elisabeth Müller, de voz atractiva, sabe cantar con gusto; sus agudos fueron radiantes y muy bien emitidos. Etienne Dupuis, con su timbre luminoso y su dicción impecable, es un buen Conde sobre el escenario"

Cornelius Meister se ocupó de coordinar foso y escenario a pesar de que a veces se lo pusieran difícil. Manteniendo la continuidad musical consiguió hacer dinámico el espectáculo sin ofrecer al público muchas oportunidades para aplaudir, pero sin llegar a ser aburrido. Adam Plachetka como Figaro fue divertido a la vez que natural. Su voz clara, de agudos firmes y su facilidad cómica ,consiguieron una interpretación muy lograda del personaje. Hannah-Elisabeth Müller estuvo muy correcta también como Susanna. A pesar de falta de poderío en el registro medio al principio de la velada, fue ganando terreno poco a poco. De voz atractiva, la soprano alemana sabe cantar con gusto, sus agudos fueron radiantes y muy bien emitidos. Etienne Dupuis, con su timbre luminoso y su dicción impecable, es un buen Conde sobre el escenario, siendo este su rol mozartians más acertado entre los que es habitual. Amanda Woodbury, que sustituía a Anita Hartig en el papel de la Condesa, supo controlar perfectamente sus recursos y brindó una interpretación precisa, sin excesos dramáticos. Su voz de gran cuerpo en la zona media también goza de resonancia y amplitud en los agudos. Para terminar, Marianne Crebrassa, en su debut como Cherubino en el Met, interpretó a un enérgico y simpático adolescente. Aunque brillante vocalmente, su timbre pecó algunas veces de ser demasiado metálico. En definitiva, una noche correcta pero que no enamoró, incluso en la noche de San Valentín.